Alimentación y pobreza en el mundo: 852 millones de personas pasan hambre

La celebración del Día Mundial de la Alimentación y del  Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, respectivamente el domingo 16 y el lune…

La celebración del Día Mundial de la Alimentación y del  Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, respectivamente el domingo 16 y el lunes 17 de octubre, tiene este año especial relevancia debido a que coincide con el primer repaso del grado de cumplimiento de los Compromisos del Milenio por parte de la comunidad internacional. El pasado mes de septiembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas congregó a un gran número de dignatarios en su reunión anual. Sobre la mesa estaba el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, que en 2005 debía revisar los avances y, sin embargo, se comprobó que siguen sin resolverse los problemas y continúa siendo urgente tomar medidas concretas. Las cifras no dejan de mostrar hasta dónde la humanidad es capaz de hacer crecer
las desigualdades y las injusticias.


Según datos de los informes de los distintos organismos de ONU, el de la alimentación (FAO), el de salud (OMS) y el de la infancia (UNICEF) correspondientes al año 2005, el número de personas con hambre es de 852 millones. Además, 1.200 millones no tienen acceso al agua potable y 2.600 millones no tienen acceso a servicios adecuados de salud. Por ejemplo, en España hay 320 médicos por cada 100.000 habitantes, mientras en Malawi la proporción es de 1 médico por 100.000. Y en ciertos países de África, como Malí, más del 70 por ciento de la población vive con menos de un euro al día y el 90 por ciento, con menos de dos dólares. El SIDA, por otro lado, afecta al 40 por ciento de la población en Botswana, y en muchos países del África Subsahariana, la tasa de matriculación en primaria no llega al 40 por ciento de la población infantil (en las niñas es del 30). En Mozambique, de cada 1.000 niños nacidos vivos, mueren 187 de forma inmediata y 247 antes de cumplir los 5 años.


Son ejemplos que van mucho más allá de las cifras, ya que hablamos de seres humanos, personas, niños y niñas, hombres y mujeres con rostro, con corazón, con necesidades y anhelos y con nombre, aunque a veces no tienen tarjeta de identidad. Son millones de personas que esperan que los políticos, los economistas y en general los dirigentes se acuerden de ellos y les echen una mano, a fin de que puedan salir del terrible atolladero en el que están.


Coincidiendo con esta doble jornada internacional, las organizaciones de la sociedad civil, entre ellas Manos Unidas y Cáritas, exigen que se reflexione, se atienda y se responda a tantos que tienen hambre, sed, que no tienen casa, escuela, médico, centro de salud, vacunas, transportes, electricidad… Es verdad que son muchas necesidades, pero todas las entidades coinciden a la hora de afirmar que este mundo produce lo suficiente. No es cuestión de recursos, sino de distribución, de buen gobierno y de transparencia, de cooperación. Mientras una minoría acapare mucho más de lo que necesita, la mayoría no tendrá acceso a lo imprescindible.


Reconocer el derecho humano a la alimentación, el derecho de los pueblos a su soberanía alimentaria, la urgencia de unas reglas de comercio internacional justas y la resolución de la cuestión de la deuda internacional son cuestiones básicas para afrontar esta situación de desequilibrio e injusticia que no para de crecer, según recuerda Manos Unidas en una nota hecha pública con motivo de los días internacionales de la Alimentación y la Erradicación de la Pobreza.

 

“La vida digna es un derecho para todo ser humano en nuestro mundo. Es una responsabilidad colectiva, de ellos, los empobrecidos de la tierra, y nuestra. El compromiso por la solidaridad puede cambiar las cosas. No sólo hacen falta organizaciones, pactos, compromisos, que de estos ya hay muchos, es imprescindible avanzar, dar pasos concretos, fijar plazos y contribuciones de unos y otros. Probablemente sea esta la primera generación capaz de acabar con la pobreza, pero es hoy cuando no podemos aplazar más el momento. Si no, habremos desaprovechado la oportunidad y eso habrá costado la vida a muchos de nuestros hermanos”, asegura la entidad católica de voluntarios. Manos Unidas, que tiene como objetivo acabar con el hambre y la miseria en el mundo, ayuda económicamente proyectos de educación para el desarrollo  en los países del Sur. Por ejemplo, en el año 2004, se financiaron 884 proyectos en 64 países.

 

Mensaje de Benedicto XVI

 

Con todas estas duras realidades, el Papa Benedicto XVI acaba de enviar a la FAO un mensaje en el que denuncia que “el hambre y la malnutrición están entre los más graves escándalos que todavía deterioran la existencia de la familia humana”. Coincidiendo con la reunión que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura celebra estos días precisamente en Roma, el pontífice recuerda a los millones de personas privados de lo mínimo para subsistir, y así se lo transmite al secretario general del organismo, alimentario, Jacques Diouf. Para el Santo Padre, la carestía no depende sólo de condiciones geográficas o climáticas, sino que “está provocada también por el propio hombre y su egoísmo, lo que se traduce en carencias en la organización social, en la rigidez de las estructuras económicas, que son vistas demasiadas veces sólo bajo el prisma del provecho y, en la práctica, contra la vida humana”.

 

Sobre el lema de la Jornada Mundial de la Alimentación, Agricultura y diálogo entre las culturas, Benedicto XVI pide en su carta que se use este eficaz instrumento para crear las condiciones óptimas para la seguridad alimentaria. “Hay que superar las diferencias de visión cultural, étnica o de nivel de desarrollo”, recuerda. En la misma línea, denuncia que se mantienen los diversos modelos de desarrollo “en función de las condiciones particulares de cada país y cada comunidad”. El Papa asegura, además, que “el progreso técnico no será verdaderamente eficaz si no es en un contexto en el que se tengan en cuenta las necesidades y aspiraciones del ser humano, porque no se vive sólo de pan”. Finalmente, el Santo Padre anima a la FAO a seguir con sus actividades y compromisos a favor de “un auténtico diálogo entre las culturas”. Como conclusión, dice que “el ser humano no debe comprometer de manera imprudente el equilibrio natural, fruto del orden de la creación, sino transmitir a las futuras generaciones una terra capaz de nutrirlas”.

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