Ontología de la actualidad. Decadencia de nuestra civilización

Vivimos en una civilización, donde el rumbo se ha perdido. Se trivializa la educación, se infravalora la formación y el respeto a los demás, se amplía la chabacanería y el mal gusto (la democracia es libertad y respeto a todo), se extiende la permisividad y falta de criterios seguros hacia todos, la justicia inclina su balanza

civilización

Hoy día se habla de civilización, como una síntesis a la que han llegado un conjunto de culturas que tienen una relación entre sí. La cultura es como se manifiesta una sociedad “las visiones del mundo o ideologías, las creencias, los valores, las costumbres, las leyes e instituciones, el lenguaje, las reglas de la manera de ser, los rituales y normas de comportamiento”. Es el ejercicio de la energía humana para la formación de la mente con la acumulación de conocimientos a través de la historia de la humanidad. La cultura tiene un sentido parcial, mientras que la civilización es más completa. Mientras la civilización es el refinamiento de las costumbres, la educación es la vía para conseguir que la cultura y la civilización lleguen a que el ser humano comprenda la vida.

Recuerdo como la Sociedad Académica de Filosofía (SAF)  el año 2009, con motivo del día internacional de la filosofía, decía en un manifiesto:

“La filosofía es la mejor garantía de protección de los derechos humanos y de una educación que preserve a las generaciones futuras de cualquier forma de integrismo. Para velar por la capacidad crítica de entender y cuestionar el mundo, la independencia y la autonomía de pensamiento y acción, la responsabilidad civil y el entendimiento entre las personas y los grupos”.

Vivimos en una civilización, donde el rumbo se ha perdido. Se trivializa la educación, se infravalora la formación y el respeto a los demás, se amplía la chabacanería y el mal gusto (la democracia es libertad y respeto a todo), se extiende la permisividad y falta de criterios seguros hacia todos, la justicia inclina su balanza. Todo esto ha desembocado en la inestabilidad, la mentira, la corrupción a niveles máximos, la decadencia de una sociedad que, de seguir en la argucia, apartándose de la realidad cotidiana, desaparecerá en breve.

No olvidemos nunca la cantidad de personas que murieron en la Segunda Guerra Mundial, para conseguir lo que hoy poseemos y que es lo más grande que el individuo debe mantener siempre, la libertad. Las dictaduras fascistas y comunistas dejaron millones de muertos en los campos de batallas y en los campos de concentración, no olvidemos nunca la historia. No permitamos que ni por ideologías radicales y fanatismos religiosos desaparezca nuestra libertad, que tanto costó a nuestros padres y abuelos conseguir.

¿En qué niveles de envilecimiento especulativo y moral está gran parte de nuestra sociedad?

Una gran parte del tejido social está desencantado y ve el decaimiento de una sociedad que va perdiendo fuerza en los valores democráticos, debido a esa falta de ilusión y lucha por mantener ese espíritu que siempre ha caracterizado a nuestra civilización occidental.

Hay que encontrar de nuevo la honestidad como motivo de complacencia, la vergüenza y la solidaridad para con todos. Hay que buscar la ilusión, el esfuerzo, la alegría, la libertad y sobre todo la seguridad para compartirla con los demás. Hay que rechazar la falta de ética y de respeto a los demás, concienciando a la sociedad, de que lo importante en nuestras vidas es el ser y no el poseer.

En resumidas cuentas, luchar por un mundo justo, más humano donde las personas respeten a las personas. Esto realmente, si sería una democracia.

Acabo con unas palabras de nuestro gran escritor y articulista del siglo XIX, Mariano José de Larra: “¿Es la pereza de imaginación o raciocinio, que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza en tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descarga sobre el estado del país en general?”

Hagamos que la responsabilidad descargue sobre el estado de nuestra civilización en particular, movilizando y exigiendo a nuestros líderes mundiales, para que nuestra libertad no se acabe.

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