‘Amazing Grace’: el ejemplo de William Wilberforce al abolir la esclavitud

En cines de todo el mundo se estrenó el 23 de febrero de 2006la película Amazing Grace, de Michael Apted, basada en la vida de William W…

En cines de todo el mundo se estrenó el 23 de febrero de 2006la película Amazing Grace, de Michael Apted, basada en la vida de William Wilberfoce, el político cristiano que consiguió abolir la esclavitud en el Imperio británico.

El título de la película es el mismo que el delhimno cristiano compuesto por John Newton, quien había sido capitán de barcos negreros muchos años. En una tormenta en el mar se convirtió, se arrepintió del sufrimiento causado a miles de personas y se hizo clérigo. Wilberforce le conoció y quedó impactado por él.

En España el filme se estrenó más tarde,y justamente el 23 de febrero de 2007se cumplían200 años de la votación que puso fuera de la legalidad el tráfico de seres humanos en los dominios británicos. Fue también un 23 de febrero, pero de 1807,por 283 votos a favor y 16 en contra, la Cámara de los Comunes aprobó la Slave Trade Act, que recibió el asentimiento real el 25 de marzo de ese mismo año.

Wilberforce, un metodista amigo del primer ministro

William Wilberforce nació el 24 de agosto de 1759 en Hull, condado de Yorkshire. Hijo de un rico mercader, huérfano a los 17 años, se traslado con sus tíos en Londres. Por su tía Hannah conoció el metodismo, denominación protestante fundada por John Wesley en el seno de la Iglesia anglicana. El metodismo sacaba la predicación a las calles, fuera de los templos, y pedía con ardor una reforma de las costumbres frente a un anglicanismo cada vez más “culto de Estado”. Muerto Wesley, el metodismo se separó de la Iglesia Anglicana.

En 1776, el joven Wilberforce, estudiando en el St John´s College de Cambridge, entabló una profunda amistad con William Pitt, que habría de ser Primer Ministro de Gran Bretaña durante 20 años. Pitt nunca fue un hombre especialmente moral: Wilberforce sería su conciencia en muchas ocasiones, como reconoció el propio Pitt.

Parlamentario a los 21 años

Poco interesado en los negocios familiares, Wilberforce decidió dedicarse a la política desde muy joven. Con tan solo 21 años, en septiembre de 1780, fue elegido miembro del parlamento por Hull como independiente entre los Tories. Tres años después su amigo Pitt se convirtió en Primer Ministro.

Wilberforce veía en la política un instrumento reformar la sociedad a partir de los valores éticos y morales del evangelio. Wilberforce no era tanto un político que en su vida privada era cristiano, como un cristiano que quiso valerse de la acción política para servir a la sociedad. Así podía escribir:

“Dios Todopoderoso ha puesto delante de mí dos grandes objetivos: la supresión del tráfico de esclavos y la reforma de las costumbres”.

Nunca escondió su condición de hombre de fe. Al contrario, hizo de la fe su fuente de acción política.

Contra el esclavismo

Su campaña abolicionista no fue tarea fácil. La esclavitud no acababa de ser vista por la sociedad británica como algo intrínsicamente malo. Tampoco ayudaba nada la posibilidad de un conflicto armado con la Francia revolucionaria. Los británicos estaban más preocupados por la suerte de su patria tras lo ocurrido en el país vecino, que en la suerte de los esclavos.

Pese a todo, Wilberforce y sus compañeros abolicionistas –Charles Fox en la Cámara de los Comunes y Lord Genville en la Cámara de los Lores- no cejaron en el empeño, ni se echaron atrás ante las constantes derrotas en votaciones parlamentarias.

La muerte de Fox en septiembre de 1806 parecía ser un golpe definitivo para el grupo de abolicionistas, pero lo cierto es que Wilberforce dedicó los últimos meses de ese año a escribir su ensayo A Letter on the Abolition of the Slave Trade (Carta sobre la Abolición del Tráfico de Esclavos). Publicado el 31 de enero del 1807, fue determinante en la victoria de la causa en favor de la dignidad humana.

Lord Grenville consiguió que la Cámara de los Lores aprobara por un margen insospechadamente favorable un proyecto de ley abolicionista. La Cámara de los Comunes confirmó dicho proyecto de ley. Veinte años de lucha se vieron coronados por el éxito.

Liberar a los ya esclavos

Wilberforce no sólo combatió la esclavitud. Trabajó también a favor de las misiones cristianas británicas en la India y el continente africano y encabezó una campaña en contra del maltrato de los animales.

Aunque ya había sido abolido el tráfico de esclavos (su captura y comercio) no se habían liberado aquellos que ya tenían esta condición. El último discurso parlamentario de Wilberforce el 11 de junio del 1823 fue a favor de la total emancipación de los esclavos, lo que supondría la desaparición de la esclavitud en Gran Bretaña y sus colonias.

Su salud fue deteriorándose y a principios de 1825 renunció a su sillón en el parlamento. En los años que siguieron hasta su muerte continuó su labor a través de cartas a su amplísimo círculo de amistades, a las cuales animaba constantemente para lograr la total abolición de la esclavitud.

