Ahora es necesario reconstruir

Francia y Europa respiran aliviadas después de que Macron haya sido elegido como presidente. Una victoria de Le Pen hubiera supuesto probablemente el fin del euro y una sobredosis de nacionalismo perniciosa en todos los sentidos. Pero ahora hay que analizar con sosiego cómo Francia, uno de los dos pulmones de Europa, ha llegado hasta esta circunstancia. Ha sido necesaria una solución de urgencia, la de un candidato sin partido y con poca experiencia, para frenar al populismo xenófobo y antieuropeo.

Los partidos clásicos de centro-derecha y de centro-izquierda se han quedado desbancados. Y muchos franceses, casi uno de cuatro, han preferido la opción que cuestiona el actual sistema económico y democrático. El voto populista proviene, especialmente, de la clase obrera y del mundo rural.

 

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