Acercando el Norte y el Sur: Testimonio en Irak

Las diferencias en la distribución de la riqueza y en las formas de vida entre los países industrializados y los del Tercer Mundo son ob…

Forum Libertas

Las diferencias en la distribución de la riqueza y en las formas de vida entre los países industrializados y los del Tercer Mundo son obvias y no es necesario hacer una enumeración de todo lo que aquí sobra y allí falta. Nosotros vemos y oímos por televisión, radio y a través de la prensa lo que ocurre en muchos de esos países y ellos lo viven día a día o, mejor dicho, sobreviven como pueden día a día.

Mientras millones de personas no pueden tener acceso a derechos básicos como, entre otros, agua, electricidad, medicinas, escuelas o viviendas dignas, Occidente vive en una “burbuja” de hedonismo y los Gobiernos dedican cifras astronómicas a sus ejércitos y armas imponiendo, como dice el Papa, “el derecho de la fuerza sobre la fuerza del derecho”.

Con Acercando el Norte y el Sur, ForumLibertas.com pretende ir publicando la opinión de algún testimonio o de expertos que puedan explicarnos sus vivencias personales o sus reflexiones sobre lo que en algunos de esos países está ocurriendo; el porqué de las grandes diferencias existentes entre Occidente y los países en vías de desarrollo, o de algunos de los conflictos actuales en el mundo; y las posibles alternativas a unas situaciones que, por poco que pudieran mejorar, siempre serían un paso adelante para quien las padece.

Para empezar, hemos recabado la opinión de un testimonio que ha experimentado en primera persona lo que significa sobrevivir día a día en medio del caos de la posguerra en Irak, con sus momentos de sufrimiento y sus momentos, aunque contados, de alegría. Maria Àngels Grau, dominica de la Presentación y enfermera, perteneciente al Consejo General de su congregación, estuvo hace un año en Irak, concretamente desde el 28 de marzo hasta el 18 de abril de 2004, para visitar a las hermanas de las diferentes comunidades de la congregación en ese país.

Será la primera de una serie de entrevistas que nos acercarán un poco más a la terrible realidad por la que atraviesan algunos de los países del Tercer Mundo. A través de ellas conoceremos un poco más qué está pasando en el Sur, un conocimiento necesario para poder construir, como dice la campaña de Manos Unidas, ese “futuro común” que nos aguarda.

– ForumLibertas.com (FL): ¿Cómo se decidió a ir a Irak?

– Maria Àngels Grau (MAG): Coincidió con el momento en que hacían un encuentro importante de la viceprovincia. Cuando la superiora general me pidió para ir esta vez y acompañar a las hermanas, me gustó mucho porque tenía un conocimiento bastante amplio de la realidad geográfica y social de Irak. La primera vez que fui todavía estaba Sadam Husein, con los problemas del embargo y el sufrimiento de tanta gente. Esta segunda vez era justo después de los bombardeos, cuando todos los ciudadanos extranjeros salían de Irak para irse hacia otros lugares.

– FL: El pasado 29 de enero la entrevistaban en Catalunya Informació y, refiriéndose a la situación que se estaba viviendo en Irak, comentó algo así como: “preparo la comida, pero no sé si me la comeré”. Esa frase me hizo pensar hasta qué punto normalizamos en Occidente situaciones trágicas que se están viviendo en algunos países del Tercer Mundo o que están en conflicto, como es el caso. Sin embargo, es difícil imaginar cómo se puede sobrevivir en condiciones como la que expresan esas palabras.

MAG: La frase es mía, pero me refería a la que decía una de nuestras hermanas que están en Mosul, de 32 años, y que nos envió un fax en el que hacía referencia precisamente a las mujeres cristianas de Mosul y nos pedía las oraciones de la congregación por todas ellas.

Yo pienso que hay una realidad muy importante sobre la que debemos meditar. Este pueblo lleva sobre sí 15 ó 20 años de embargo. Después de todo esto, el miedo de la guerra, las fronteras que permanecieron abiertas después de los bombardeos y que facilitó la entrada de un sinfín de ladrones y delincuentes en el país. Ante este panorama, responsables de Iglesia, sintiéndose muy involucrados en lo que es la realidad de Irak, lo han vivido con una enorme intensidad.Ves muy diferente a la Iglesia jerárquica cuando observas cómo se sitúa en estos países. Son capaces de vivir la caridad hasta las últimas consecuencias, porque están apoyando constantemente a la gente.

