Así financiaba el Tripartito las campañas laicistas de exclusión religiosa

España es un país aconfesional, no laico, tal y como expresa la Constitución. A pesar de eso el último Gobierno Tripartito…

España es un país aconfesional, no laico, tal y como expresa la Constitución. A pesar de eso el último Gobierno Tripartito de la Generalitat de Cataluña promocionó e impulsó el laicismo a través de organizaciones cuyo único propósito era excluir la religión del espacio público.

Un ejemplo de esta determinación contra lo religioso está en el convenio que firmó la Generalitat con la Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia en representación de la Liga por la Laicidad.
La Fundación Francisco Ferrer Guardia se constituyó en 1987 y, entre otros, sus objetivos son la promoción del asociacionismo laico y progresista. Por otro lado, la Liga por la Laicidad promueve el laicismo y fue constituida por Cooperacción, UGT, Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica, Comisión Obrera Nacional de Cataluña CONC, Federación de Mares y Padres de Alumnos de Cataluña, Unión Sindical de Trabajadores de la Enseñanza de Cataluña, Gran Logia de Cataluña y Baleares, Gran Oriente de Cataluña, Ateos de Cataluña, Confederación General del Trabajo, Movimiento Laico y Progresista, formado por Esplais Catalanes, Escuela Lliure El Sol, Asociación de Casals de Jóvenes de Cataluña, Entorn, Fundación Terra y la Fundación Ferrer i Guàrdia.
Estas dos organizaciones obtuvieron subvenciones importantes cada una de ellas de la Generalitat, que destinó ayudas públicas a los fines que persiguen. En total la Generalitat de PSC, ERC e ICV destinó 443.205 euros a asociaciones homosexuales, feministas y laicistas. De esa partida 266.798 los otorgaron las consejerías de Medio Ambiente e Interior, gobernadas entonces por ICV.
Esos 266.798 euros estuvieron destinados a asociaciones, la mayoría de las cuales estaban hermanadas en el Movimiento laico y progresista que pretende la transformación social a través de “la transmisión de valores laicos y progresistas”. Esos grupos que se nutrieron de las arcas públicas son Esplais catalanes, Acción Escolta de Cataluña, Asociación de Casals y Grupos de Jóvenes de Cataluña, Coperacción, Escuela Lliure el Sol, Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia, Entorn, Fundación Terra, y Ateneos Laicos i Progresistas.
El convenio que firmó el entonces vicepresidente del Gobierno, Josep-Lluís Carod-Rovira, vinculaba a la Generalitat a una organización compuesta por masones, ateos, anarquistas y movimientos laicistas, todos ellos encabezados por la Fundación Ferrer i Guàrdia. Curiosamente también están implicados los sindicatos de Comisiones Obreras y UGT que de esta forma interfieren en parcelas que no son propias de la actividad de un sindicato de trabajadores.
Los contenidos del convenio no tienen nada que ver con los compromisos a los que después se hace referencia. Si bien los primeros aspectos que se desarrollan en el documento son perfectamente acordes a la libertad de expresión religiosa de los ciudadanos y el respeto mutuo. Sin embargo, en el apartado de pactos, el tercer punto afirma que la Liga para la Laicidad “será consultada por la Generalitat de Catalunya, a través de la Dirección General de Asuntos Religiosos” de acuerdo con “todas” las propuestas de protocolos que este organismo elaborara relacionadas “con los derechos de libertad de pensamiento, conciencia y de religión”.
Además, en el punto cuarto se deja constancia de que “cada vez que lo solicite” la Liga para la Laicidad se reunirá con los representantes del Gobierno”.
En el punto quinto el Departamento de Vicepresidencia se compromete a hacer una aportación destinada al sostenimiento de estas plataformas de 30.000 euros que le fue entregado, según el documento, en una primera partida del 80% y, posteriormente, del 20%. Esta práctica resulta del todo inusual ya que las partidas primero son pequeñas para, después de haber realizado los actos correspondientes, entregar el grueso de la subvención.
Este es uno de los ejemplos de cómo se ha gastado el dinero de los catalanes el Tripartito y explica, en parte, por qué el gasto que generó el Gobierno tripartito fue tan elevado: derivando dinero público a fines políticos que solamente han tenido como objetivo desplazar la religión del espacio público.
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