Actualidad del Sagrado Corazón de Jesús

(Inspirado y sintetizado a partir de un artículo de Santiago Arellano aparecido en ‘La Verdad’, revista diocesana de Pamplona, Junio 2014) Com…

(Inspirado y sintetizado a partir de un artículo de Santiago Arellano aparecido en ‘La Verdad’, revista diocesana de Pamplona, Junio 2014)

Como veremos, Juan Pablo II afirmaba que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús cobraba gran actualidad de cara al tercer milenio de la Humanidad. Mas empecemos con palabras del Papa Francisco (Junio 2013): “El Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad”. Símbolo real, no imaginario; no es un mero dibujo en la corteza de un árbol, sino un corazón vivo, un corazón humano realmente traspasado por nosotros y que pertenece a la persona divina de Jesús: Es pues el corazón de Dios atravesado por amor a nosotros, es el corazón de Dios abierto para concedernos su amor y misericordia.

En el lenguaje usual de los hombres se supone que el corazón es el lugar del amor. De igual modo el Corazón de Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, es la fuente del amor divino. Nos decía Juan Pablo II (1987): que “el hombre del año 2000 necesita del Corazón de Cristo para conocer a Dios y conocerse a sí mismo; lo necesita para construir la civilización del amor”. “…la devoción al Sagrado Corazón corresponde más que nunca a las esperanzas y necesidades de nuestro tiempo”.

Es importante subrayar que no se refiere el santo Padre sólo a una relación intimista y un tanto egoísta con Nuestro Señor, sino que la llama que surge de su divino corazón ha de propagarse en una “civilización del amor”, en un incendio pacífico de todo el mundo en sus aspectos también sociales, en un amor efectivo a todos los hombres especialmente a los más necesitados en su vertiente espiritual, física y económica.

Pero la fuente de esa revolución pacífica que será la civilización del amor radica en las llamas ardientes del Corazón de Jesús; sin Él nada podemos hacer que sea sólido. Y hablando humanamente decimos que alguien tiene el corazón “roto” (por ejemplo tras un amor fracasado). Pues bien, Cristo tiene su corazón realmente roto por todos y cada uno de nosotros. Su delirio de amor divino, de amor purísimo, le lleva a abrirnos el corazón, un corazón sacrificado: no pensemos sólo en sus sufrimientos físicos y morales, sino fijémonos en el dolor de su amor, muchas veces no correspondido, pospuesto o preterido.

Jesús, más allá de sus dolores físicos, muere de amor: por eso la lanza que lo traspasa nos muestra su corazón abierto. Muere de amor por todos y cada uno de nosotros, por ti y por mí, y por el habitante de las zonas gélidas igual que por el de las zonas cálidas. Su angustiosa tristeza es que ese amor muchas veces no es correspondido. Dijo a Sta. Margarita María de Alacoque:

“He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que tanto ha perdonado a los hombres, que nada ha dejado de hacer hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor…”

Si nos dejamos invadir por este amor menospreciado, poco a poco construiremos realmente la “civilización del amor”. También se nos llama a que reparemos nuestros pecados y los de los demás, desagraviando al Sagrado Corazón.

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