FL: ¿En qué sentido interviene la jerarquía eclesiástica? Porque, por ejemplo en España, desde determinados grupos de presión y partidos políticos, e incluso desde muchos sectores de la sociedad en general se tiende a veces a criticar la postura de la jerarquía de la Iglesia, como si estuviera distanciada de los religiosos de base que actúan en las zonas más necesitadas.

MAG: Personalmente yo no tengo ninguna duda, estoy convencida y no solamente en el caso de Irak, sino también en África, América Latina y la India, por ejemplo, donde también he podido comprobarlo por mi misma. Te das cuenta entonces de que los auténticos pastores viven su compromiso y su sufrimiento con el pueblo al estilo que vivió, por ejemplo, Oscar Romero.

Cuando estuve en Kuwait, el obispo Michaelef, que no tenía ninguna responsabilidad pastoral con las hermanas de Irak, gratuitamente y pensando en la soledad de esta gente cogió su coche y se fue a verlas, sólo por una cuestión de comunión de Iglesia. Y a mi me ayudó enormemente para solucionar todos los problemas de papeleo y visados con los consulados. Él me acompañaba a todos los sitios con su sotana, pero sin llevar la cruz, porque la cruz allí es mejor no llevarla.

FL: Es curioso… No hay problemas con la vestimenta religiosa, pero sí con la cruz.

MAG: La cruz, claro, porque es la imagen del Cristo crucificado. Yo cuando fui allí fui con hábito, pero sin la cruz. Me dijeron: “Déjatela en Roma para que no tengas problemas”.

– FL: Qué difícil debe ser estar realizando cualquier actividad del día a día y no saber si diez minutos o una hora más tarde estarás vivo.

– MAG: Sí, sin duda, es una sensación muy fuerte.

– FL: ¿Qué hace que una persona que vive en Occidente, con más o menos comodidad y tranquilidad, se desplace a un lugar en el que el sentimiento de vulnerabilidad es tan grande?

– MAG: No piensas en ello. No te lo preguntas. Yo no tuve miedo, sinceramente. Me sentí conmovida, ante esa experiencia humana y la responsabilidad de compartir con mis hermanas, por una fuerza interior que para mí es mucho más fuerte que cualquier otra cosa. Una fuerza a la que nosotras llamamos espíritu. Todo lo demás que me podía pasar, ni me lo pregunté, ni hice planes. Lo importante era ir allí y compartir.

– FL: ¿Es una cuestión de fe?

– MAG: Sí, es una cuestión de fe y también la oportunidad de vivir experiencias como la que viví con el obispo Michaelef, del que te hablaba antes, que tenía 75 años. Verle a él vivir es algo que te anima.

– FL: ¿Cómo se adquiere esa fe?

– MAG: Francamente, no lo sé. Pienso que esto entra en el campo del misterio. La experiencia que he vivido toda mi vida ha sido ésta. Como cuando en una pareja surge el amor. Para mí, Cristo siempre ha sido el centro de mi vida. He creído que vale la pena jugártelo todo por él y a través de él jugártelo todo por los hermanos y hermanas.

– FL: Cuando llegó a Irak, ¿en qué situación estaba el país? ¿Cómo se vive la experiencia de una guerra?

– MAG: Cuando hablamos de guerra, vale la pena decir que aquí tenemos unos conceptos de guerra muy equivocados. Tú llegas allí y ves que la gente va por la calle, que va a trabajar, que las tiendas están abiertas…

Yo llegué a Irak por el sur, porque venía de Kuwait. En Basora, cerca de la frontera de Irak con Irán, la vida era más tranquila. Durante la guerra del golfo allí se vivió de forma más trágica, pero ahora ha sido distinto. Iba con la idea de llegar a Bagdad desde el sur, recorriendo el país para intercambiar experiencias con las hermanas, e incluso quería llegar a ver las otras comunidades del norte y de Mosul, donde las hermanas pasaron los problemas más gordos.

