El agujero negro del fraude fiscal

La aparición de los “Papeles de Panamá” es una evidencia más de lo que ya se sabía, la insolidaridad de los que más tienen sigue siendo una de las principales fuentes de pérdida de recursos por parte de los países

Los Papeles de Panamá son els último escándalo relacionado con el fraude fiscal Los Papeles de Panamá son els último escándalo relacionado con el fraude fiscal

La aparición de los “Papeles de Panamá” ha hecho volver a situar la polémica a alrededor de la evasión fiscal y sus consecuencias. Por desgracia no es ningún secreto que esta práctica ha estado presente, está presente y estará presente si no se produce un cambio radical en la legislación y el control a nivel mundial, hecho muy improbable ahora mismo.

Hoy si eres rico o eres una multinacional que factura unos cuantos millones de euros y no posees una empresa offshore, o para el caso de las empresas, tributas en países donde la fiscalidad es muy inferior a aquellos países donde verdaderamente realizas tu actividad, serás considerado como un tonto.

Existen evidencias de que en los últimos años la pérdida de recursos por parte de los diversos países debido al fraude fiscal no ha disminuido sino que más bien ha aumentado. Por ejemplo, para el caso de Estados Unidos, si a mediados de los años noventa las personas más ricas pagaban alrededor del 30% de impuestos, para el 2012 esta cifra ya se había reducido a menos del 20%. Se puede observar también como en el caso europeo las sociedades siguen tendiendo a tributar cada vez menos. Por ejemplo para el caso español de media, después de aplicar el conjunto de desgravaciones y deducciones, las sociedades españolas pagaban el 2012 un 10,6% de impuestos. Ahora bien, las empresas más grandes se situaban por debajo de este porcentaje gracias a su mayor capacidad de establecer una estructura fiscal más beneficiosa, mientras que las empresas pequeñas y medianas aunque teóricamente tributan menos que las grandes empresas, debido a la aplicación de estas desgravaciones en la base impositiva, acaban pagando unos impuestos que se sitúan por encima de la media.

Puede parecer sorprendente que a pesar de tributar las sociedades a unos porcentajes muy inferiores a lo que lo hacen por ejemplo los autónomos o las personas físicas, estas busquen deslocalizar sus beneficios para poder tributar menos, pero ciertamente la divergencia en las presiones fiscales de los diversos países son muy importantes. Por ejemplo para el caso del impuesto de sociedades, mientras que los EAU es del 55% en Aruba es del 1,5% y si nos fijamos en el IRPF, es precisamente Aruba quien presenta una tributación más elevada con el 58,95% y Guatemala la que menos situándose en el 7%. Así pues, un mundo con unas tributaciones tan diferentes, pero también con unos controles y legislaciones tan divergentes, por ejemplo para el caso de Panamá no es necesario establecer quién es el propietario de una sociedad concreta, el control del fraude fiscal es prácticamente imposible.

Las últimas reformas fiscales han perjudicado especialmente las clases medias

Las últimas reformas fiscales han perjudicado especialmente las clases medias

Unas consecuencias que afectan a todo el mundo

Este fraude fiscal generalizado tiene un primer perjudicado que son los mismos países, los cuales ven ingresar en sus arcas menos recursos de los que les correspondería. Ante este hecho y sumando la crisis en que se han visto evocados durante los últimos años la mayoría de países; estos para poder contrarrestar la falta de recursos han aumentado su presión fiscal especialmente a través del IVA, impuesto indirecto y considerado como uno de los más regresivos, es decir, todas las personas pagan lo mismo independientemente de su riqueza, y a través del IRPF, haciendo aumentar sobre todo la presión fiscal para los tramos medios y medios-altos de las rentas. Estos dos cambios fiscales, para el caso español, no han causado un aumento de la recaudación significativo, especialmente debido a que coincidió con la misma crisis económica. En todo caso estas reformas fiscales a quienes más han perjudicado han sido a las clases medias y bajas. Hay que recordar que por ejemplo para el caso del IRPF, los ricos de verdad simplemente no tributan y que el aumento de este impuesto como máximo involucrará a las clases medias y medias-altas.

En conclusión, en un contexto donde el Estado necesita recursos urgentemente para poder financiar los servicios públicos básicos y con un sistema global que hace imposible el hecho de evitar el fraude fiscal, los países dirigen sus miras hacia los colectivos que saben que seguro que podrán hacer tributar lo que se les exigirá, es decir, clases medias y bajas. Este hecho junto con el aumento del paro y el estancamiento de los salarios ha provocado un aumento de las desigualdades en España, pero también en el mundo en general. Si en 2010 las 388 personas más ricas del mundo tenían la misma riqueza que la mitad de la población más pobre, el 2015 sólo era necesario coger las 62 personas más ricas del mundo para igualarlo. El fraude fiscal es sencillamente injusto.

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