Adolf Hitler y Bibiana Aído, sin demagogias

“Un judío, independientemente de su edad, claro que es un ser vivo; ahora bien no puede afirmarse que sea un ser humano, no hay base cien…

Forum Libertas

Un judío, independientemente de su edad, claro que es un ser vivo; ahora bien no puede afirmarse que sea un ser humano, no hay base científica para ello” (Adolph Hitler, 1939)

“Un feto de 13 semanas es un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica” (Bibiana Aído, ministra del Gobierno de España,2009)”
Las dos frases que encabezan este texto discurren por la red. No conocemos el texto exacto, la fuente primaria, titulo, edición, página,de la frase de Hitler, tarea por otra parte nada fácil por lo que se refiere a unmalvado personaje cuya obra y discursos están sujetos a lógicas restricciones legales en toda Europa. En todo caso, lo que si es una evidencia es que Hitler y la doctrina nazi consideraba a los judíos ‘infrahumanos’ es decir inferior al ser humano, por debajo del mismo. No humano, en definitiva. Sólo una mentalidad de este tipo compartida por acción, o cómplice por omisión, por la dimisión de los hombres de biena que se refirió Burke, podía dar lugar al genocidio contra los judíos.
Obviamente, no se trata de equiparar a la ministra Aido con el fundador del Nazismo, sino de reflexionar sobre la deriva totalitaria de determinadas formas de pensamiento. Para nuestra desgracia, Europa ha visto su origen y su desarrollo. Todas pretendían el bien, y acabaron encarnando el mal más profundo porque perdieron el respeto a la vida humana. Y es que en el fondo uno acaba actuando como piensa.
¿Tiene derecho a la vida el ser humano? La respuesta en nuestra sociedad sería un rotundo sí. Entre otras razones porque por algo hemos eliminado la pena de muerte. Ni tan siquiera el más dañino de los delincuentes puede perder su vida en nombre de la justicia. ¿Pero qué es lo que define a un ser humano? La respuesta parecía sencilla hasta que el mal se hizo presente. Un ser humano era todo aquel ser engendrado por un hombre y una mujer, sin importar su condición o su estado. Y esta naturaleza humana la tenía desde la gestaciónhasta su fin natural.

De esta manera el cristianismo iluminaba la historia y terminaba con límites arbitrarios que se producían incluso en sociedades donde el derecho era un componente esencial, como la romana. El esclavo dejaba de ser un objeto y era un ser humano, y la mujer era igual que el hombre, y era un crimen dejar expuesto el recién nacido en la roca Tarpeya porque presentara malformaciones. Aquel principio del respeto a la vida ha tenido que luchar contra la intromisión del mal en el mundo. Ha exigido todo un proceso histórico, pero al final se consiguió imponer, de manera imperfecta, como toda acción humana, pero real.

A partir de la mitad del siglo pasado la onda maléfica volvió. Unos consideraron infrahumanos, no humanos, a los que presentaban lo que ellos llamaban “taras mentales o físicas” y así nació la eugenesia en buena parte de Occidente, antes de que surgiera el nazismo que se la apropió y la llevo a sus consecuencias lógicas. Esta circunstancia inmunizó a los países de Europa y América del Norte donde la eugenesia había alcanzado un mayor predicamento. Y Alemania, que sufrió en carne viva los horrores del sistema nazi, continúa atenta y vigilante en este terreno.
En España, quien ahora nos gobierna proponen una ley que tiene muchos puntos de contacto con la destrucción de los límites iniciales que protegen la vida humana. La frase de Adolph Hitler y la de Bibiana Aído tienen muchos puntos de contacto, no sólo en su semejanza conceptual sino en las consecuencias que se desprenden de esta forma de pensar. No se trata de afirmar que la forma de pensar de la ministra sea equivalente a la de un nazi, claro que no, pero tampoco se pueden ignorar las concomitancias de significado y sentido, que son bien visibles aunque formuladasdesde otra perspectiva política, claro está, pero concomitancias.

Lo que dice Aído es que el otorgar la condición de humano es un acto graciable, que en el contexto en que se produce la declaración -la nueva ley del aborto- corre a cargo de la mujer y necesita del reconocimiento del Estado. Hitler negaba la condición humana del judío adulto; Bibiana de todo ser humano que ha de nacer. Esta es la diferencia, pero la concomitancia radica en exceptuar la condición humana a quien la posee porque tiene menos de 14 semanas, porque sufre una malformación aunque sea compatible con la vida, a todo no nacido.

Según esta forma de pensar, durante las primeras catorce semanas no existe humanidad en el que ha de nacer y no se sabe muy bien por qué, a partir de la catorce, sí parece que surja tal condición. La arbitrariedad de la definición es una evidencia.
Pero, la ley dictamina más allá de ésta otras condiciones que determinan en la práctica que aquel ser no es humano y, por consiguiente, no posee derecho a su vida, como es el de la dependencia. No se viene insistiendo lo suficiente en el hecho de que en la ley se niega el derecho a vivir a todo no nacido que presente determinados grados de ‘imperfección humana’ a pesar de que estos no le impidan vivir su propia existencia. Y todavía hay un tercer elemento más: es todo el no nacido, sea cual sea el mes de gestación, que no tiene esta condición humana, porque la mujer puede terminar con su vida, al margen de la ley, cometiendo sólo una simple infracción administrativa que se sanciona con una multa.
Situar una ley de estas características en el centro de nuestra sociedad es tremendamente peligroso, porque va a generar unas dinámicas terribles en la forma de entender el derecho a la vida, que lo serán todavía más enraizadas en tantas mentes intelectualmente indigentes, con conciencia plana, amoral, como es un perfecto prototipo la señora Aído. Mientras aceptemos que hay unos que puedan empezar a decidir sobre la vida de los otros en función de determinadas valoraciones los oscuros fantasmas que habíamos enterrado pueden resurgir. Por otras vías pero pueden hacerlo: la eugenesia se forjó en regimenes impecablemente democráticos. La democracia sin sentido moral no es garantía suficiente.
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