Adolescentes que abortan

Los embarazos de adolescentes en España han aumentado significativamente en los últimos años, y aproximadamente el 50 por ciento de esos embarazos ter…

Los embarazos de adolescentes en España han aumentado significativamente en los últimos años, y aproximadamente el 50 por ciento de esos embarazos termina en aborto. Ésta es, entre otras, la conclusión de un estudio elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), al que hay que suponer en principio la solvencia profesional propia de tal institución pública.

El asunto, desde luego, es alarmante, porque a los hijos sacrificados sin darles oportunidad de nacer hay que añadir las secuelas que esos abortos llevan consigo para las jovencísimas madres, que difícilmente se recuperarán psicológicamente es esta experiencia traumática, como es bien sabido. Y, por si todo esto fuera poco, hay buenos motivos para pensar que las adolescentes que abortan lo hacen frecuentemente con su libre albedrío disminuido, al actuar presionadas bien por el padre de la criatura, bien por sus propios padres, que la empujan a abortar; y en otros casos, esos abortos se practican sin conocimiento de los padres de la menor, que a menudo desconocen incluso su embarazo.

Verdaderamente, como digo, estamos ante una cuestión grave e inquietante, que nos demuestra entre otras cosas que no deriva de falta de información, sino de una información sesgada: la propaganda insiste en hablar de “sexo seguro” cuando la experiencia dice que no es así, y, en consonancia con esta deformación básica, presenta el aborto como una solución, cuando en realidad se trata de uno o varios problemas que se añaden a la situación. Pero en España, como en casi todo el resto de países desarrollados occidentales, se ha operado un giro copernicano en la mentalidad con que se enfrentan los embarazos no deseados: no hace tanto tiempo, una adolescente abortaba por miedo al castigo de sus padres, temerosos de la repulsa social ante la llegada del hijo ilegítimo. Hoy, en cambio, muchas abortan porque sus padres temen la repulsa social, sí, pero no por la aparición del hijo, sino por no haberlo abortado.

Con esta mentalidad vuelta del revés, de la lectura del estudio del CSIC se deduce fácilmente que las adolescentes deberían usar desde muy pronto más anticoncepti-vos, incluida la píldora abortiva llamada del día siguiente, considerada hipócrita-mente “anticonceptivo de emergencia”.

¿Será casualidad que los laboratorios Schering, que comercializan en España y muchos otros países los anticonceptivos y el abortivo “de emergencia”, patrocinan junto con el CSIC los trabajos relacionados con la “salud reproductiva”, que incluye, cómo no, el aborto provocado?

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