– FL: De Basora a Bagdad, ¿cómo era el día a día en esas ciudades?

– MAG: Muy variado.Había días, por ejemplo en Basora, que estaba con los niños de unaguardería infantil atendida por las hermanas. En esos días compartía sus preocupaciones con respecto a la necesidad de abrir un orfanato para intentar que algunos niños estuvieran un poco mejor…

Y luego está la actividad que llevan a cabo las hermanas en el Hospital San Rafael… También me dedicaba a hacer contactos con las iglesias de los diferentes ritos: caldeos, sirios, armenios… y otras muchas, aunque yo sólo estuve en las más grandes. Iglesias de diferentes ritos en las que antes había mucha división y que ahora se han dado cuenta de que lo mejor es unir fuerzas y actuar juntas. Se ha hecho un gran progreso en este sentido y esto es muy hermoso.

– FL: Tienen así más fuerza, más capacidad de diálogo…

– MAG: Mucha más. Hay que tener en cuenta que en cada iglesia hay gente que ama mucho a Jesús, aunque también hay gente muy débil, gente que se equivoca, lo que podríamos decir caer en pecado. De hecho, te encuentras en un proceso de conversión. La Iglesia no es sólo la Iglesia de los santos, es también un pueblo en camino, que tropieza y que se vuelve a levantar, intentando acabar con toda esa violencia y encontrar al Cristo que lo ha de redimir. Y aunque a veces sale lo peor de algunas de esas personas, también es cierto que la vitalidad del Espíritu saca de cada uno lo mejor que lleva en su interior. Esta fuerza interior es la que te hace ser tú mismo en tu mejor vertiente, no en la peor, como sucede a veces con alguna de esas corrientes religiosas que piensan justo lo contrario y se estimulan para matar o para oprimir a los pueblos.

– FL: Volviendo al día a día, ¿qué actividad llevan a cabo las hermanas en el Hospital San Rafael?

– MAG: Este hospital, que se encuentra justo enfrente de nuestra casa provincial, fue el único que estuvo abierto durante toda la guerra, porque las hermanas tuvieron la intuición de que se tenía que pedir ayuda a las fuerzas americanas para proteger el hospital. Allí fue donde precisamente murió el periodista español José Couso, el cámara de Telecinco. Bien, pues de no ser así, en San Rafael habría pasado como en el resto de hospitales, que fueron asaltados y que después no pudieron volver a funcionar con normalidad.

– FL: En ese tiempo, la máxima actividad del hospital, aunque no deseable, debía ser la de atender a víctimas de la guerra o de los atentados…

– MAG: O de maternidad, que es la que más realizamos allí…, porque esa es la gran paradoja de las mujeres en esas trágicas situaciones, la maternidad. La maternidad las ayuda a crecer y la viven de otra manera muy diferente que aquí. Estas culturas nos transmiten un mensaje muy grande: poner los valores en aquello que verdaderamente vale la pena y donde deben estar en tiempos difíciles. Casos de mujeres a punto de dar a luz y que han preguntado a una hermana “por qué no me haces una cesárea, todavía no me toca, pero piensa que yo quiero que mi hijo se salve, Irak lo necesita, mi pueblo lo necesita. No necesitamos extranjeros que nos vengan a salvar, somos nosotros los que nos tenemos que salvar”. Es otra mentalidad.

Hay que tener en cuenta la importancia que para ellas tienen estos niños, con toda la problemática añadida de las diarreas, la malnutrición… Por otra parte, en el hospital no se mira para nada la religión que puedan tener esas madres y esos niños, y es algo que ellos también valoran, por eso yo creo que posiblemente fue el Islam que quiso que el hospital siga funcionando. Se sienten con mucha confianza allí porque saben que, desde su fundación, allá por el 1957, teniendo también en cuenta que nosotras estamos en Irak desde 1873, a pesar de los diferentes cambios sociales, siempre han sido bien atendidos por unas hermanas que a lo largo del tiempo han dado lo mejor de ellas mismas.

