Alerta sobre la educación

Volvamos a insistir sobre el tema y profundicemos en los argumentos. La educación, de la que la enseñanza forma parte, es el gran agujer…

Forum Libertas

Volvamos a insistir sobre el tema y profundicemos en los argumentos. La educación, de la que la enseñanza forma parte, es el gran agujero negro de la sociedad y la economía española. Hechos recientes constatan la alarma, comoel plan especial que quiere llevar a cabo el Gobierno, y el informe de la OCDE, señalando este punto como uno de los graves retos para el futuro económico del país.

Ahora mismo en Cataluña y promovido por la escuela empresarial ESADE, se ha puesto en marcha un manifiesto que se presentará el próximo día 4 y en el que ya existe un número destacado de firmantes, como la Cámara de Comercio de Barcelona, el Círculo de Economía, el gran teatro del Liceu y el Palacio de la Música, diversos colegios profesionales, medios de comunicación como La Vanguardia, El País y el Periódico, sindicatos, el Ayuntamiento de Barcelona y las dos asociaciones de municipios.

Por lo que se conoce de este futuro manifiesto se constatan dos cosas: La primera es obvia, la conciencia de que la situación es grave. La segunda, la idea de que la educación no es sólo una tarea de las familias y las administraciones públicas sino de toda la sociedad. Los impulsores del manifiesto dan un paso adelante y se comprometen a asumir las responsabilidades que les corresponda. También se comprometen a concretar públicamente aquella contribución a la mejora educativa, y a fomentar programas y actividades concretas para enriquecer el debate sobre la educación.

Pensamos que es una muy buena iniciativa digna de ser imitada. Dicho esto, subrayado el valor de que una parte de la sociedad civil empiece a movilizarse, nos gustaría hacer algunas consideraciones.
La primera observación es que mucho nos tememos que el pensamiento políticamente correcto que ceñirá los contenidos del manifiesto va a obviar la cuestión fundamental. La educación falla porque falla la capacidad educativa de los padres en esta tarea. Desde Coleman, en la década de los 80 del siglo pasado, se sabe que el factor determinante del rendimiento escolar es la familia y de manera más específica los padres. Su papel es mucho más decisivo que la propia escuela.

Técnicamente, esta capacidad educadora de los padres se expresa en términos de capital social localizado, que se traduce en mejoras en el capital humano de los hijos. Coleman demostró a través del estudio de cientos de escuelas y miles de familias que esto era así.

Para que el capital social de la familia exista, deben darse una serie de condiciones concretas. Enumeremos las cuatro que son determinantes: La confianza mutua, el disponer de un sistema de normas y valores claramente definidos que vincula a todos sus miembros, y que este sistema sea favorable a la socialización, a la responsabilidad, al esfuerzo, al interés por el estudio y la realización futura como persona. También cuenta la red de parentesco porque puede contribuir a paliar determinadas carencias familiares –aunque difícilmente pueda sustituirlas- y finalmente, algo definitivo, el tiempo de dedicación a los hijos por parte de padres y madres.
La sociedad puede contribuir muchísimo pero no ha de tener la pretensión de que va a hacerlo directamente de forma decisiva. Su tarea es, sobre todo, facilitar la función educadora de los padres. Por ejemplo ¿las empresas que firman el manifiesto se comprometerán a adoptar unos horarios que permitan a sus trabajadores la necesaria compatibilidad entre tiempo laboral y tiempo escolar, de manera que pueda producirse aquella dedicación? Ésta es con mucha diferencia, la medida más eficaz que podrían adoptar.
Una segunda cuestión guarda relación con la naturaleza de las escuelas. Los trabajos de Coleman en los Estados Unidos tambiénmostraron como las escuelas con ideario religioso alcanzaban mejores resultados que las públicas, e incluso que las privadas, caracterizadas porque sus miembros pertenecen a las familias de mayores ingresos.
A su vez, en la escuela pública los estudiantes que eran religiosos obtenían mejores resultados. Esto también se daba en la escuela confesional, donde los practicantes conseguían mejores notas.El sistema de valores, componente como hemos visto del capital social, que proporciona la religión, difícilmente es sustituido por un vacío o la indeterminación propia de la escuela pública o de la actitud no religiosa. Es posible que en teoría no debiera ser así.

Una sociedad con fuerte conciencia de sus deberes cívicos, una sociedad como la de los atenienses de la Grecia clásica, o para situarnos en parámetros algo más cercanos, la de los republicanos de los padres fundadores de EEUU, podía alcanzar un grado de vinculación semejante a partir de la conciencia cívica. Pero este no es el caso de nuestra sociedad, que vive en el individualismo hedonista y la cultura de la desvinculación. En estas condiciones, difícilmente puede construirse la conciencia cívica sin un fuerte fundamento que, hoy por hoy, solo la religión parece capaz de proporcionar. ¿Quién es capaz aquí y ahora de poner encima de la mesa estos hechos, este tipo de datos?

Hay más elementos, por ejemplo el rendimiento de la escuela concertada es claramente superior a la pública excepto cuando se trata de comunidades reducidas, como es el caso de las poblaciones pequeñas. Esto es así a pesar de que las retribuciones de los maestros y profesores son muy superiores en las públicas y disponen de más tiempo libre para prepararse.

Sobre estos resultados influyen diversas variables. Una, el mejor nivel de renta, el fracaso escolar también está relacionado con este hecho, pero ni mucho menos puede reducirse al mismo. Otro, es la falta de autoridad, la ausencia de ideario, de causa común, que existe en muchas escuelas públicas -es decir de normas y valores fuertes compartidos. La ausencia de la figura de un director con real capacidad de decisión es otra causa más del problema.

La falta de interés generalizado por conseguir una buena articulación entre padres y escuela, lo que en términos también técnicos se denomina el cierre del capital social localizado, está también en la raíz del problema. Solo hace falta observar el comportamiento de muchos progenitores en el fútbol escolar para constatar que hay algo profundo que no funciona, que deseduca. Sin corregir esto no hay solución.
No vamos a entrar ahora en la conocida cuestión de los planes de estudio, que compone todo un epígrafe muy decisivo en lo que está sucediendo, pero sí en cambio es pertinente señalar algún agujero negro que nunca es tratado. Es este: el fracaso escolar es muy distinto entre chicos y chicas. Los primeros asumen cifras clamorosas que superan de largo el 40%, casi el doble que las muchachas. También ahí hay algo muy importante que no funciona y que se pasa por alto sistemáticamente porque no es políticamente correcto definir situaciones donde los varones queden malparados y las mujeres obtengan mejores beneficios. Esta situación es insólita en Europa y más allá de ella en el conjunto de países de la OCDE. Algo raro le pasa a España.
En definitiva, para que la buena voluntad y las buenas intenciones vayan acompañadas de éxito es necesario afrontar la realidad tal y como es, partir de un buen diagnostico. De lo contrario, al final todo acaba en lo mismo, en la persistencia del fracaso.

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