Tuvo tiempo de ver cómo el Acta de Abolición de la Esclavitud fue aprobada por la Cámara de los Comunes el 26 de julio de 1833. Tres días después entregó su alma a su Creador. Un mes después, ese Acta fue ratificada y los esclavos fueron por fin libre en el Imperio Británico.

No faltó quien quiso ver un paralelismo entre la muerte de Moisés y la de Wilberforce, producidas ambas justo antes de ver consumado aquello a lo que habían entregado lo mejor de sus vidas.

¿Quiénes son los Wilberforce de hoy en los parlamentos?

Wilberforce es un referente para el político cristiano de nuestro tiempo. Es el ejemplo de cómo merece la pena dedicar toda una vida a defender la dignidad de todos los hombres, aunque para ello haya que enfrentarse a una sociedad y una clase política poco digna de llamarse civilizada.

Hoy Wilberforce estaría defendiendo la abolición del aborto en el parlamento británico como defendió la abolición de la esclavitud. Si la esclavitud atentaba contra la dignidad humana, el aborto es su negación absoluta. También le veríamos oponerse a toda legislación contraria a la ley natural, a la familia tradicional como célula primordial de la sociedad.

Hay escasez de hombres y mujeres como él, protestantes o católicos, en la política de Occidente. Quizá la película “Amazing Grace” anime a algún político y a muchos ciudadanos a recoger el testigo que hoy está en el suelo.

El catolicismo y la esclavitud

Uno de los hijos de Wilberforce, que había sido pastor anglicano, luego se hizo sacerdote católico en la anti-católica Inglaterra del s.XIX. Ser antiesclavista siendo metodista (una nueva denominación) era quizá distinto que serlo desde los 1800 años del catolicismo. ¿Cómo coexistió la Iglesia con la esclavitud?

Cuando el Imperio romano se cristianizó, la institución esclavista cambió. El emperador Constantino prohibió que se separan las familias de esclavos, puesto que la Iglesia insistía en el esclavo como una persona completa, con derecho a estar con su familia. La manumisión fue imponiéndose.

Durante el generalmente despreciado milenio medieval cristiano, la esclavitud prácticamente desapareció. Nada tiene que ver el “servus” de la Antiguedad con el “servus” medieval. El primero era considerado como una cosa, como un bien material, como un auténtico esclavo. El segundo era una persona.

La esclavitud reaparece en la Italia renacentista de los siglos XIII y XIV y en el Portugal del siglo XV, países cuyas clases aristocráticas tenían algunos esclavos como nota exótica de distinción.

Pero en el siglo XVI el tráfico de esclavos se generaliza, sobre todo con el continente americano. En su visita a Senegal en el año 1992, Juan Pablo II lamentó que personas bautizadas participaran en el escandaloso comercio de esclavos.

El Papa recordó también la condena que Pío II (1458-1464) hizo de la esclavitud – a la que llamó “magnus scelus”, crimen horrendo- secundado por otros Papas como Pablo III, Urbano VIII y Benedicto XIV.

Ya en el siglo XIX, Pío VII demandó del Congreso de Viena (1814-1815) la supresión del tráfico de esclavos, Gregorio XVI volvió a condenarlo y León XIII escribió una carta a los obispos brasileños, en 1888, que provocó la total implicación de los mismos en la tarea de conseguir la liberación de esclavos.

Aunque felizmente erradicada de Occidente, la esclavitud sigue siendo hoy una realidad en algunos países. Asociaciones cristianas liberan esclavos comprándolos en Sudan: comprar hoy un esclavo para liberarlo cuesta 45 dólares según la televisión cristiana TBN.

En 1867 escribía San Daniel Comboni esta carta que sirve para describir lo que todavía ocurre en amplias zonas del Tercer Mundo:

“Entre tantos males como atormentan a los infelices pueblos de África Central, uno de los más deplorables, que yo mismo he presenciado a menudo en las tribus del Nilo Blanco, es el robo violento o clandestino de pobres seres humanos —que poseen un alma tan preciosa y un corazón tan noble como podamos tener nosotros— y especialmente de niños de ambos sexos.

Esta tremenda aberración moral, este olvido de toda humanidad, es en parte resultado de la infame ansia de los más fuertes y poderosos por mejorar su situación mediante el comercio de esclavos.

Ahora, en el momento en que hablo de estas cosas, hay cientos de miles de personas que, a causa de la guerra y de la codicia de los traficantes, son arrancadas de su patria, expuestas a toda clase de males, y condenadas a no volver a ver a sus padres ni el lugar en que han nacido y a tener que suspirar toda su vida bajo el peso cruel de la más dura esclavitud”.

Mientras haya niños soldados, mientras haya mujeres que son moneda de cambio por bienes materiales, mientras haya hombres que viven bajo el yugo de la esclavitud, la humanidad no podrá decir que se ha librado de una de las peores lacras que la acompañan a lo largo de la Historia. Es hora ya de pasar página.

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