El amor un recurso escaso

Si hay una palabra repetida hasta la saciedad en nuestras vidas, esta es amor. Toda la literatura, la grande y la pequeña han crecido de su semilla, fructificando en monumentos de humanidad. El amor platónico de Dante por Beatriz es motor y trama de la Divina Comedia, y en el lado oscuro de la fuerza, la pasión posesiva y trágica de Otelo por Desdémona, ejemplifica el amor degradado. Entre ambos extremos una gama tan extensa como las variaciones humanas de formas de amar, entregadas, luminosas, tranquilas, posesivas, odiosas. Alguna de ellas son el germen de grandes tragedias, como lo muestra la pasión entre Paris y Helena, que narra Homero en la Ilíada, en los inicios de lo que sería la literatura Occidental, y que desencadena, cruzada con otras pasiones, un torrente de destrucción. Y aquí una acotación: la de Otelo sigue siendo una actitud bien actual, el amor de Dante grandioso y casto o el que narra Homero como origen mítico de un gran conflicto, resultan de difícil traslación. Es un signo que merece reflexión.

Pero no solo existe amor carnal entre un hombre y una mujer. Existen otras manifestaciones del amor, que nuestro reduccionismo verbal no expresa bien, como el que se da en la paternidad, la maternidad, la filiación y la fraternidad. La amistad es una variante de amor, como lo debería ser el sentimiento que une a los compatriotas, la concordia, que debe ser equilibrada, con el amor al emigrante, al refugiado. La tradición cristiana, pero, no solo ella, insiste mucho en este punto. El gran ciprés que acompaña todavía algunas de nuestras masías es el signo de esta acogida.

Pero el amor no surge y, sobre todo, no se mantiene de la nada. Requiere del conocimiento y la práctica de unas virtudes muy específicas. Sin ellas, se convierte en pasión efímera, posesión opresora, hipocresía que engaña. Y tengo para mí que en nuestra sociedad desvinculada todo esto está muy olvidado, incluso menospreciado.

El amor es decisivo porque es lo único que queda a la hora de la verdad cuando la fe ya no es necesaria y la esperanza ha quedado atrás.

El amor no puede ser una palabra sin sentido o con demasiados. Es una realidad tangible, un transformador de vidas e historias, que convierten sentimientos en resultados prácticos.

Solo hay amor si existen determinadas virtudes: se es paciente y se posee la fortaleza de soportarlo todo, porque todo lo espera, y por tanto no se irrita. El amor vive en la esperanza del otro, de los otros siempre, porque cree en él y le ayuda. Es bondadoso, es decir, piensa y actúa procurando el bien del otro. Corrige su orgullo, y así consigue rechazar la envidia. Y todo ello lo inmuniza ante el egoísmo. No ve al otro como una fuente para su satisfacción, sino como una causa a la que entregarse. Por todo ello, nunca puede ser vengativo. Quien busca venganza por una relación rota, un acuerdo fallido, una esperanza frustrada, no ama.  No utiliza la grosería nunca, con nadie. Ni se complace en la mentira, al contrario se alegra en la verdad.

Esto es amor y explica porque en nuestro tiempo es un recurso escaso.

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