¿Aceptará Occidente en el futuro televisar luchas a muerte y usar seres humanos de repuesto?

Publicamos un fragmento de la novela de ciencia-ficción y teología"Cyclus Apocalypticus", de José A. Fortea. Sól…

Publicamos un fragmento de la novela de ciencia-ficción y teología"Cyclus Apocalypticus", de José A. Fortea. Sólo hemos añadido algunos titulitos en negrita para facilitar la lectura en pantalla. Se trata delcapítulo XI de la novela. Estamos en el año 2207. Europa y Estados Unidos tienen una sociedady un régimenque parecen una mezcla entre el antiguo Imperio Romano y el Tercer Reich germánico. ¿Cómo se ha llegado a esa situación? Al leer este capítulo de una obra de ficción, el lector piensa: ¿es tan difícil que esto nos suceda a nosotros?
***
En un aula de la Universidad Central de Sudáfrica, un canoso profesor subió la tarima y se sentó a su mesa.

-Estimados alumnos, la clase de hoy no se articula de un modo sistemático, sino que es el análisis de unos cuantos aspectos so­ciológicos que reflejan el cambio que ha experimentado la men­talidad de la población en la época que va desde la segunda mitad del siglo xx hasta nuestros días. Ése es el tema de nuestro análi­sis y ésa, la materia que vamos a tocar en la clase de hoy. Si se fi­jan en el programa, este tema se inscribe en el punto quinto. Co­mencemos.

»La cuestión es: ¿cómo una Europa que era a finales del sigloXX un adalid del respeto a los derechos humanos ha pasado a tener un Circo Máximo? ¿Cómo una Europa que era un bastión de la de­mocracia ha pasado a tener un sistema que, aunque democrático en teoría, es en la práctica un sistema monárquico, un modo de go­bierno que es el del principatus romano? Entiendan aquí la pala­bra monarquía en su sentido aristotélico: el poder de uno. ¿Cómo de la polémica bioética hemos pasado a aceptar la legislación so­bre los hombres clónicos en estado vegetativo? -El viejo profesor levantó sus pobladas cejas tratando de dar énfasis a lo que decía, pero su tono de voz era tan mecánico y aburrido como si estuviera explicando una clase acerca de triángulos isósceles-. Voy a tratar de dar algunas respuestas.

»En Europa, a finales del siglo veinte, casi ningún país tenía en sus legislaciones la pena capital. ¡En Europa Occidental, desde luego ninguno! El rechazo social a la muerte impartida por el Es­tado era casi unánime. Sin embargo, observamos que en aquella época, en televisión, la violencia y el derramamiento de sangre iban en aumento día a día. La gente, la juventud, ¡demandaba espec­táculos más fuertes! Para lograr audiencia debían ofrecer cada vez un plato más impresionante. Era evidente que no sólo exis­tía una demanda social por este tipo de cosas, sino que la capa­cidad de tolerancia hacia esas imágenes iba aumentando.

La pena de muerte como espectáculo

»En Estados Unidos sí que había pena capital, y nos encontra­mos con que en el año 2089 el estado de Alabama decide retrans­mitir por televisión las ejecuciones como medio disuasorio del crimen. Como es lógico, hubo muchas protestas, declaraciones y bla, bla, bla. Pero treinta años después todas las ejecuciones de todos los estados eran retransmitidas. Y con gran éxito de audien­cia. La muerte en directo provocaba un gran morbo. Un morbo justificado por el carácter vindicador, edificante, ejemplificante de aquellas ejecuciones.

Por otra parte, la pena capital, en Estados Unidos y en todos sitios, siempre se había impartido de modo público hasta el siglo XIX. ¿Es que la aplicación de la justicia es algo vergonzante que deba hacerse en secreto, como si hiciéramos algo malo?, reclamaban los defensores de esta línea dura. Las ejecuciones públicas se realizaban en Estados U nidos, pero una persona, vía satélite, podía visionarias desde cualquier parte del mundo.

Mientras tanto, la violencia callejera y sobre todo los crímenes sádicos logran, al cabo de un debate que duró medio siglo, que la pena de muerte vaya reintroduciéndose en Europa poco a poco. En el año 2100, la pena capital era ya algo usual y admitido por todos. En el fondo, las masas de votantes, cuando el índi­ce de seguridad ciudadana desciende, piden mano dura. Y si desciende mucho, piden más mano dura. Y los gobernantes al final les dan a los votantes lo que éstos les exigen.

