Abuelos inmortales

En muchos hogares de muchas familias de hoy se podría poner, en el umbral de la puerta, un letrero con las palabras que encabezan este escrito….

En muchos hogares de muchas familias de hoy se podría poner, en el umbral de la puerta, un letrero con las palabras que encabezan este escrito.

En estos momentos, muy difíciles para tanta gente, en los que un número importante de jóvenes están sin trabajo y necesitan ayudas de donde las haya, sale una ley que dice: los que tengan padres o abuelos que les puedan ayudar ¡no recibirán la ayuda de la sociedad! Y se levanta un clamor de reivindicaciones para rebatir estas medidas del legislador…

Los abuelos ni sabemos lo suficiente ni tenemos todos los datos en la mano que nos permitan hacer ningún tipo de juicio. Lo único que pretendemos es rendir un homenaje a las abuelas y los abuelos que, olvidándose de sí mismos, hacen muchos esfuerzos para ayudar y sostener a las familias de algunos de sus hijos en todo lo que necesitan y hasta donde ellos pueden.

Sería bueno que todos los estamentos de nuestra sociedad fueran conscientes de cómo deberíamos agradecer, a todos estos abuelos, de una manera solemne y manifiesta, toda la serie de servicios que hacen a los de su casa.

Los abuelos –y, sobre todo, las abuelas– al margen de leyes y normas de tipo socio-político, llevan a cabo, desde siempre, una tarea de apoyo a la familia, que ahora, coyunturalmente, adquiere una importancia capital. ¿Cómo lo harían muchos hijos si no tuvieran detrás a sus padres? ¿Qué comerían muchos nietos si la abuela no tuviera la previsión de tener siempre a mano –bien guardadas en la despensa o en el frigorífico– aquellas cosas que sabe que les gustan? ¿Cómo se manejarían muchos matrimonios sin este apoyo de los abuelos? La Felisa -una abuela que conozco muy bien y que es de esas que están siempre al acecho- piensa, y me parece que tiene toda la razón, que este apoyo ha evitado y evita muchas roturas.

La sociedad, al margen del legislador –que es un ente frío e impersonal aunque esté formado por personas, padres y abuelos, también, pero que no se detiene a contemplar los problemas de cada familia– debería ser consciente de la necesidad de rendir un homenaje de agradecimiento a tantas familias –a tantos abuelos y a tantos padres– por la gran cantidad de servicios que ha recibido, está recibiendo y recibirá de todos ellos.

*Glosa sobre un artículo de Marcel·lí Bosch aparecido en el Diari de Terrassa en la sección Retalls de la vida de cada día.

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