– FL: Si lo comparamos con la realidad de aquí, de cómo viven el día a día los niños en un sistema que peca más bien de exceso de bienestar y consumo, ¿cómo viven los niños iraquíes toda esa realidad de guerra, de miseria, de hambre?

– MAG: Cuando estuve en esa guardería infantil de Basora, me explicaban que tú oías a los niños cantar, jugar, estudiar… y al mismo tiempo oías de vez en cuando el ruido de las bombas alrededor. La gente tiene que vivir a pesar de las circunstancias adversas. Los niños que yo vi en aquellos días me sorprendían porque tenían verdaderas ganas de correr y jugar en los patios de nuestra casa. Me impresionaban especialmente sus caras de hambre, su falta de electricidad y de los servicios básicos para sobrevivir, como el agua potable o las medicinas.

– FL: Comparando la actual situación con el pasado de los tiempos de Sadam, ¿como cree que ven los ciudadanos iraquíes todo el proceso por el que han pasado y están pasando?

– MAG: Las minorías cristianas están padeciendo mucho. También está el problema que representa la agresividad de los chiítas hacia los cristianos, a los que involucran como parte de las fuerzas occidentales de ocupación. En la época pasada, Sadam siempre había tenido un respeto por los cristianos y te puedo decir que sus mujeres iban a parir al hospital nuestro de San Rafael.

No sé, pienso que todo es relativo. En aquella época estaba la gente del partido de Sadam que estaba muy contenta, pero también estaba la gente de la oposición, que no lo estaba tanto. Por ejemplo, con Sadam, una hermana nuestra detectó una mujer que estaba vendiendo a algunos de sus hijos porque no tenía alimentos para dar de comer a los otros.

En cuanto a los cristianos, por lo menos eran tolerados. No había pasado nunca que se bombardearan iglesias cristianas, como ha pasado ahora. En conjunto, creo que la mayoría de iraquíes ha vivido de una forma muy negativa la invasión extranjera. La guerra no es el camino que pueda ayudar a la gente a vivir.

– FL: Ya que hace referencia a los cristianos, después de las elecciones del pasado 30 de enero, en las que el resultado ha dejado también una representación parlamentaria de 6 diputados cristianos en el parlamento nacional y otros 5 en el curdo, ¿cree que la libertad religiosa será más respetada?

– MAG: Quiero ser muy prudente en esta cuestión. No sé, no te diré que sea demasiado optimista. Las hermanas nos dicen que parece que la situación está algo mejor estos últimos días, pero esto puede cambiar de un momento a otro. Por ejemplo, esta hermana me hablaba desde Bagdad, pero las de Mosul me decían que las jóvenes universitarias que estaban en nuestra casa, cristianas, estaban obligadas a ponerse el velo islámico porque sino corrían el riesgo de que las degollaran.

– FL: ¿Mejoraría la situación si Estados Unidos y el resto de fuerzas que están en el país marcharan?

– MAG: A mí me gustaría. Pero si estarían mejor o peor… Se podría crear una situación de anarquía total. Es muy diferente lo que se podría haber hecho al principio del conflicto y como enfocarlo en la situación real que se vive ahora. No sé, habrá que dejarlo en manos de los políticos.

– FL: Dentro del caos que se ha vivido, ¿tiene alguna anécdota positiva que contar?

– MAG: Te puedo explicar un par de ejemplos que me parecen muy majos y los dos protagonizados por americanos. Dos ejemplos que hablan por sí mismos del sufrimiento de las personas y también de que cuando enviamos a los soldados a otros países no nos damos cuenta de lo que imponemos a la gente.

Viniendo de Mosul para Bagdad, nos paraban constantemente los soldados en los controles. En uno de esos controles con tres soldados, uno de ellos de unos 24 ó 25 años, al ver que todas nosotras llevábamos hábito, de modo muy discreto se quitó la gorra y sacó de ella un Cristo muy pequeño y la fotografía de su mujer y sus hijos. No dijo ni una sola palabra, porque al estar rodeado de musulmanes tenía que ser muy prudente, pero sus ojos hablaban sin necesidad de palabras. Fue un gesto de identificación y una manera de decir rezad por mí. Muchas veces, cuando paseo por Barcelona, recuerdo la expresión de sus ojos y pienso en qué será de ese chico y de su familia. Imagino el sufrimiento de todos ellos. Si los responsables de situaciones como la de Irak pudieran vivir este tipo de experiencias se lo pensarían dos veces antes de organizar una guerra.

