Aguirre, Gallardón y la impresentable exposición

¿Nos lo tomamos en serio o en broma? Una vez más el alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, esta vez en compañía de esperanza Aguirre, la presidenta de la …

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¿Nos lo tomamos en serio o en broma? Una vez más el alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, esta vez en compañía de esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad, ha patrocinado una exposición situada en pleno espacio público, la plaza Soledad Torres Acosta, en la que el Papa aparece como figura de cómic, como un amante de la pornografía, que copula con monjas y ovejas (sic).

El creador, por decir algo, italiano, Federico Solmi, deja bien clara cual es su intención “un Papa malvado que envía ejércitos y desciende sobre Hollywood” Así está sentenciado en el catálogo de la exposición. El título del video de la exposición audiovisual, no deja lugar a dudas: “El imperio del mal”.

Esta exposición está subvencionada por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid y el Área de Gobierno de las Artes del ayuntamiento. Como no podía ser de otra manera también cuenta con la colaboración del Ministerio de Cultura.

El coordinador general de la exposición ha razonado la cuestión en términos elegantes y prudentes “estamos en una sociedad democrática. La iglesia tampoco ha tenido actitudes afortunadas como para salvarse de la crítica”.

Por consiguiente, decimos nosotros, el razonamiento que se halla implícito en este tipo de discursos es que ya está bien que el Papa le de a la marcha con ovejas.

Tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento han alzado el rostro en un ademán cesáreo, y han exclamado con énfasis. “Nosotros no controlamos los contenidos de la muestra”. Es decir, pagan con el dinero de todos pero no saben lo que les cuelan.

Aunque algo debían saber cuando a su vez añaden que “en la entrada del contendor hay nada más y nada menos que una azafata y un vigilante de seguridad para que ningún menor de dieciocho años contemple la creación”. Pues alguien debe haber visto tamaña agresión y debe haber considerado que no es apta para los jóvenes, y no será ciertamente el artista ni el comisario que no viven del matiz sino de todo lo contrario: del escándalo de brocha gorda.

Claro que el tema de la exposición tampoco engaña a nadie se llama “Terrorismo poético”, “el mayor terrorista poético está contra la ley”.

Preguntas: Si en uno de estos contenedores hubiera aparecido también, así en plan video-cómic, el príncipe y la princesa en una animación de la famosa portada de El Jueves, la señora presidenta y el señor alcalde ¿también hubieran aducido que ellos no controlan los contenidos, o se hubieran precipitado personalmente a cerrar bajo siete llaves tamaña ofensa?

Si un conjunto de rock (es un suponer) del País Vasco, de estos que mezclan el ruido con el despotrique contra las fuerzas de seguridad y el elogio a la violencia, se hubiera anunciado en un festival promovido por los poderes locales y autonómicos madrileños, ¿la Sra. Aguirre y el Sr. Gallardon habrían dicho que no entran en los contenidos?

Ya está bien de toda esta hipocresía de la que viven unos cuantos provocadores cuya capacidad artística es tan insignificante que deben recurrir necesariamente al escándalo y a la ofensa de aquellos que son pacíficos, los católicos.

Ya está bien de tantos políticos que a expensas de estos provocadores quieran forjarse una imagen que confunde la libertad de crear con la subvención al insulto.

Y ya está bien que con el dinero de todos, también de los católicos, se paguen ofensas en la vía pública.

Quizás algún día deberemos pensar que en el fondo de todo en España falta un partido que sea más moderado en los planteamientos substanciales, más social en lo económico, menos agresivo en lo político y capaz de defender el respeto a la conciencia religiosa de los españoles, cosa que en ningún caso está reñido con la posibilidad de alcanzar las máximas cotas artísticas.

Porque una cosa es transgredir el canon para ser vanguardia, y Dalí, Miró y Picasso, fueron indiscutibles genios en esto, y otro pensar que la transgresión es insultar a los creyentes.

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