Amenábar deforma la historia de Hipatia en Ágora para reforzar el sentimiento antirreligioso

La película Ágora, del director de cine Alejandro Amenábar, sigue generando polémica por la manipulación que hace e…

La película Ágora, del director de cine Alejandro Amenábar, sigue generando polémica por la manipulación que hace en su filme tanto de las figuras históricas como de los hechos que sucedieron.

En una mesa redonda organizada el pasado 28 de octubre por la Universidad CEU San Pablo y titulada La verdadera historia de Hipatia, historiadores y expertos en cine llegaron a la conclusión de que Amenábar desvirtúa la historia de Hipatia para reforzar el sentimiento antirreligioso.

Ágora, ambientada en el Egipto de los siglos IV y V, habla de la intolerancia y el lastre que las religiones suponen para el desarrollo de las ciencias y el progreso, a la vez que muestra a Hipatia, su protagonista, como un nuevo estandarte de ‘laicidad santa’ en un contexto histórico deformado, para abordar los temas culturales que a Amenábar le interesa difundir. Así lo consideran profesores de la Universidad Complutense y el CEU.

“Mártir del fanatismo religioso”

El profesor de narrativa audiovisual de la Universidad CEU San Pablo, Juan Orellana, comentó que el director madrileño “muestra un retrato de Hipatia llena de virtudes, que se identifican con la antropología cristiana, es bondadosa, tolerante, prudente, gentil con los esclavos, ama y busca la verdad, incluso una virgen consagrada al estudio de la Ciencia. Y además, se la representa en oposición a un cristianismo corrupto. Es una santa laica, que muere mártir del fanatismo religioso”.

Lo que presenta la filmación, a juicio del ponente, es la supuesta contraposición entre un ámbito de la razón, representado por Hipatia y sus clases, como templo de la cultura y el respeto, frente al escenario de las revueltas callejeras de los fanáticos religiosos. Se muestra la imagen de una religión que detesta la Ciencia como si fuera el enemigo”, asientió Orellana.

Con la película no se pretende cambiar la concepción que el espectador tiene de un hecho histórico del pasado, sino lo que interesa es que el público emita un juicio sobre realidades del presente” apuntó el profesor de Narrativa. Así, “el cineasta propone su propia filosofía de la Historia, y digo Historia con minúsculas. De tal forma que el espectador puede concluir qué desgracia para los hombres que hayan existido las religiones.

Orellana explicó que, pese a ser un indiscutible profesional, el cineasta está perdiendo oportunidades de hacer buen cine a costa de difundir ideales culturales que a él le interesan, como se hizo patente en Mar abierto. Así, “la película tiene un eje trasversal feminista, ya que se le atribuyen a Hipatia, personaje histórico del SVI, notas reivindicativas del S.XX.”, comentó.

“Choque entre fe y razón”

Así, la versión de la historia de Hipatia que propone Amenábar induce a un choque irremediable entre la fe y la razón, confundiendo con la “fe” a la superstición, y entendiendo por “razón” sólo el concepto que se identifica con su vertiente más positivista y matemática.

Se da una imagen sesgada, falsa y difícil de creer si se recuerda la obra de San Cirilo y la aportación de la Iglesia Católica a lo largo de los siglos para el desarrollo de las Artes y las ciencias. Sólo hay que repasar el pontificado de Benedicto XVI, y su encíclica ‘Fides et Ratio, comentó.

En cuanto a la representación del contexto histórico que realiza el film, el académico y profesor de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, Miguel Herrero, destacó que la imagen que aparece de la iglesia de Clemente y Cirilo, es justamente “opuesta a la real.

De esta manera, la Iglesia de Alejandría que se muestra en la película es una Iglesia que interpreta la Escritura al pie de la letra, cuando Alejandría era justo un claro estandarte de conciliación entre fe y razón. Este enfoque niega la variedad del cristianismo del momento”, comentó el profesor.

Así, la figura de San Cirilo es una de las que más se perjudica en la película, retratado como un personaje tosco, “siendo en realidad uno de los teólogos más sabios de la Iglesia, que aplica las categorías neoplatónicas al concepto de la Trinidad, que se debate posteriormente en dos concilios, explicó el profesor de la Complutense.

Otros detalles, como la edad verdadera de Hipatia en el momento de su asesinato, no reflejan la realidad, ya que se calcula que la letrada rondaría por aquel momento los cincuenta años, afirma el profesor Miguel Herrero.

Así, se presenta la Alejandría de los siglos III, IV y V como la cuna de la cultura pagana, atribuyendo el progreso como propiedad exclusiva de éstos, y siendo los cristianos un componente que promovió la rebelión, comenta Hipólito Sanchiz, profesor Historia de la Universidad CEU San Pablo. Por el contrario, “en el momento histórico al que se remite la película finalizan cincuenta años de anarquía militar, de hecho, en el mismo siglo IV son asesinados dos obispos.

En cuanto a las fuentes literarias fiables que existen sobre la muerte de Hipatia, declara Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor Historia Medieval de la CEU USP, son escasas y difusas”. El profesor destaca que la obra más fiable de las dos más cercanas en al tiempo de Hipatia, apelando a un profesor de la Universidad de Harvard, es la de Sócrates el eclesiástico, escritor católico, y la otra es la crónica del arriano Filostorbio, que apuntaba incluso que la filósofa había sido bautizada al arrianismo.

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