El segundo caso, un ejemplo de lo que es perdonar a los enemigos, se refiere a una joven soldado norteamericana que hacía la vigilancia en nuestro barrio. Una chica muy simpática que enseñaba a hablar inglés a los niños del barrio y que un buen día la mataron. Unos días después, llamaron sus padres al teléfono de la comunidad y dijeron a las religiosas que a su hija ya no podrían tenerla nunca más, pero que ellas tenían muchos niños que cuidar, así que les enviaban un cheque para que les pudiera ayudar a realizar su trabajo con los niños iraquíes.

Cuando somos capaces de analizar y dejarnos tocar por la vida hasta las raíces más íntimas del corazón, que nos haga ver nuestros sentimientos… Si tuviéramos la suerte de que los políticos pasaran por esta experiencia podrían cambiar cosas. Todo lo demás, las organizaciones que ayudan, incluidas las religiosas, no creo yo que puedan salvar a estas personas.

– FL: ¿Cómo se consigue “despertar” el corazón de un político o de un mandatario en el sentido a que se refiere? ¿Cómo sustituir el análisis desde un punto de vista práctico, racional y egoísta por ese despertar?

– MAG: Yo creo que no es una cuestión de medios que te permitan conseguirlo, lo veo muy difícil, pero también veo que incluso con gente que no es cristiana puede surgir la esperanza. Como en el caso de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, que es una persona que se interroga a sí mismo… Todos hemos tenido una vida familiar, una vida personal, vivir la maternidad, la paternidad, como algo que te toca. Pienso que en nuestra vida, la gran lástima es que, llevados por las cosas a hacer y encontrar soluciones para ellas, nos dejamos todo este espacio interior sobre la riqueza de lo que es el hombre, la mujer, el niño, y cómo las relaciones pueden modificar a la gente. El gran mal de nuestra sociedad de consumo es consumir por consumir, hacer por hacer, sin saber porqué lo hacemos, esa exagerada búsqueda del hedonismo.

Estando en Francia estuve trabajando un documento muy interesante sobre lo profundo y más negro del corazón de hombre. Yo creo que también tenemos muchos valores. Muchas veces, en lugar de querer detectar toda esa riqueza que tenemos, nos quedamos con esos mensajes que nos muestran por la televisión sobre cuerpos bellos y cómo obtener más y más cosas.

– FL: Pero, es más fácil dejarse seducir por todo ese mensaje de placer que por lo que significa el sacrificio, aunque a la larga éste te pueda dar otro tipo de gratificación más profunda…

– MAG: Sí, en efecto, pero incluso sin sacrificio se pueden hacer cosas importantes. Hemos presentado demasiado un Cristo de sacrificio, pero en realidad lo que es importante es descubrir como ese rostro del Cristo, vivir a fondo esta vida humana, te hace una persona feliz. Y aunque pases por muchas dificultades, lo más importante es pasar por esta alegría profunda, como en el caso de esos padres que ya no verán más a su hija y que son capaces de superarlo y ayudar a los descendientes de los posibles autores de la muerte de ella.

Hay una ilustración en un libro de Saint-Exupéry que siempre, desde niña, me ha acompañado: aquella en que se ve a una persona muy pequeñita en una montaña muy grande y que decía algo así como que la persona crece en la medida en que sabe superar las dificultades. Pienso que este planteamiento es lo contrario de lo que se hace actualmente en la sociedad de consumo. Todo es fácil, así que difícilmente puedes descubrir todos los valores que tienes dentro de tu corazón, que son superiores a los que tú mismo puedas imaginar. Si sumásemos toda esta potencialidad, crearíamos otro tipo de sociedad.

– FL: ¿Cómo se consigue amar más con el corazón que con la mente?

– MAG: Amar con el corazón te toca, te hiere en el interior. Amar con el corazón te implica y te hace desear que sea el otro quien sea feliz, no tú mismo. Has de procurar que este otro crezca, sea él mismo en su libertad… en todas las relaciones, las familiares, las del trabajo… respetar la libertad de los demás. Eso es mucho más difícil que procurar la propia.

