Año Nuevo, vida… mejor

Comenzamos un año nuevo y es por ello también un momento oportuno para quizá, tras el previo balance del año finado, pedir…

Comenzamos un año nuevo y es por ello también un momento oportuno para quizá, tras el previo balance del año finado, pedir perdón por las faltas, menoscabos y quebrantos que hayamos podido cometer y, asimismo, dar gracias por los innumerables beneficios, favores yapoyos que hemos recibido, muchos de ellos seguramente desconocidos por nosotros mismos, a pesar de la cruel y coyuntural crisis de valores y económica que nos azota.

Es un tópico sempiterno desear una vida nueva de cara a cada año nuevo, pero a decir verdad, lo deseable es tener una vida mejor, porque es innegable que todos los actos humanos son susceptibles de ser optimizados y perfeccionados, aun aquellos que tengan de suyo un reconocimiento plausible y una estimable valía constatada. Mejorar siempre obedecerá a crecer en virtudes y prosperar en la entrega desinteresada con la que cada día colmemos a nuestro prójimo.
Conscientes de que el género humano es peregrino en un mundo efímero, limitado y contingente, y que el tiempo del que disponemos es más o menos corto en comparación con la eternidad, deberemos llenarlo de un intenso amor hacia quienes nos rodean; deberemos aprovecharlo sin dilapidarsu intensidad para sacar el máximo rendimiento de nuestras capacidades; deberemos realizar los trabajos bien acabados; y deberemos cumplir con el destino que cada persona descubra en su terreno caminar.
Para muchos la vida pasa como una penumbra crepuscular, o como una condena, o como un devenir frívolo, o como una existencia fugaz poco jugosa. También para muchos intelectuales, cuyo presuntuoso engreimiento les lleva a afirmar un agnosticismo desmedido, la vida no es más que una sucesión de vicisitudes casuales que desfilan ante sus ojos rodando por la pendiente de una existenciavacua e inane, sin pensar en la última parada del trayecto vital: la inmortalidad del alma.
El tiempo es comparable a la sombra fugitiva que desaparece cuando la queremos abrazar; a quien corta las olas sin dejar huellas de su paso; a la flecha que cruza el espacio con gran rapidez sin detenerse en su camino… Por tanto, podemos concluir que la vida es breve para todos los seres humanos y que a tal efecto debemos acumular méritos que reviertan en la mejora de la sociedad que en cada momento nos tocar vivir, desde dentro, desde las entrañas mismas del mundo que nos rodea.
Quien vive únicamente de ilusiones, de sueños, de quimeras, está desperdiciando un tesoro de incalculable valor. Son las realidades tangibles las que nutren el tránsito de la vida, una vida que de un modo u otro nos va triturando con adversidades, tribulaciones y contrariedades para que saquemos precisamente aquellos frutos que dignifican al ser humano, escribiendo de este modo las páginas del libro de la alegría.
Año nuevo, vida…mejor. Los valores humanos unidos a las probidades espirituales irán conformando nuestras propias vidas llenándolas de pleno sentido, así como mantendrán latente, estable y perenne el pulso de la sociedad. Saquemos fuerzas del año nuevo para servir y no ser ingratos, para crecer en humildad, para ejercitarnos en la escucha a los demás, para alejar el orgullo y practicar la solidaridad, para ser más condescendientes con la familia, para quitar leña de la hoguera del rencor, para disipar los errores que nos endiosan, para no adquirir riquezas con tanta ambición, para no anclarnos en un conformismo acomodaticio que ignore el dolor ajeno, para que las lágrimas se conviertan en néctar de amor… En definitiva, hacer de la vida ordinaria el medio natural que deja la impronta de la felicidad alpaso de nuestro caminar por la tierra. Hagamos también hoy el propósito de convertir las derrotas en victorias, los contratiempos en prosperidad, comenzando y recomenzando cuantas veces sea preciso, sin avergonzarnos de nuestras caídas.
El tiempo es un regalo. Reconozcamos la fragilidad de esta vida y sus engaños. Todo es locura si no se buscó la vida eterna, cuya duración es imperecedera, es para siempre. Ojalá alcancemos la suficiente luz sobrenatural para despreciar lo temporal y codiciar únicamente lo perpetuo.
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