Acoso escolar: los violentos ganan

La violencia entre los adolescentes que se viene traduciendo en la escuela con caracteres alarmantes, es el fruto de una sociedad que ha perdido su se…

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La violencia entre los adolescentes que se viene traduciendo en la escuela con caracteres alarmantes, es el fruto de una sociedad que ha perdido su sentido y, por tanto, difícilmente puede transmitirlo, y de la debilidad educadora de un número creciente de padres y madres.
 
Se trata, por consiguiente, de un problema estructural, de fondo, que hasta ahora no se ha abordado.
 
Una de las razones de esta falta de tratamiento radica en su complejidad. Otra es la necesidad de introducir un sistema de valores morales que es rechazado por la ideología dominante.
 
Naturalmente esto no significa que no deban adoptarse medidas a corto plazo. Es evidente que la reinstauración de un ambiente de autoridad y responsabilidad en la escuela sería un poderoso factor para reducir la violencia.
 
Pero lo peor de todo es que intervenga la administración y lo haga mal, porque entonces acentúa el problema. Y lo trágico de la cuestión es que en este tipo de dificultades quienes nos gobiernan tienden a hacerlo mal porque se guían por sus perjuicios ideológicos y no por la realidad.
 
El fracaso de la ley contra la violencia de género, reflejada en el aumento del número de feminicidios, es un ejemplo. Es una ley que promueve el conflicto en lugar de la reconciliación, y es el conflicto el que mata. Algo parecido sucede, como informamos hoy, con la píldora del día después y los abortos.
 
Ahora, en el caso de la violencia escolar, la Generalitat de Catalunya ha adoptado una medida que debe derogar y que, obviamente, debe ser rechazada por las restantes comunidades educativas porque premia a los violentos
Se trata de que el Departamento de Educación garantice un inmediato cambio de centro para el niño o niña dañado por el acoso escolar. A la víctima se le castiga con la pérdida de uno de los valores más importantes que tiene, su entorno de amistades y de relación que gira sobre la escuela.
 
A los violentos se los premia con la “expulsión” del perseguido.
 
Es como si para protegernos de nuestros asesinos nos encerraran en la cárcel o nos desterraran de nuestras poblaciones. Es absurdo y brutal….pero es lo más cómodo para la administración.
 
Primero porque los violentos son más de uno, segundo porque si los envía y concentra en una sola escuela va a tener problemas con el profesorado y los padres del nuevo centro, y si los distribuye puede ser que se le multipliquen las dificultades. Solución: cogemos a la víctima, que nunca nos dará problemas, y cuestión resuelta.
Es escandaloso que pueda existir esta mentalidad en nuestra sociedad y que sea quien dirija la educación. Este dudoso honor le corresponde al hermano de Maragall, Ernest, que de esta manera pasa a convertirse en el paradigma de lo que nunca debe hacer el responsable de la política de enseñanza.

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