Amor y Matrimonio I: presentación

Iniciamos hoy una serie de escritos sobre el amor y el matrimonio. Nos ha movido a hacerlo la crisis actual que pesa sobre el matrimonio y las reflexiones que el Papa Francisco hace en el capítulo 4º del documento la Alegria del Amor (Amoris Lætitia).

Si bien los abuelos podemos pensar que ya nos ha pasado el tiempo de educar a los hijos, esto no es así: el amor debemos hacerlo crecer cada día entre nosotros y también tenemos que seguir transmitiéndolo a los hijos… y les podemos dar una ayuda hablando con los nietos.

La Alegría del amor es un documento que todos deberíamos leer. Por lo menos el capítulo 4º, que habla del amor y el matrimonio, y 7º referente a la educación de los hijos.

Nuestra intención es hacer unos escritos fáciles, cortos y asequibles, que recogen las ideas principales del documento, para hacerlo asequible a aquellas personas que –por las razones que sean– no leerán todo el documento. Esperamos que os sean útiles.

*                 *                 *

La vida

El matrimonio es una íntima comunidad conyugal de vida y de amor, y la sexualidad está ordenada al amor conyugal del hombre y la mujer. Esta unión está ordenada a la generación por su propio carácter natural. El hijo que llega no viene de fuera a añadirse al amor de los esposos, brota del corazón mismo de ese don recíproco, no es el final de un proceso, sino que está presente desde el mismo momento del inicio del amor.

El hijo reclama nacer de este amor y no de cualquier manera, ya que él no es un derecho, sino un don, fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres.

Hoy se está difundiendo una mentalidad que reduce la generación de la vida a una variable de los proyectos individuales o de los cónyuges. Hay que redescubrir la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración moral de los métodos de regulación de la natalidad.

Es tan grande el valor de la vida humana que de ninguna manera se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones respecto a esta vida, que es un fin en sí misma y que nunca puede ser objeto de dominio por parte de otro ser humano.

La familia

La familia es el santuario de la vida, el lugar donde es engendrada y se cuida y es una desgarradora contradicción que se convierta en el lugar donde la vida es negada y destrozada.

Gracias a la familia se hace creíble la belleza del matrimonio indisoluble y fiel para siempre. En la familia se aprende la paciencia, el perdón generoso y reiterado, la oración y la ofrenda de la propia vida.

En su unión de amor los esposos experimentan la belleza de la paternidad y la maternidad, comparten proyectos y fatigas, deseos y aficiones, aprenden a cuidar el uno del otro y a perdonarse mutuamente. Celebran los momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles…

Los frutos que hacen única e insustituible la respuesta a la vocación de la familia son la belleza del don recíproco y gratuito, la alegría por la vida que nace y el cuidado amoroso de todos sus miembros, desde los pequeños hasta los ancianos.

El hecho de que un solo hombre se una a una sola mujer en un lazo indisoluble, de modo que no puedan separarse, sean cuales sean las dificultades e incluso cuando se haya perdido la esperanza de tener hijos, eso no puede pasar sin un gran misterio.

La educación de los hijos

La educación integral de los hijos es una obligación gravísima y un derecho primario de los padres. Es un derecho esencial e insustituible que tienen que defender y que nadie debería pretender quitárselo. El Estado ofrece un servicio educativo subsidiario, acompañando la tarea indelegable de los padres que tienen el derecho de poder elegir con libertad el tipo de educación que deseen dar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones.

La escuela no sustituye a los padres, sino que los complementa. Este es un principio básico. Pero hoy se ha abierto una brecha entra familia y sociedad, entre familia y escuela: el pacto educativo ha roto y la alianza educativa de la sociedad con la familia, ha entrado en crisis.

El amor cotidiano

San Pablo en la primera carta a los corintios (1 C 13, 4-7) escribe un himno a la caridad donde plasma algunas características del amor verdadero que tenemos que vivir y cultivar los esposos cada día –todos los días– entre nosotros y con los hijos.

He aquí el texto que comentaremos para aprender a poner por obra la verdadera caridad.

“El amor es paciente,

es bondadoso,

no tiene envidia,

no se vanagloria,

no se enorgullece,

no es insolente,

no busca el propio interés,

no se irrita,

no tiene en cuenta el mal,

no se alegra de la injusticia,

se alegra con la verdad.

Todo lo excusa,

todo lo cree,

todo lo espera,

todo lo soporta.”

 

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>