Aborto: interrogantes que merecen reflexión y respuesta

Tres interrogantes que merecen reflexión y respuesta: a) ¿Por qué la conciencia moderna occidental es más sensible a los p…

Tres interrogantes que merecen reflexión y respuesta: a) ¿Por qué la conciencia moderna occidental es más sensible a los presuntos derechos de la mujer a disponer de su cuerpo, hasta la muerte del ser humano engendrado como resultado de un acto sexual, que al derecho del engendrado de llegar a ser un niño, y la belleza y ternura de la luz ha sido vencida por el horror de abortar? b) ¿Por qué esto ocurre especialmente en el marco del estado del bienestar, que puede ayudar a la madre, particularmente cuando está sola o con pocos recursos, y cuando además hay una decadencia demográfica que hace necesarios más nacimientos para mantener la población en un nivel estable?, ¿por qué la cantidad de abortos es tan aterradoramente grande en España? Más de cien mil al año, muchísimo más que la diferencia entre nacimientos y defunciones. c) ¿Por qué una práctica propia de culturas precristianas, ilegalizada durante más de quince siglos y que rebrota el siglo XX, primero en la Unión Soviética y la China comunista, para forzar la incorporación de la mujer a la producción económica, y en el Japón derrotado y ocupado por los Estados Unidos a fin de controlar el crecimiento de la población (aunque seguía siendo ilegal en el país americano), ha acabado siendo entendida finalmente como un bien para la mujer? ¿Qué ha cambiado en nuestra civilización para que se produzca esta transformación?

En esta dinámica histórica, el aborto ha pasado de ser considerado un mal a representar un mal menor, a ser calificado como bien, y se configura como un "derecho". Pero, ¿por qué es un bien? Las razones para pensarlo pueden ser que, en algunas ocasiones, permite liberarse de cargas no deseadas, conservar empleos codiciados, progresar en la escala laboral, o acercar la situación de la mujer a la del hombre, tan desconsideradamente ajeno, bien a menudo, a estas preocupaciones. Es cierto que la Modernidad ha aportado entre sus ideales una autonomía crítica y responsable del individuo, pero las cifras de abortos que acabamos de mencionar no parecen hablar de responsabilidad ni espíritu crítico, sino revelar una muy considerable frivolidad en esta cuestión. Si alguien desea que su riesgo de atropellar a alguien sea cero simplemente no conduce, porque sabe que si lo hace hay una posibilidad de que suceda, y no le servirá de nada alegar que no deseaba hacerlo. Deberá asumir su responsabilidad. De ahí que, ante el embarazo, la mujer y el hombre tienen una disyuntiva semejante a la de que quien ha atropellado a alguien: huir o hacerse cargo de la víctima, como en los casos de un enfermo terminal, un anciano de noventa años o un discapacitado mental profundo. Cuanto más frágil sea la víctima, más clamara la sociedad para su atención, y no tendrá en cuenta su grado de desarrollo personal. En el aborto, esta regla humana parece detenerse. Es necesario preguntarse por qué.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>