Ahora contra la Madre Teresa

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ForumLibertas.com ha informado de un nuevo ataque contra la Iglesia, en esta ocasión en la persona de la Madre Teresa de Calcuta. Procede, como tantos otros, de esta cultura liberal pero dominantemente anglosajona. No es la única que actúa así, no hay que concentrar el foco solo en ella, pero sí es cierto que de ahí surgen ataques insospechados, al menos considerados desde la racionalidad, por su falta de base. Lo interesante del caso es que precisamente, a pesar de esta característica, los argumentos, si se pueden llamar de esta manera, son divulgados y reiterados. No será extraño que en un futuro se dirija el ataque a Juan Pablo II, se trata, y hemos de ser conscientes de ello, de demoler sistemáticamente todo aquello que pueda haber o ser presentado como ejemplar por parte de la Iglesia. Hay que dejarla reducida a un estereotipo de hombres encerrados en sí mismos, viciosos del poder, del dinero o del sexo. Pero, además, de un sexo sobre todo homosexual y pedófilo. No deja de ser interesante que esta dimensión sexual sea vista de una forma tan crítica en relación a la Iglesia y celebrada en el conjunto de la sociedad por estos mismos que la critican.

La cuestión de fondo es por qué todo esto sucede, y creo que para afrontar esta pregunta es necesario adoptar una conciencia determinada. No podemos entender lo que está sucediendo si no nos introducimos plenamente en dos realidades. La primera es que la Iglesia significa hoy la mayor institución, la mayor comunidad, contracultural que existe en el mundo occidental. Desde su concepción ontológica, basada en la razón objetiva, hasta su traducción en las prácticas más cotidianas, la Iglesia es incompatible y alternativa a la sociedad y a las instituciones políticas y económicas actuales. La idea de una Iglesia bien relacionada con el establishman, con la burguesía, con los poderes constituidos, es una ficción o en todo caso están bien relacionados a título personal y aquellos que ya han situado en un segundo plano su conversión en el seguimiento de la persona de Jesucristo y la propuesta de este seguimiento a los demás.

No es evidentemente la primera vez en su historia que la Iglesia se encuentra en estas condiciones., Ya le sucedió de una manera global, completa, en sus primeros cuatrocientos años de vida. Después, a lo largo de la historia le ha vuelto a suceder en circunstancias concretas que en ocasiones ha pagado muy caro. La Iglesia, el cristianismo en este caso, fue contracultural en China, fue contracultural en Japón, y esto dio lugar a durísimas persecuciones. Claro que en aquellos casos, también hay que decirlo, había una fuerte componente xenófoba en la reacción, porque se veía a la Iglesia como algo externo, a pesar del gran número de seguidores que en ambos países llegaron a alcanzar. Sea como sea, la realidad pura y dura es esta situación: la Iglesia como contracultura. Si no se parte de este principio, difícilmente podremos pensar y actuar de una manera coherente con la fe que profesamos.

La otra cuestión que debemos asumir es que la Iglesia vive inmersa en Occidente en una determinada sociedad, en un sistema de valores y de tentaciones, de pecados estructurales, de planteamientos de civilización que son en sí mismos un pecado porque significan la ruptura absoluta con Dios, con el Dios Trino revelado en la Persona de Jesucristo. Este entorno lógicamente contamina a la Iglesia, a personas concretas, porque su dimensión humana es evidentemente débil y solo a través de la Gracia consigue superar esta debilidad. En la medida en que ella se pierde, personas y organizaciones enteras pueden tambalearse. Si esto es así, y no veo cómo puede ser de otra manera, la respuesta que necesitamos pasa por evitar la contaminación, por establecer las actitudes necesarias y esto en primer término no son tanto normas como prácticas, no son tanto códigos como la vida de la fe que gira en torno a los sacramentos, principalmente el de la Eucaristía y el de la vivificación de la comunidad eclesial, desde su núcleo más pequeño, la parroquia, hasta el conjunto católico como una verdadera comunidad, de vida, de proyecto, de acogida y de fiesta.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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