Otro paso más: los combates a muerte

Este cambio de men­talidad se aceleró todavía más cuando tres países pequeños y no pertenecientes ni a la Confederación ni a la República Europea, tres países de África, comienzan a ofrecer a sus condenados a muerte una alternativa: luchas gladiatorias de dos en dos; al que sobrevivía se le indultaba la pena. ¿Qué harían ustedes si se les ofrece elegir entre morir con una inyección letal, ahorcado o fusi­lado; o enfrentarse con una espada con otro condenado a muerte y si sobrevive queda libre? Naturalmente todos escogieron lo que se llamó jurídicamente la Redemptio Gladiatoria.

Aquellos com­bates que sucedían en el corazón de África se retransmitieron en directo por las televisiones de todo el mundo. Y eso todas las se­manas. Al principio, se hizo un boicot por parte de las empresas que gestionaban la retrasmisión por satélite pero, al final, el boi­cot tuvo fisuras y con el tiempo todo el mundo que quiso pudo ver esos combates. Esos programas de combates fueron la causa más importante del cambio sociológico europeo en relación con el asun­to que nos ocupa.

»Al cabo de dos generaciones, el europeo medio era un defen­sor de los derechos, ¡pero de los derechos humanos de los ciuda­danos libres!, no de los ciudadanos presos por crímenes graves. "Sujeto de derechos a no ser que se haga merecedor de per­derlos", rezaba la nueva doctrina jurídica. Como es lógico, de ver esos espectáculos en televisión a tenerlos en vivo en suelo pa­trio no fue preciso más que el transcurso de una generación.

Y así Occidente pasó de tener tatarabuelos abolicionistas de la pena de muerte a contar con retataranietos forofos del Circo Máximo, don­de se concentran todas las ejecuciones del Viejo Continente. Todo el proceso, como ven, en unas seis generaciones.

De la democracia a la tiranía

»La siguiente cuestión: ¿cómo se pasa de la antigua Comuni­dad Europea, un gran Estado federal democrático, a un sistema que es, en la práctica, imperial? Siempre habrán tenido curiosidad, al ver las noticias, por saber por qué todos los senadores y empe­radores son descendientes de alemanes.

»Europa tenía una larga tradición como democracia federal, su nombre era Comunidad Europea. Duró mucho tiempo y de modo eficaz ese Estado federal. Sin embargo, a mediados del siglo XXI cayó durante una década en la anarquía. Hubo varios cracs econó­micos y el continente se sumió en continuas revoluciones. Todas ellas de carácter nada democrático.

Finalmente, fueron los gran­des empresarios los que formaron ejércitos que pusieron orden, primero en Alemania y después, lentamente, en el resto del con­tinente. Esos empresarios con el tiempo se constituyeron en ver­daderas dinastías, y entre esos, vamos a llamados, nobles descollóuno que finalmente fue lo que hemos dado en llamar, popular­mente, el emperador. Lo que hoy llamamos emperador no es otra cosa que el final de un proceso de concentración de poder.

Toda etapa de anarquía provoca una feudalización. Y toda feudalización acaba entrando con el tiempo en un proceso de centralización. Ale­mania era la nación más rica y la más idealista, sólo ella pudo ha­cer lo que hizo: poner orden en el continente europeo. Cuando los alemanes entraron en Roma después de cuarenta años de saqueos y huida de sus habitantes, sólo quedaban ciento cincuenta mil romanos con residencia permanente. Ellos volvieron a fundar la ciudad con colonos alemanes y en la actualidad es una ciudad en­teramente germánica; bueno…, actualmente es cosmopolita, pero germánica en su cúpula gobernante. Yo soy sueco y, sin embargo, tengo que admitir que los demás países desempeñamos un papel bastante malo; sólo ellos fueron capaces de poner orden, de im­ponerlo.

»Lo que no lograron fue imponer en el continente su idioma. El idioma común siguió siendo el mundial, el inglés. Incluso el nombre oficial del Estado lo tenía en inglés: The Senate and the People of Europe, SPOE.

»¿Qué piensa la población acerca del sistema político? Pues piensa que el Estado es como una gran empresa, que los que gobier­nan tienen que ser técnicos. Si en 1968 los jóvenes exaltados de­cían «la imaginación al poder», ahora el típico europeo de clase media dice «la tecnocracia al poder». El mensaje a los gobernan­tes es claro: no queremos experimenros. Hagan que la economía vaya bien, hagan que vayamos seguros por la calle, hagan que vi­vamos mejor, dennos libertad en todo, y por lo demás nos im­porta un bledo quién esté al mando de la burocracia.

Es cierto que un presidente durante cinco años puede hacer proyectos y po­líticas mucho menos ambiciosos que un cónsul máximo durante varios decenios. También es cierto que en SPOE ha habido total libertad para salir, entrar, decir lo que se quisiera, y hacer cual­quier cosa. Pero la magistratura máxima era y es una cuestión del aparato del Estado.

