Reflexión sobre aspectos de la moral según la Iglesia

No hay ya ninguna norma universal, válida en todo tiempo, lugar y circunstancia, y se pretende que sea el propio hombre quien interprete, desde sí mismo, el valor moral de su acción

Moral

Es para mí motivo de gran inquietud el observar que, cada vez con mayor frecuencia, las declaraciones públicas de algunas jerarquías de la Iglesia católica guardan gran coherencia con aquello que, desde los años 50 del siglo pasado, viene defendiendo la teología protestante o filoprotestante.

Algunos ejemplos:

  • Marcelo Sánchez Sorondo, Obispo Canciller de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, ha dado la vuelta al principio moral del «doble efecto» de Santo Tomás de Aquino, afirmando en una entrevista que tal principio significa que «cuando una acción tiene dos efectos, si el efecto positivo es mayor que el negativo, entonces puedes hacerla».
  • El arzobispo italiano Bruno Forte ha señalado que “el camino de acompañamiento que culmina en la comunión de divorciados casados de nuevo civilmente, es un signo de obediencia a la misericordia de Dios”.
  • El arzobispo Vincenzo Paglia, Gran Canciller del Pontificio Instituto “Juan Pablo II” para la Familia y Presidente de la Pontificia Academia Pro Vida, asistió a un acto del Partido Radical italiano en honor a su fundador (Marco Pannella) y elogió muy calurosamente a Pannella, cuya carrera política estuvo constantemente dedicada a la promoción de iniciativas contrarias a la doctrina católica: legalización del divorcio, el aborto, el “matrimonio homosexual”, la blasfemia, las drogas, la eutanasia, la prostitución, etc.
  • Los obispos alemanes, liderados por el cardenal Walter Kasper, han abogado, durante los dos sínodos sobre la familia, por abrir el acceso a la Comunión a los divorciados vueltos a casar civilmente. La Conferencia episcopal alemana emitió recientemente un comunicado defendiendo que los católicos que viven en uniones adúlteras pueden recibir la Comunión sin abstenerse de las relaciones sexuales.
  • La web de la archidiócesis de Viena, dirigida por el cardenal Schönborn, incluye un estudio sobre la interpretación del sexto mandamiento del Decálogo, sacado de los cursos de teología de la propia archidiócesis, en el cual se asegura que dicho mandamiento garantiza el derecho al divorcio y no prohíbe la masturbación, la pornografía, la prostitución, etc.
  • El nuevo Prepósito de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa Abascal, S. I., ha concedido una entrevista al vaticanista suizo Giuseppe Rusconi, en la que pone en duda la historicidad de los Evangelios y la inspiración divina de las Sagradas Escrituras, su interpretación verdadera por parte de la Iglesia y la universalidad de los preceptos divinos, destinados a todos los hombres de todas las épocas; mientras, por otro lado, defiende la “evolución” del dogma, la primacía de la conciencia por encima de la Verdad, y afirma que hay que reinterpretar las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, sobre todo en lo concerniente a Su prohibición absoluta del adulterio.
  • El cardenal Francesco Coccopalmerio, Presidente del Pontificio Consejo para la Intepretación de los Textos Legales, defiende que las parejas no casadas y los divorciados vueltos a casar, deben simplemente expresar su “deseo” de cambiar su situación para recibir la Comunión, incluso si no pueden actuar de acuerdo con ese deseo.
  • En un documento titulado «Criterios para la aplicación del capítulo octavo de Amoris Laetitia», los dos obispos de Malta han asegurado que los divorciados vueltos a casar que se sientan en paz con Dios, pueden comulgar. Además, han dicho que puede ser imposible evitar el mantener relaciones sexuales con la nueva pareja, que es el requisito necesario según el Magisterio para que pudieran comulgar.
  • Benno Elbs, obispo de Feldkirch (Austria) explica en una entrevista que le resulta indiferente si el supuesto permiso del Papa para la admisión a la comunión eucarística de los divorciados vueltos a casar está sólo en una nota a pie de página de Amoris Laetitia, porque en «el texto entero se respira la idea de que cada individuo encuentra en su conciencia la forma de abordar sus decisiones en la vida».

