Alois Löser, sustituto del Hermano Roger, abre una nueva etapa en Taizé

Alois Löser, un católico alemán de 51 años, acaba de sustituir al Hermano Roger Schutz, asesinado el pasado 16 de agosto por la puñalada de una rumana…

Forum Libertas

Alois Löser, un católico alemán de 51 años, acaba de sustituir al Hermano Roger Schutz, asesinado el pasado 16 de agosto por la puñalada de una rumana desequilibrada, al frente de Taizé. Su rostro y su perfil representa, de alguna manera, la nueva etapa que afronta ahora esta comunidad ecuménica. El nuevo prior, nacido en Stuttgart, ya había sido designado para esta misión en 1997, y ahora afronta el reto entre la pena por la inesperada pérdida de su predecesor y la esperanza por los “signos luminosos” que deja el inolvidable teólogo suizo.

 

El Hermano Alois llegó “como un joven más” al pequeño pueblo de Taizé, situado en el este de Francia (entre Lyon y Dijon), y forma parte de la congregación desde 1974 “El Hermano Roger estaba convencido, desde hace mucho tiempo, de que Alois podría seguir esta obra de fe y de oración”, explica el hermano Émile, portavoz de Taizé. Para la misión encomendada, el nuevo prior parte de la idea de que “el Evangelio no es un sueño, sino una realidad que hay que poner en práctica cada día en la convivencia”.

 

En los últimos años, Alois Löser ha realizado numerosos viajes al este de Europa para abrir pequeños grupos de ayuda a los más necesitados. Además, fue uno de los inspiradores de la idea de promover regularmente una Jornada Mundial de la Juventud con el Papa. Los que le conocen definen al actual responsable de Taizé como un hombre muy jovial, entusiasta y muy respetado por la comunidad que forma la congregación en la pequeña localidad francesa. “Los jóvenes descubren en Taizé que se les permite preguntar y buscar, que no todo está claro en un primer momento”, dijo recientemente el religioso. Según una persona vinculada a la comunidad en Francia, los jóvenes le llaman “el arcángel, porque todo le maravilla”.

 

El Hermano Alois se encontraba dirigiendo oraciones en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Colonia cuando se produjo la muerte violenta del Hermano Roger. “Justo al conocer la triste noticia, emprendió viaje de regreso a Taizé por carretera”, explicó el portavoz de la comunidad. En los días inmediatamente posteriores, que coincidieron con los momentos fuertes del encuentro multitudinario con el Papa Benedicto XVI, el religioso alemán coordinó varios encuentros y oraciones por el alma de su predecesor, así como la organización de los funerales.

 

Roger, un hombre consagrado al “amor sin distinciones”

 

Roger Schutz, fundador de la comunidad ecuménica de Taizé, fue víctima de una puñalada que acabó con su vida el pasado 16 de agosto. Entre la muchedumbre que rodeada a los monjes en la denominada iglesia de la Reconciliación, con las velas y la iconografía propia de las oraciones promovidas por el movimiento en el pequeño pueblo francés del mismo nombre, una mujer desequilibrada agredió mortalmente al hermano, que falleció unos minutos después. Todo ocurrió en la tarde del martes 16 de agosto, en pleno verano y con la mirada del mundo puesta en Colonia, donde acababa de celebrarse la Misa de apertura de las Jornadas Mundiales de la Juventud. La muerte del religioso, un hombre de formación calvinista y convertido en los años 80 al catolicismo pero, sobre todo, ejemplar trabajador por la unidad de los cristianos, ha conmovido a todos los cristianos, que se mueven estos días entre la tristeza por la pérdida de este positivo referente y la confianza en un futuro sin divisiones, el que siempre había soñado el Hermano Roger.

 

La oración que se pronunció en voz alta al día siguiente de la muerte de Roger es una buena muestra de la paz con que esta comunidad reacciona incluso ante este golpe humano: “Tú, Cristo de compasión, nos concedes estar en comunión con quienes nos han precedido, y que pueden permanecer muy cerca de nosotros. Ponemos en tus manos a nuestro hermano Roger. Él ya está contemplando lo invisible. Tras él, tú nos preparas para acoger un resplandor de tu claridad”. Con la desaparición del fundador, la comunidad pasa ahora a estar dirigida por el hermano Alois, un católico que ya había sido designado en 1997 para sucederle.

 

Ya en la medianoche del mismo día 16, sólo pocas horas después del ataque mortal a Roger, se celebró en el mismo templo una oración con cantos, lecturas bíblicas y silencio. En esos minutos, el hermano François, uno de los más antiguos de Taizé, dijo en voz alta algunas reflexiones. “A la violencia, sólo podemos reaccionar con la paz. El Hermano Roger nunca dejó de insistir en ello. La paz pide un compromiso de todo el ser, en nuestro interior y fuera. La paz reclama toda nuestra persona”, comentó. En la misma línea, destacó que el fundador de la comunidad “siempre trabajó para que comprendiéramos hasta qué punto Dios nos ama con un amor que nunca acabará, que no excluye a nadie, ya que nos acepta tal como somos”.

 

Empezó escondiendo judíos

 

El embrión de Taizé se remonta a agosto de 1940 cuando, a la edad de 25 años, el hermano Roger dejó su país natal, Suiza, para ir a vivir a Francia, el país de su madre. Desde hacía varios años, llevaba consigo la llamada a crear una comunidad donde se concretase todos los días una reconciliación entre cristianos, “donde la bondad del corazón fuera vivida muy concretamente y donde el amor estuviera en el corazón de todo”. Esta creación, el hermano Roger deseaba insertarla en el sufrimiento del momento, y fue así como, en plena guerra mundial, se instaló en la pequeña aldea de Taizé, en Borgoña (este de Francia), a unos kilómetros de la línea de demarcación que dividía al país en dos. Escondió entonces a refugiados (particularmente a judíos), quienes sabían que, al escapar a la zona ocupada, podrían encontrar refugio en su casa.