»Como comprenderán, no se ha llegado a esta situación en un día. Al principio, el presidente de la República Europea, que allí se llama cónsul, tenía un mandato por cinco años. Después fue acu­mulando poder; finalmente, en una situación de excepción, logró un aplazamiento indefinido. Y así ya tenemos un cónsul permanente elegido por el Senado.

El Senado era escogido por el pue­blo. Después unos cuantos miembros fueron designados por el presidente. Luego más miembros. Al final todos los escaños eran elegidos por el cónsul permanente. Como ven, en política casi to­dos los cambios se dan como en la naturaleza: poco a poco.

Cultivando seres humanos de repuesto

»Lo mismo ocurrió con las cuestiones bioéticas. Primero suce­dió que en una pequeña isla de Oceanía un poderoso grupo de em­presas creó una clínica de alta tecnología y experimentación. Esa clínica, en un minúsculo país pobre sin legislación bioética, tenía las manos libres. Al cabo de veinte años comienzan a clonar seres humanos para extraerles los órganos y trasplantarlos a enfermos.

La clínica afirma que esos seres humanos clónicos no son en rea­lidad seres humanos, ya que antes de que nazcan se les inutiliza el cerebro. Si era lícito abortados, por qué no podía ser lícito inuti­lizar un pequeño órgano para así hacer el bien con el resto del cuer­po. En el fondo, aquello era el arte de cultivar cuerpos. Cuerpos sin pensamiento, sin dolor, ni percepciones. Aquellos gerentes de la clínica repetirán una y otra vez que esos cuerpos poseían única­mente vida vegetal.

»Imagínese que usted -el profesor señaló a un alumno- es un millonario atiborrado de dinero, que cuando llega a la senec­tud le dice su médico que le queda un año de vida, salvo que logre un trasplante de corazón, riñones, hígado o lo que sea. ¡Usted pa­gará cualquier cantidad por lograr vivir al menos diez o veinte años más!, ¡irá a donde sea! ¿Me equivoco?

Y eso fue lo que sucedió. Mi­les de millonarios iban allí todos los años a hacerse los trasplantes de órganos. Hubo una gran polémica internacional. Pero, al final, hasta los mismos políticos que públicamente atacaban la existencia de esa clínica acababan sus días requiriendo sus servicios. Porque cuando un hombre va a morir hace lo que sea.

»Claro que cuando digo la clínica en realidad estoy refiriéndo­me a un complejo en el que trabajaban y vivían veinte mil perso­nas. La clínica generó tales ganancias que dominó por entero la economía de aquel pequeño país insular y agrícola en que se ha­bía establecido. Treinta años después, las elites gobernantes dije­ron que había que dejarse de hipocresías y que podían colocar esas clínicas en Occidente. Primero fue una nación, después otra, al fi­nal todas. En esto, como en todo, el tiempo obra milagros.

»Así, actualmente, nos encontramos con clínicas con corredo­res de cientos de camas, inacabables pasillos. En cada cama, un ser humano clonado cuyo cerebro está inutilizado. Un cuerpo al que se alimenta por vía intravenosa. Vida vegetal, dicen. Electroence­falograma plano.

Cada cuerpo va creciendo años y años en la ca­milla. Poco a poco se le van sacando los órganos. y, por supuesto, la sangre todas las semanas. Primero se extraen los órganos no nece­sarios para la vida del clonado en coma. Por ejemplo, los ojos, des­pués los riñones y se le mantiene con diálisis, finalmente aquellos órganos tras cuya extracción no se le pueda mantener con vida.

Éti­camente, los que están a favor de este tipo de clínicas se defienden con un argumento que parece lógico: si abortar un niño es per­fectamente legal, ¿qué problema hay en diferir un poco su muer­te si así podemos con sus órganos ayudar a otro ser humano? Al niño no vamos a hacerle más mal y, sin embargo, alguien, varios, van a beneficiarse de esa muerte. Pues bien, al fin y al cabo, esto no es otra cosa que un aborto diferido. A nadie hacemos sufrir, por­que su vida es completamente vegetal, no tiene actividad cerebral.

Nadie sufre en el proceso y, sin embargo, la vida de algún anciano se prolongará más. Además, las leyes que aprobaron estas prácti­cas se legislaron con la pretensión de acabar con las redes mafiosas del comercio de órganos, que mataban a cientos de seres huma­nos del tercer mundo hasta que apareció este famoso hospital, origen del mayor giro bioético de la historia.

Pocos matrimonios, hijos de encargo en madres de alquiler

»La última cuestión es el cambio que ha sufrido el matrimo­nio en los últimos sesenta años. La mujer que trabaja en altos pues­tos de dirección de empresas o de investigación no desea que su ca­rrera se interrumpa varios meses a consecuencia de un embarazo.

