Alto porcentaje de pederastas en las cárceles francesas

El 22 por ciento de los presos recluidos en cárceles francesas han sido condenados por infracciones sexuales. De éstos, un 75 por ciento han cometido …

El 22 por ciento de los presos recluidos en cárceles francesas han sido condenados por infracciones sexuales. De éstos, un 75 por ciento han cometido violaciones a menores, lo que equivale a decir que un 16,5 por ciento de los reclusos en Francia han cometido delitos de pederastia. Todavía está fresco en la memoria el caso de los 6 hombres condenados a finales de septiembre en Nanterre por haber difundido fotos pedófilas en internet; el de la condena a 10 personas que participaban en violaciones colectivas a niños en Saint-Omer, al norte de Francia, a primeros de julio de este año; o el escándalo que sacudió a los franceses cuando se descubrió, en mayo de 2003, que un grupo de personalidades públicas de Toulouse asistían a sesiones de sadomasoquismo con la participación de menores. Ante estos datos, cabe preguntarse ¿Por qué se reproducen tantos casos de pederastia en una sociedad laicista como la francesa?

En cifras globales, se ha pasado de las 1.100 personas encarceladas en Francia por delitos sexuales, un 5 por ciento de la población reclusa, a los más de 8.200 condenados por este tipo de delitos, el 22 por ciento a que hacíamos referencia. Los datos sobre el alto porcentaje de pederastas en las cárceles francesas ha saltado a los medios de comunicación a raíz de la noticia de que el Gobierno francés ha decidido poner en práctica la castración química para los delincuentes sexuales, en particular los pederastas. Los ensayos están previstos, a partir del 2005, en 48 reincidentes que se han ofrecido como voluntarios y que habían sido condenados por este tipo de delitos, estando en la actualidad en libertad. 

Castración química: ¿la solución?

El anuncio lo hacía el ministro de Justicia francés, Dominique Perben, en una entrevista concedida al diario LE PARISIEN. “Ante el aumento de la delincuencia sexual es urgente encontrar nuevos medios de acción”, explicaba el ministro para justificar la medida. En referencia a las sustancias que se emplearan en el ensayo y a las que se les atribuye una disminución de la hormona del deseo sexual, Perben ha manifestado: “Sabemos que existen sustancias, los antiandrógenos, muy eficaces para prevenir la reincidencia de los pederastas, pero disponemos de pocos ensayos terapéuticos comparativos”. Atajar el mal cuando ya existe parece ser la mejor solución para el ministro, quien no ha hecho ninguna referencia al posible origen del problema, ni a la posibilidad de replantearse el modelo educativo y el estilo de vida que caracteriza a la actual sociedad francesa.

Antecedentes próximos

El tribunal correccional de Nanterre, en las afueras de París, condenaba el pasado 28 de septiembre a 6 hombres a prisión por haber difundido en internet fotografías y vídeos pedófilos en 2001 y 2002. De ellos, Michel Mottu, de 44 años, era condenado a 6 meses de prisión y 42 meses con remisión condicional por crear 2 redes de imágenes sexuales con niños. Otro miembro de la red, Juan-Luc Desomberg, de 42 años, tenía en su casa unas 11.000 imágenes que mostraban agresiones sexuales o violaciones de menores y 900 vídeos.

El 2 de julio de este mismo año, el Tribunal de lo Criminal de Saint-Omer, en el norte de Francia, condenaba a 10 personas por participar en violaciones colectivas a niños, ocurridas entre 1995 y 2000. Entre los inculpados había un matrimonio que reconoció haber abusado de sus propios hijos, entre las 18 víctimas del caso. Thierry y Miryam Delay, sentenciados a 20 y 15 años respectivamente, recibían dinero de sus vecinos, David Delplanque y Aurelie Grenon, por participar en las orgías que organizaban.

Un poco más lejano en el tiempo queda el escándalo que sacudió a Francia en mayo del 2003. Un grupo de personalidades públicas de Toulouse participaban supuestamente en sesiones de sadomasoquismo organizadas por un asesino múltiple. El caso obligó al Gobierno a sustituir al jefe de los fiscales del Tribunal de Apelación de esa ciudad, al sur de Francia. Jean Volff era acusado entonces por prostitutas de haber frecuentado esas sesiones, en las que participaban menores de edad.

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