Aborto: Lo políticamente correcto puede ser humana y políticamente cobarde

Amplios sectores políticos y sociales abortistas se han movilizado con radicalidad frente a la reforma de la Ley del Aborto que promueve el gob…

Amplios sectores políticos y sociales abortistas se han movilizado con radicalidad frente a la reforma de la Ley del Aborto que promueve el gobierno del Partido Popular. Ahí están núcleos feministas, los que hacen negocio con la “interrupción voluntaria del embarazo” y han hecho todas las trampas imaginables incluso a las leyes anteriores, dirigentes roji-verdi-ecologistas, un buen número de medios de comunicación, sectores anticatólicos que plantean el asunto como si el rechazo al aborto fuera sólo una posición de la Iglesia Católica o de los cristianos, así como organizaciones más o menos vinculadas a sectores de izquierda o a aquella derecha que, simplificando para entendernos, podríamos denominar “masónica”. Fuera del país han gestionado que personalidades y organismos internacionales se pronuncien contra dicho proyecto de ley sin importarles si ello implica una injerencia que rechazarían para cualquier menudencia.

El PSOE, principal partido de la oposición, ha anunciado que hará de la ley del aborto caballo fundamental de batalla, hasta el punto de que lucharán “casa por casa y calle por calle”, ha dicho alguno de sus dirigentes. Dejando de lado toda consideración moral, no deja de evidenciar una angustiosa falta de ideas en el partido, porque si éste es su eje central es obvio que los españoles no pueden esperar gran cosa de él en ningún aspecto para resolver sus problemas. Votar a un partido cuya mayor aportación es abortar significa dar el apoyo a la nada más rotunda. Y si además tal partido atraviesa una crisis interna de caballo y su aportación programática fundamental es esto, vale la pena que hasta sus militantes se lo piensen antes de seguir ahí.

Pero más importante que lo que hagan los que rechazan tal proyecto de ley desde la oposición, lo que en buena parte era ya previsible aunque quizás no todos con tanta virulencia, es la propia fragilidad interna del Partido Popular y la tibieza de amplios sectores de la sociedad española, que no apoyan al aborto, pero adoptan una actitud de indiferencia.

El Partido Popular tiene el virus dentro. Hasta en esto pierde una fuerza moral que permitiría identificarlo positivamente. Además, Rajoy, obsesionado por la economía, orilló todo lo demás de su propio programa electoral y cometió el inmenso error de no plantear la reforma de la ley del aborto cuando acababa de llegar a la Moncloa, con toda la fuerza de una mayoría absoluta recién conseguida, con una oposición desarbolada y perpleja y sin el desgaste que arrastra en estos dos años de gobierno.

El asunto del aborto sólo cabe plantearlo desde su misma esencia. La ley del aborto no es una ley cualquiera. Que exista una ley sobre el aborto aunque sea restrictiva ya demuestra por sí mismo una sociedad moralmente dañada. En una ley sobre ello no se plantea una distribución territorial, o la aplicación de un impuesto u otro, o una regulación de horarios comerciales, sin que todo ello carezca de importancia. Se juega con vidas humanas. Sí, ¡vidas humanas!

Esto, las vidas humanas reales, no puede quedar nunca oculto. El debate jurídico y político enmascara la realidad principal. Caer en ellos o en su casuística es hundirse en un hoyo sin salida.

Por ello hay que ir al centro del asunto. Bien hacen algunas organizaciones en difundir videos de cómo son troceados los fetos, y lo que sufren.

Algunas personas, en base a una supuesta posición de tolerancia, adoptan posiciones muy eclécticas: yo no aborto, pero dejo estar; no me meto;… En temas como éste, lo políticamente correcto es en realidad política y humanamente cobarde. La supuesta tolerancia esconde poquedad, bajeza de ánimo, falta de principios firmes. Tal “neutralidad” puede ser válida para otros asuntos, pero no para éste.

Por ello quienes defendemos la vida nunca podemos renunciar a eliminar el aborto. Otra cosa es que, ante las circunstancias del momento, podamos luchar para reducirlo sin que se elimine del todo, sabiendo que es un paso adelante. Este proyecto de ley es un paso. Insuficiente, pero va en buena dirección.

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