Así que un cuarenta y ocho por ciento de la población del Imperio usa el sistema de reproducción asistida popularmente conocido como pick him up. El marido deposita en una clínica reproductora sus espermatozoides y a la mujer el ginecólogo le extrae durante unos determinados ciclos unos cuantos óvulos. Cuando la pareja decide tener un niño, la clínica fecunda un óvulo y lo implanta en una madre de alquiler. Desde hace tiempo, éste ha sido un traba­jo fácil y bien remunerado para todas las chicas pobres de Europa.

Una vez ha dado a luz al niño, se entrega el bebé a sus padres. Siem­pre que deseen tener otro hijo sólo deben telefonear a la clínica y dar su número de clave, ya tienen criogenizados los óvulos. Al cabo de nueve meses, su verdadero hijo carnal, con su cara, sus ojos y su naricita, le será entregado en casa. Para qué pasar por el embara­zo si tienes dinero para no hacerlo. Es una tontería. Es tu verda­dero hijo, sin baja laboral y sin parto.

»Sólo un treinta y dos por ciento de la población adulta ha con­traído los lazos jurídicos del matrimonio o convive con una pare­ja. Hay, además, un treinta y nueve por ciento que vive ajena a cualquier tipo de vida de pareja estable. Esos hombres y mujeres que optan por una vida monofamiliar, la mayoría deciden, sobre todo al llegar a los cincuenta años, tener un hijo o varios. ¿Y qué método eligen? Pues, como pueden imaginar, el que les he expli­cado.

Conocí en París a una mujer rusa que a sus cincuenta y ocho años había tenido ya ochenta y cinco hijos. Como comprenderán, ya que pasan por el trance de la gestación y el parto, los embara­zos son siempre múltiples. Se les implantan dos óvulos fecunda­dos. Así cada nueve meses pueden tener dos hijos. Aquella mujer tuvo una gestación por año. Eso no es del todo infrecuente en las chicas con más necesidades económicas, su trabajo es tener un par­to al año.

»El resultado es que con este sistema cualquier soltero o sol­tera puede tener un hijo cuando quiera. En los catálogos de los hospitales llega la mujer soltera y mira las fotos de todos los po­sibles padres de los que tienen esperma congelado. Se puede es­coger tipo de piel, color de ojos, altura. Todo ello sin necesidad de la más mínima manipulación genética. Hubo un ejecutivo solitario que tuvo sesenta hijos mediante este sistema. Y hubo otro famoso empresario que se antojó en tener siete hijos clona­dos perfectamente iguales. Al fin y al cabo la ley permitía este ca­pricho.

El profesor detuvo la explicación, puesto que poco a poco co­menzó a percibirse un murmullo que provenía del exterior del edificio. El murmullo se hizo cada vez mayor. El profesor se le­vantó de su silla. Un alumno se acercó a la ventana a mirar, des­pués gritó: ¡Son los eremitantes!

Todos los alumnos corrieron a las ventanas a mirar. El edificio de la universidad daba a una de las calles centrales de Preraria. Por el centro de la calle iba una multitud de personas, unas a pie, otras en todo tipo de vehículos. Todos cantando. Los viandantes se detenían a mirar el espectáculo con curiosidad.
El profesor bajó de la tarima y se acercó a una ventana.
-¿Quiénes son?
-Son grupos religiosos. Se dirigen al desierto a esperar la ve­nida de su Mesías. [Mt 24,26] ¿No ha visto las noticias la última semana?
-Pues no.
-Este fenómeno está ocurriendoUna pe­queña facción de los cristianos, de los pocos que quedan, se diri­gen al desierto liderados por sus mesías. Los obispos dicen que no los sigan pero, como ve, hay miles que no obedecen.
-¿Y qué hacen en el desierto?
-Acampar y esperar. Todos se dirigen al desierto más grande del mundo, el Sahara, allí ya hay muchos. La televisión mostró campamentos, infinidad de campamentos.
-Nuestra época se ha vuelto loca –dijo el profesor para sí regresando a su mesa.
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One comment

  1. 1

    Es escalofriante lo profético que puede resultar lo escrito por el Padre Fortea. Ahora, en este siglo, se está perdiendo toda moralidad, y cosas como el aborto, la eutanasia, la violencia en el cine y la televisión, se ven como amorales, ni buenas ni malas. No me extrañaría que en un futuro no muy lejano, regresen las luchas de gladiadores y el “cultivo” de cuerpos para transplantes (¡Ya Planned Parenthood trafica con partes de cuerpos de bebés abortados!)

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