 

Con ayuda de J. A. Sayés y su Teología moral fundamental, me permito recordar algunos principios defendidos por la teología protestante, que algunos teólogos católicos han calificado como “la nueva moral”:

  • Para Schillebeeckx, la ética de situación es una concepción filosófica y teológica, consistente en que no se puede determinar lo que es bueno o malo partiendo de normas generales y abstractas, válidas para todos los casos, sino solo a través de una situación determinada con la que se encuentra la persona concreta. Y puesto que esta situación es única para cada uno e irrepetible, no es generalizable.
  • Según Robinson, Cristo no propone leyes para que sean cumplidas en todas las circunstancias, ni da normas universales válidas. Lo que el Evangelio exige es el amor, de modo que los mandamientos no aparecen sino como ejemplos y modelos de lo que ese amor puede pedir en un momento determinado. Son, por tanto, normas coyunturales que cambian con el tiempo.
  • Häring defiende un personalismo cristiano que alcanza su plenitud en Cristo, pero que no se reduce a una aplicación de las normas, sino que se realiza en una responsabilidad en la libertad y fidelidad creadoras.
  • En opinión de Fuchs, las normas categoriales o preceptos que aparecen en el Nuevo Testamento están condicionadas históricamente y han de ser entendidas como “ejemplos” de una actitud que fue válida entonces, pero que hoy ha cambiado.
  • Considera Vidal que la moral cristiana ha asumido el giro antropocéntrico del personalismo crítico moderno, singularmente kantiano, y trata de fundamentar los compromisos cristianos desde la autonomía moral y desde la responsabilidad ética.
  • Según Urdánoz, lo que cuentan son las actitudes, suerte de disposiciones permanentes que serán la expresión de la opción fundamental, en la que consiste el verdadero valor moral de la persona.
  • De acuerdo con Knauer, basta con que haya proporción entre el efecto bueno y el malo y solo se busque el bueno. No se requiere que la acción en sí misma sea buena por su objeto, puesto que esto pertenece al campo de lo premoral o físico. Si la intención del sujeto es buena porque busca fines buenos, la ejecución de una acción que tiene como objeto un mal premoral de orden físico como el que implica la anticoncepción, por ejemplo, queda justificada.

Siempre de la mano de Sayés, que es una guía segura, vemos que se trata de una moral subjetivista, que prescinde de la ley y de la norma para fiarlo todo a la conciencia individual, que se transformaría así en fuente de lo verdadero –si es que verdadero hay –, negando la existencia de lo intrínsecamente malo y haciendo depender la moralidad de la intención del sujeto y no del objeto y fin intrínsecos de la acción.

Se niega la ley natural y se relativiza toda norma y precepto, haciéndolos depender del momento y las circunstancias. No hay ya ninguna norma universal, válida en todo tiempo, lugar y circunstancia, y se pretende que sea el propio hombre quien interprete, desde sí mismo, el valor moral de su acción. Es la persona, según esto, quien crea los valores, y el criterio de conducta queda sometido a la interpretación subjetiva de cada uno.

¿Qué dice la Iglesia católica, la de siempre, la de los últimos dos mil años, sobre todo esto?

  • Pío XII: “La clave de la ‘nueva moral’ consiste en la separación entre conciencia y norma, propugnando un tipo de conciencia individualista cerrada en sí misma y convertida en árbitro absoluto de sus determinaciones (…) La ley moral se basa, en cambio, en la naturaleza humana y sus relaciones esenciales, y tiene, por ello, valor universal (…) La conciencia (…) está supeditada a las exigencias del bien moral (…)”.
  • Veritatis splendor: “La ley moral natural evidencia y prescribe las finalidades, los derechos y los deberes, fundamentados en la naturaleza corporal y espiritual de la persona humana. Esa ley no puede entenderse como una normatividad simplemente biológica, sino que ha de ser concebida como el orden racional por el que el hombre es llamado por el Creador a dirigir y regular su vida y sus actos, y más concretamente, a usar y disponer del propio cuerpo (…) La ley natural, así entendida, no deja espacio de división entre libertad y naturaleza. En efecto, éstas están armónicamente relacionadas entre sí e íntima y mutuamente aliadas”.
  • Veritatis splendor: “(…) Existen actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto (…) Si es lícito alguna vez tolerar un mal menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aun por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien (…), es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ello se quisiera salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social”.
  • Veritatis splendor: “Si los actos son intrínsecamente malos, una intención buena o determinadas circunstancias particulares pueden atenuar su malicia, pero no pueden suprimirla”.
  • Cardenal Ratzinger: «La errada convicción de poder acceder a la Comunión eucarística por parte de un divorciado vuelto a casar, presupone normalmente que se atribuya a la conciencia personal el poder de decidir en último término, basándose en la propia convicción, sobre la existencia o no del anterior matrimonio y sobre el valor de la nueva unión. Sin embargo, dicha atribución es inadmisible. El matrimonio, en efecto, en cuanto imagen de la unión esponsal entre Cristo y su Iglesia así como núcleo basilar y factor importante en la vida de la sociedad civil, es esencialmente una realidad pública”.

Parece, pues, que la teología católica es difícilmente conciliable con la “nueva moral” protestante y filoprotestante, por lo que tal vez algunas jerarquías de la Iglesia católica harían bien en releer sus encíclicas.

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