Amenábar, la denigración de lo cristiano y la nueva derecha

La denigración de lo cristiano ligado a la exaltación de lo pagano es, sobre todo, una idea y una batalla de la Nueva Derecha, má…

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La denigración de lo cristiano ligado a la exaltación de lo pagano es, sobre todo, una idea y una batalla de la Nueva Derecha, más que corresponder a la etiología de determinada izquierda, ciertamente anticlerical y anticristiana, pero no defensora de la idealización de la sociedad pagana. En este sentido, la orientación de Amenábar en Ágorase situaría de lleno en la corriente que han venido representando Louis Pauwels, Alain de Benoist y Philip Conrad, para citar tres de los más destacados. Su idea se justifica en Nietzsche y en un gran salto atrás en los autores paganos, que como Celso (“Contra los Cristianos”), filósofo platónico contemporáneo de Marco Aurelio, combaten el cristianismo “un montón de esclavos, indigentes, de descontentos, gente sin nada… maldicen la buena vida, condenan toda la cultura pagana”.

Esta visión anticristiana fruto de una élite más hedonista que platónica tiene un excelente reflejo visual en la escenografía que ha montado Amenábar. No, no es la recreación de un hombre de izquierdas, sino la imaginación de la “Nueva” y “vieja” derecha, la de Gibbon, el historiador inglés de la decadencia romana del siglo XVIII, que responsabiliza al cristianismo de la caída del imperio, el Mitólogo Frazer (El Ramo de Oro) y de manera especial el teólogo nazi Rosenberg (El mito del Siglo XX). Ese es el marco de referencia implícito del imaginario que Amenábar propaga. Que eso se lo compre la postizquierda española es simplemente un problema de incultura y de ausencia de referencias culturales.

Presentar a la mujer en el ámbito de lo que fue la sociedad pagana, en unas condiciones de emancipación como las que caracterizan a Hipatia, resultaría absolutamente incomprensible si no se advierte al mismo tiempo que es el creciente desarrollo del cristianismo y su concepción de igual dignidad de hombre y mujer que lo hacen posible. El paganismo, los clásicos griegos y romanos, confieren a la mujer un papel subalterno y esencialmente doméstico y para nada vinculado a las instituciones públicas, excepto en determinados y específicos cultos religiosos. Es decir, Hipatia es el resultado de la evolución de una sociedad influenciada de manera creciente por el cristianismo. Esto nuestro director de cine lo escamotea.

Asimismo, de la misma manera que Amenábar presenta a Hipatia es necesario recordar otras figuras de mujeres filósofas o escritoras, como Eudocia, nacida en una familia pagana como Atenais y convertida luego al cristianismo. La presencia pública de mujeres en una sociedad que se estaba cristianizando solo se explica por este último hecho, lo cual contradice frontalmente lo que Amenábar nos relata. Como lo hace el querer presentar el paganismo, el propio neoplatonismo, como una fuente de razón y de luz. Qué duda cabe que Platón, como otros clásicos, hizo importantes aportaciones a la filosofía, pero lo que conocemos como bueno de ellas está pasado por el tamiz de la interpretación y, en muchos casos, como el de San Agustín, la recreación cristiana.

El platonismo completo, a palo seco y sin matices, sería algo inasumible para una mente ilustrada y quien lo dude solamente debe interesarse por La República. La idea de una confrontación brutal entre cristianos y paganos también está falseada absolutamente. En el imperio de Bizancio y en Alejandría en particular se produjeron en los siglos IV y V numerosas algaradas fruto de las tensiones entre las distintas corrientes políticas y de los propios cristianos. Murió Hipatia pero también murieron obispos antes que ella. Fue un periodo de fuertes pugnas políticas. Esto es tan evidente que las relaciones entre los pensadores cristianos y paganos fueron en general, buenas. En realidad, muchos pertenecían a las mismas familias. La propia Hipatia tuvo entre sus alumnos a cristianos y paganos, y actuó como asesora áulica del gobierno de su ciudad.

Y la constatación de todo esto, de que el asesinato de Hipatia fue el fruto de un grupo y de una algarada y no el resultado de una confrontación “entre lo cristiano y lo pagano”, es tan evidente como el hecho de que la escuela platónica de Alejandría continuó funcionando con normalidad durante más de 200 años después de su muerte. Y, sobre todo, la premisa mayor: los que persiguieron masivamente, reprimieron, torturaron y mataron fueron los paganos a los cristianos en nombre del paganismo y de razones que hoy nos parecen brutalmente irracionales, como lo constatan las propias actas de los juicios romanos.

Amenábar engaña tanto, miente tanto con sus imágenes y argumento, que hace de la película más cara rodada en España un panfleto político anticristiano que la “Nueva Derecha”, aplaude.

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