– FL: ¿Y con respecto a los hijos?

– MAG: Yo no tengo pautas, porque nunca he sido madre y no sé cómo lo haría, posiblemente lo haría muy mal, pero pienso que se han de poner los valores en lo que son los verdaderos valores del niño. En el interior de la pareja tiene que haber mucho diálogo, para poder ayudar al niño a crecer. No se trata de cómo lo hace el padre y la madre, sino de la puesta en común y la búsqueda de esta relación como el fruto del amor, un fruto de los dos. Es en el seno de esta búsqueda que se puede encontrar la mejor forma de hacerlo.

– FL: Recuperamos si le parece el tema de Irak con una última pregunta: ¿Cómo cree que se puede entender desde Occidente lo que ha sucedido y sucede actualmente en un país tan lejano geográfica y culturalmente como éste?

– MAG: Creo que lo más importante es pensar que Occidente no es el ombligo del mundo. Hay otras culturas, otros pueblos, otras experiencias, y el respetar y conocer todas estas culturas te hace ser más diferente. Tenemos la idea de que los iraquíes son muy violentos, y en ocasiones es verdad, pero, ¿pensamos en la inteligencia de los iraquíes? ¿Pensamos en sus años de historia y en que son un pueblo de tribus nómadas con toda una experiencia? ¿En que, para nosotros, cristianos, todos nuestros antepasados, Abraham, etc. vivían en estas tierras? Creemos que somos los occidentales los que les podemos llevar alimentos, medicinas y otras cosas, y así es, en efecto, pero, ¿somos capaces de entrar en esta perspectiva de intercambio, de búsqueda, e incluso, a nivel político, valorar y apreciar a estos pueblos por lo que son y no por la idea preconcebida que tenemos de ellos?

– FL: Si le parece, podemos pasar a las relaciones entre Occidente y los países del Tercer Mundo desde una perspectiva más global: la de las grandes diferencias que existen entre el Norte y el Sur y lo que tenemos en común. Ese futuro común que plantea Manos Unidas en su última campaña. El eje de la campaña y objetivo es el de reivindicar que la globalización económica, con capacidad de generar riqueza en cualquier espacio, llegue también a los más desfavorecidos.¿En qué forma cree que es posible hacer viable esta propuesta?

– MAG: Yo pienso que antes de hablar de esta globalización económica, podríamos hablar de casos concretos. Por ejemplo, de los productos de belleza que se consumen en Occidente, que la mayoría vienen de África, donde está la materia prima y la mano de obra barata. Son las mujeres las que trabajan todos estos productos que después utilizarán, entre otras, las industrias francesas y que las venderán a unos precios carísimos. Son las mujeres las que se pasan todo el día batiendo todas estas hojas que conocen. O por ejemplo el café, en Colombia, Brasil, México… O el cacao. Todos estos países son ricos en este tipo de productos y los han de vender a unos precios absolutamente básicos. Y tienen pleno derecho, no sólo al tema del 0,7 por ciento, sino a que se les consideren unos precios justos por los productos y la mano de obra que ofrecen.

– FL: ¿Cambiará esta situación algún día?

– MAG: En un artículo que yo leí en LA CROIX sobre Lula y la agricultura en Brasil se puede ver un ejemplo vivo de cómo se pueden cambiar estas situaciones. Es muy interesante lo que está haciendo Lula en ese país. Es por estas vías que yo creo que se pueden cambiar las cosas.

– FL: Alrededor de 840 millones de personas en el mundo no disponen de alimentos básicos, 800 de ellos en el Tercer Mundo. ¿Cómo se puede garantizar la soberanía alimentaria de todas estas personas?

– MAG: No sé, creo que es importante conocer tus propias limitaciones y yo no tengo una solución clara para esta cuestión. Pero, creo que a nivel de Europa se debería pensar un poco más en la teoría de “aquello que es suficiente”. Pensar en aquello que es suficiente para vivir sería un gran avance. No se gastaría por gastar y permitiría otro tipo de expansión.

