Apremiante llamada del Papa para que se proteja a los civiles atrapados en Mosul

También pide protección para “los desplazados a causa de la guerra”, renueva a todos el “llamado a colaborar” y anima a la “querida nación iraquí” a conservar la “riqueza” de sus diferencias étnicas y religiosas

El Papa Francisco hizo una nueva llamada por las “poblaciones civiles atrapadas en los barrios occidentales de Mosul”, al final de la audiencia general de este miércoles 29 de marzo en la Plaza San Pedro. También recordó a los desplazados provocados por las guerras, animando a la “querida nación iraquí” a conservar la “riqueza” que representa el “mosaico” de sus diferentes elementos étnicos y religiosos. Durante la catequesis, Francisco dijo que “abrir el corazón” a la fe es el único “precio” que hay que pagar para que Dios haga cosas “milagrosas” y le enseñe al hombre qué es la “esperanza contra toda esperanza”.

Antes de la audiencia, el pontífice argentino recibió en la salita que se encuentra al lado del aula Pablo VI a los que participaron en una reunión del comité permanente para el diálogo interreligioso entre el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso del cardenal Jean-Louis Tauran y las ‘superintendencias’ iraquíes chiita, sunita y para los cristianos yazidíes y sabeos/mandeos. “La riqueza de la querida nación iraquí –dijo Francisco al final de la audiencia– se encuentra precisamente en este mosaico que representa la unidad en la diversidad, la fuerza en la unión, la prosperidad en la armonía. Queridos hermanos, los animo a seguir adelante por este camino y los invito a rezar para que Irak encuentre en la reconciliación y en la armonía entre sus diferentes componentes étnicos y religiosos, la paz, la unidad y la prosperidad. Mi pensamiento va a las poblaciones civiles atrapadas en los barrios occidentales de Mosul y a los desplazados por causa de la guerra, a quienes me siento unido en el sufrimiento, mediante la oración y la cercanía espiritual. Al expresar profundo dolor por las víctimas del sangriento conflicto, renuevo a todos la llamada a colaborar con todas las fuerzas en la protección de los civiles, como requisito imperativo y urgente”.

Durante la catequesis, el Papa prosiguió con el ciclo dedicado a la esperanza cristiana y reflexionó sobre el concepto de la “esperanza contra toda esperanza” a la que se refiere San Pablo en la Carta a los Romanos. “Estamos acostumbrados a reconocer en Abraham a nuestro padre en la fe; hoy el apóstol nos hace comprender que Abraham es para nosotros padre de la esperanza; no sólo padre en la fe, sino padre en la esperanza. Y esto porque en su historia podemos ya aprehender un anuncio de la Resurrección, de la vida nueva que vence el mal y la misma muerte”, dijo Francisco. “Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su esposa Sara”, prosiguió Francisco. “Era el final para ellos –recordó– , no podían tener hijos y ahí, en esa situación, Abraham cree y tuvo esperanza contra toda esperanza. ¡Y esto es grande! La gran esperanza hunde sus raíces en la fe, y justamente por esto es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios”.

El Papa añadió: “Me gustaría hacerles una pregunta, ¿eh?: ¿Nosotros, todos nosotros, estamos convencidos de esto? ¿Estamos convencidos de que Dios nos quiere mucho y que todo aquello que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? Pero Padre, ¿Cuánto debemos pagar por esto? (El Señor responde): “Hay un precio: abrir el corazón”. Abran sus corazones y esta fuerza de Dios llevará adelante y hará cosas milagrosas y les enseñará que cosa es la esperanza. Este es el único precio: abrir el corazón a la fe y Él hará el resto. ¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando quien promete es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida”. El Papa concluyó dirigiéndose a los fieles en la Plaza: “Hoy estamos todos en la plaza, alabemos al Señor, cantaremos el Padre Nuestro, luego recibiremos la bendición… pero esto pasa. Pero esto, también, es una promesa de esperanza. Si nosotros hoy tenemos el corazón abierto, les aseguro que todos nosotros nos encontraremos en la plaza del Cielo por siempre, que no pasa nunca. Y esta es la promesa de Dios. Y es la esperanza contra toda esperanza”.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>