 

Más tarde, algunos hermanos se unieron a él y, el día de Pascua de 1949, los primeros hermanos se comprometieron para toda la vida en el celibato, la vida común y una gran sencillez. En el silencio de un largo retiro, durante el invierno de 1952 y 1953, el fundador de la comunidad escribió la Regla de Taizé, que expresa para sus hermanos “lo esencial que permite la vida común”. A partir de los años 50, algunos hermanos fueron a vivir a lugares desfavorecidos para estar al lado de los que sufren. Desde finales de esa década, el número de jóvenes que visitan Taizé se incrementó sensiblemente. A partir de 1962, algunos hermanos y algunos jóvenes, enviados por Taizé, no dejaron de ir y venir a los países de Europa del Este, con la mayor discreción, para no comprometer a los que apoyaban. De 1962 a 1989, el propio hermano Roger visitó la mayoría de los países de Europa del Este, a veces para encuentros de jóvenes, autorizados pero muy vigilados, a veces para simples visitas, sin posibilidad de hablar en público (“me callaré con vosotros”, decía a los cristianos de esos países).

 

Fue en 1966 cuando algunas hermanas de San Andrés, comunidad católica internacional fundada hace más de 700 años, fueron a vivir a una aldea vecina de Taizé y comenzaron a asumir una parte de las labores de la acogida. Más recientemente, algunas hermanas ursulinas polacas se trasladaron al lugar también para aportar su colaboración.

 

Un centenar de religiosos

 

La comunidad de Taizé reúne actualmente a unos 100 hermanos, unos católicos y otros de diversos orígenes evangélicos, procedentes de más de 25 países. A través de su propia existencia, la comunidad es un signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y entre pueblos separados. En uno de sus últimos libros, titulado Dios sólo puede amar (PPC), el hermano Roger describía así su camino ecuménico: "¿Podría recordar a través de estas líneas que mi abuela materna descubrió intuitivamente como una clave para la vocación ecuménica y que ella me abrió un camino para concretarla? Marcado por el testimonio de su vida, y siendo todavía muy joven, encontré tras ella mi propia identidad de cristiano reconciliando en mí mismo la fe de mis orígenes con el misterio de la fe católica, sin ruptura de comunión con nadie".

 

Los hermanos de Taizé no aceptan ningún donativo ni regalo. Tampoco aceptan para ellos mismos sus propias herencias personales, sino que las dan a los más pobres. La comunidad se gana la vida con su trabajo, y comparte sus beneficios con otros. Algunas pequeñas fraternidades se encuentran actualmente insertadas en barrios desheredados en Asia, en África y en América del Sur y del Norte. Los religiosos intentan allí compartir las condiciones de vida de los que les rodean, y se esfuerzan para ser una presencia de amor al lado de los más pobres, niños de la calle, presos, moribundos, los que se encuentran heridos hasta en lo más profundo debido a rupturas afectivas, por abandonos humanos.

 

Procedentes del mundo entero, los jóvenes se encuentran actualmente en Taizé todas las semanas del año para encuentros que pueden reunir de un domingo a otros hasta a 6.000 personas llegadas de más de 70 naciones. Con los años, cientos de miles de jóvenes han pasado por Taizé, meditando sobre el binomio “vida interior y solidaridades humanas”. Buscan descubrir, en las fuentes de la fe, un sentido a su vida. Además, se preparan para asumir responsabilidades allí donde viven. Hombres de Iglesia visitan de igual modo Taizé. Así, la comunidad acogió al Papa Juan Pablo II, a tres arzobispos de Canterbury, a metropolitas ortodoxos, a los 14 obispos luteranos de Suecia y a numerosos pastores del mundo entero.

 

Para apoyar a las jóvenes generaciones, la comunidad de Taizé anima de forma permanente una “peregrinación de confianza a través de la Tierra”. Esta peregrinación no organiza a los jóvenes en un movimiento que estuviera centrado en la comunidad, sino que les estimula a ser portadores de paz, de reconciliación y de confianza en sus ciudades, universidades, lugares de trabajo o parroquias, todo ello en comunión con todas las generaciones. Como etapa de esa iniciativa, un encuentro europeo de 5 días reúne al final de cada año a varias decenas de miles de jóvenes en una gran ciudad europea, del Este o del Oeste.

 

Con ocasión del encuentro europeo, el hermano Roger publicaba todos los años una Carta, traducida a más de 50 lenguas, retomada y meditada durante un año por los jóvenes, allí donde viven o durante los encuentros en Taizé. Esta misiva, el fundador de Taizé a menudo la escribía a partir de un lugar de pobreza donde vivía por un tiempo (Calcuta, Chile, Haití, Etiopía, Filipinas, Sudáfrica…). Actualmente, por todo el mundo, el nombre de Taizé evoca paz, reconciliación y comunión, siempre a la espera de una primavera para la Iglesia: “Cuando la Iglesia escucha, cura y reconcilia, llega a ser lo que es en lo más luminoso de sí misma: diáfono reflejo de un amor”, aseguraba el hermano Roger.

Enlace relacionado

Hazte socio

También te puede gustar