– FL: Desde el punto de vista individual o familiar, ¿qué se puede hacer?

– MAG: Tomar conciencia de que los bienes de la Tierra son limitados, como el agua. Esta toma de conciencia podría ayudar para que nos situemos de una manera diferente. Por ejemplo, cuando nos duchamos, ¿qué necesidad hay de dejar corriendo y malgastando el agua? Cuando has visto a tus hermanas traer el agua con cubos por no tener agua corriente, ves las cosas de otra manera.

Como dice el hermano Roger Schutz, de Taizé, puede ser útil la dinámica de lo provisional, o sea, no querer hacer grandes cosas, pero aceptar que haces una cosa pequeña y la haces. Y, por otra parte, las pequeñas cosas se han de valorar. A veces pensamos que como no podemos hacer grandes cosas es mejor no hacer nada. Pero las pequeñas cosas que puedes hacer cada día ya es algo básico para cambiar algunas situaciones.

En cuanto al tema de las tierras ocupadas y de las grandes multinacionales en estos países, tengo una anécdota interesante que viví en México. Bajaron los indígenas que estaban trabajando con nuestras hermanas para salvar la tierra y muchas madres hicieron no sé cuántos kilómetros a pie, puede que un centenar, con los niños en la espalda, para venir a expresar todo esto. Ellas decían: “Nuestro gobierno, para hacer perder la capacidad de lucha de nuestros maridos, les regalan el alcohol y los emborrachan, de manera que entonces ellos no luchan por la tierra, pero nosotras las mujeres seguiremos luchando”.

– FL: El G-7, los siete países más industrializados del mundo, proponían el pasado 5 de febrero iniciar un proceso para condonar la deuda externa de los países más pobres. ¿Cómo ve ese proceso? ¿Qué confianza le merece?

– MAG: Se ha de intentar. Incluso a nivel individual, forzando a través de recogidas de firmas, por ejemplo, que los gobiernos tomen esa decisión. No sé si se conseguirá algún día, pero creo que se ha de dar algún paso, por pequeño que sea, en esa dirección.

– FL: ¿Cree que se está avanzando en este sentido?

– MAG: Pienso que hay una conciencia social que es muy fuerte y, en ese sentido, la figura del Papa Juan Pablo II es muy importante. Él ha sido muy firme en estas cuestiones. A nivel de justicia social se ha pronunciado muchas veces y con un compromiso muy fuerte. Yo, más que optimismo, tengo esperanza. Si hablase de optimismo o pesimismo no sé de qué lado iría la balanza. En el mundo actual hay muchas cosas que no van bien, pero sí que tengo esperanza, porque creo que el mundo, a través de los movimientos cíclicos de la Historia, siempre acaba sacando una pequeña luz de esperanza.

– FL: Y la nueva Europa y la actual España, ¿qué rol pueden jugar?

– MAG: Lo que yo desearía es ver una Europa más comprometida, más capaz de pensar menos en ella misma y más en el conjunto de los pueblos que la constituyen, en los pueblos también del sur. Creo que es un paso necesario para Europa y un camino muy bello para ayudar. Es lo que el Papa llama la “globalización de la solidaridad”, algo en lo que yo creo firmemente. Es en este aspecto que podemos trabajar más como cristianos. Si se promueve la globalización de la solidaridad, puede que los países ricos tengan menos dinero para malgastar.

En cuanto a España, te diré la que yo sueño: una España en la que, desde el aspecto social, se hagan progresos como realmente se están haciendo, eso lo reconozco. También diría una España en que se respetaran y se cultivaran los valores de las personas. Los valores que hacen felices a los hombres y a las mujeres. No se pueden promocionar y presentar espejos que no reflejen lo que realmente es la auténtica felicidad del hombre, porque hablar de felicidad y después proyectar otros tipos de experiencias… Necesitamos una España realmente solidaria, lo hemos demostrado en muchas ocasiones con las organizaciones no gubernamentales, con los compromisos a nivel del pueblo, y desearía que los políticos fuesen cada vez más en este sentido, aunque de momento no… Me gustaría que realmente hiciesen todo lo necesario para ir por este camino, el de la globalización de la solidaridad. Es esta la España que yo firmaría.

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