Alba triunfante, de Robert Hugh Benson

Benson escribió una magnífica novela, El señor del mundo, cuya actualidad nos lleva a recomendarla a todos los que no la hayan le…

Benson escribió una magnífica novela, El señor del mundo, cuya actualidad nos lleva a recomendarla a todos los que no la hayan leído. También fue publicada por Homo Legens, y en ella trata del advenimiento del anticristo. Con un buen conocimiento de las Escrituras y percepción profunda de los movimientos sociales e ideológicos de su época (finales del XIX y principios del XX), Benson intuye la forma que tomará la rebelión contra Dios y la lleva a la ficción. La alegoría, en estos tiempos de Obama y globalización, resulta tan atrayente como inquietante.

Señala el autor en el prólogo que El señor del mundo sumió a algunos católicos en un cierto pesimismo. Ciertamente apunta que fue “depresión y desaliento para los cristianos optimistas”. Los que simplemente vivimos esperanzados no nos deprimimos por lo que imagina Benson, pues entendemos que la victoria de Jesucristo es total y definitiva por más que la Iglesia deba pasar por terribles pruebas. Es por ello que Hugh Benson decidió, manteniendo el género parabólico, suponer que ocurriría si el mundo en vez de seguir el desarrollo del pensamiento moderno avanzara en dirección contraria. Fruto de esa idea es Alba naciente.

La novela no tiene la grandeza de su predecesora pero resulta interesante porque es uno de los pocos intentos de describir un mundo totalmente católico en el que las ideologías contrarias a Dios desaparecen y universalmente se reconoce a la Iglesia. Sólo por ese motivo merece ser atendida. Conviene, antes de adentrarse en su lectura, leer el prólogo de Sergio Gómez Moyano, en el que se distingue entre el dogma y las aplicaciones concretas del catolicismo, en esa sociedad imaginada en la novela, propuestas por Benson. Como le sucede al protagonista, monseñor Materman, nos es más fácil ver a la Iglesia perseguida que no reinante. Era también la concepción de Benson, y no deja de percibirse en el modo de tratarse ciertas cuestiones.

Por otra parte hay intuiciones que resultan interesantes, como la superación del conflicto entre ciencia y fe, o qué sucedería en un país en la que la ley divina lejos de ser postergada se convirtiera en luz capaz de influir en el derecho nacional y en las formas de regular la convivencia. No se obvia el tema de la libertad que deberían tener los no creyentes y su modo de ordenarla. Y, aunque las soluciones propuestas nos puedan resultar chirriantes en algunos puntos, Benson nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre puntos que, frecuentemente, ladeamos y a los que no prestamos atención. Sin llegar al futuro propuesto en la novela sirve, por ejemplo, para pensar sobre qué debería o no esperan un católico de la política y qué puede, o no, exigir a sus representantes cuando estos se confiesan hijos de la Iglesia. Pero no deja de ser una novela y como tal ha de ser tratada.

Robert Hugh Benson

Alba triunfante

Homo Legens

Madrid, 2009

462 páginas

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