Aceptar el poder constituido‘, por Andrés Martínez Esteban

Esta obra trata del “ralliement” español. La Francia católica sufrió un trauma brutal cuando la política de la Santa Sede obligó al “ralliement”, esto…

Esta obra trata del “ralliement” español. La Francia católica sufrió un trauma brutal cuando la política de la Santa Sede obligó al “ralliement”, esto es, que los católicos franceses se reconciliasen con la República anticlerical heredera de la Revolución francesa. El catolicismo antirrevolucionario, esencialmente monárquico, veía como era desplazado –deslegitimado- frente a un catolicismo de consenso y pacto con sus enemigos.
 
La Santa Sede apostó más por el catolicismo social de los Ozanam que no por la defensa de una monarquía católica. Con los años se demostró que la tesis del “ralliement” sólo trajo desgracias al catolicismo francés: la secularización imparable, la extensión del catolicismo liberal, el abrir las puestas a la degeneración ideológica con las tesis del socialismo cristiano, etcétera.
 
Ello no quita, que la mayoría de intelectuales católicos actuales defiendan que ese era el camino correcto. España tuvo su particular “ralliement” con la restauración borbónica tras la Primera República. El estudio de esta época ha tenido sólidas investigaciones en las obras de José Andrés-Gallego, Vicente Cárcel Ortí o Cuenca Toribio. La actual obra de Andrés Martínez, pretende seguir esos paso y mantener el listón bien alto.
 
La restauración borbónica supuso dotar a España de una Constitución que asumía los principios liberales. Las masas carlistas, que habían luchado contra esos principios, se veían traicionadas. Una mayoría de católicos se veían abocados a que la única forma de participación política era la aceptación de un marco constitucional que iba contra su conciencia. Posteriormente las masas integristas escindidas del carlismo, y dirigidas por Nocedal, se encontrarían en la misma tesitura. Así, el cuerpo católico español se encontró escindido entre los partidarios de aceptar un régimen y sus detractores.
 
Paradójicamente, podían participar en política aquellos que traicionaban la conciencia católica. Y los que querían ser fieles a la doctrina eclesial no podían participar en política, viendo como su situación de desventaja propiciaría la secularización. Este fue el drama de los católicos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
 
Para colmo, desde la Santa Sede, personajes como el Cardenal Rampolla fueron los artífices de que los católicos carlistas e integristas tuvieran que someterse a las nuevas tesis. No olvidemos que Rampolla, con los años, se desveló como el Cardenal masón vetado por Austria para acceder al Solio Pontificio.
 
Uno de los avatares de aquellos tiempos menos conocidos, pero no por ellos fundamentales, fueron las consecuencias prácticas de aquellas políticas. Si nos ceñimos por ejemplo al caso de Cataluña, encontraremos situaciones verdaderamente paradójicas.
 
El catolicismo catalán se encontró que tenía que aunar a integristas (liderados por Sardà i Salvany), carlistas y “mestisos” (los que aceptaban la restauración borbónica y que, curiosamente, acabaron siendo catalanistas). En el orden práctico, por ejemplo, el Arzobispado de Barcelona había conseguido una unidad de acción entre las diferentes corrientes católicas.
 
Pero con el tiempo, las desavenencias llevaron a que los sectores más catalanistas (liderados por Torras i Bages) acabaran aceptando las tesis de la Unión Católica de Pidal. Esto es, el proyecto liberal de “domar” a los católicos y obligarles a participar en política. La paradoja reside en que los catalanistas aceptaron las tesis venidas de Madrid, mientras que carlistas e integristas se vieron totalmente desplazados.
 
Lo que aconteció en aquel periodo fue esencial en el desarrollo posterior de la historia de España. Nuevamente, a modo de ejemplo, vemos como las tesis de los “mestisos” evolucionaron hasta ver normal la constitución de Solidaritat Catalana. Este partido impulsado por los católicos de la Lliga regionalista, aunó no sólo a católicos sino a republicanos anticlericales. El resultado acabó siendo catastrófico para el catolicismo catalán, ya que las contradicciones hundieron las tesis del catalanismo católico, para dejar paso al catalanismo revolucionario de la Esquerra Republicana de Catalunya, y la posterior persecución religiosa.
 
Prueba de la importancia de aquellos años, es que el autor, inicia su introducción con la tesitura que se encontró la Iglesia del Cardenal Tarancón con la muerte de Franco. En cierta medida, el catolicismo español, ante la Constitución del 78 se encontraba en una situación análoga a la de la Restauración de finales del XIX.
 
La diferencia es que en aquel entonces los partidarios del “Relliement” eran minoría, pero influyentes y frente a ellos se encontraron las masas carlistas e integristas.  En cambio, en la transición, esas masas habían dejado de existir y los líderes del catolicismo se lanzaron a aceptar las tesis “mestizas”. Quizá la galopante secularización se pueda explicar desde estos parámetros.
 
Aunque el autor del libro se manifiesta favorable a las tesis del consenso y pragmatismo de los católicos liberales, creemos que es necesaria esta revisión histórica para saber dónde estamos.
 
 
Aceptar el poder constituido.
Los católicos españoles y la Santa Sede en la restauración (1890-1914)

Andrés Martínez Esteban.
Facultad de Teología san Dámaso
Madrid, 2006,
772 págs.
 
Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>