Assange y Garzón, los hechos

En la sociedad desvinculada, lo prioritario para quien quiera influir en la opinión pública no es exponer la verdad sino manipular los h…

En la sociedad desvinculada, lo prioritario para quien quiera influir en la opinión pública no es exponer la verdad sino manipular los hechos. No se trata de buscar el bien sino de activar las preferencias personales, dado que uno y otro se confunden en un embrollado sistema. Vale la pena repasar por unos instantes los hechos del folletín construido en torno a Julian Assange.

No se trata de juzgar si lo que hace Wikileaks está bien o pone en riesgo a personas e instituciones. No se trata de juzgar el carácter de las personas. Se trata de observar simplemente cuáles son los hechos, y son muy claros: Assange está denunciado por dos mujeres y la justicia sueca lo reclama para interrogarlo sobre cuatro presuntos delitos sexuales. Si Assange no estuviera bendecido por la constelación progre y tratándose de este tipo de delitos contra la mujer, ¿cuál hubiera sido la reacción de los medios de comunicación a su resistencia a ser interrogado? Además, ha cometido el delito de violar la libertad condicional en el Reino Unido, lo que constituye un engaño que a todas luces no favorece su situación ante la justicia.

El australiano aduce que no quiere ir a Suecia porque tiene miedo de ser extraditado a Estados Unidos, donde cree que puede ser condenado a muerte. Pero, tanto la justicia británica como la sueca, en el marco de la legislación europea vigente, no pueden extraditar a nadie que pueda ser condenado a muerte. Por lo tanto, Assange presenta una cuestión que en realidad no existe. Pero es que, además, en Estados Unidos no hay ningún cargo formulado contra él. Por consiguiente, Assange no tiene ninguna base para presentar el número de supervivencia que aduce. Es más, la justicia de Estados Unidos, en el caso de intentarlo, tendría serias dificultades para acusarlo porque, a diferencia del soldado estadounidense Bradley Manning, no ha violado ninguna norma estatal y puede escudarse con facilidad en el principio de la libertad de expresión. Estados Unidos debería demostrar que sus informaciones fueron obtenidas voluntariamente y que conocía que podían haber acarreado daños, y esto no sería demasiado fácil. Pero, en todo caso, esta reflexión también formaría parte de lo especulativo. Lo objetivo, lo real de ahora, es que no hay nada más que una violación de la libertad condicional y una acusación de dos mujeres por delitos sexuales.

¿Y Garzón, su abogado defensor? Prescindamos también de sus características, incluso de su historia: juez, diputado por los socialistas, miembro del Gobierno socialista, enfadado con los socialistas, que vuelve a ser juez y que castiga a los socialistas,… en fin, un hombre en el que uno encuentra difícil confiar que pueda impartir justicia. Pero ya no es juez, es abogado defensor. Un abogado defensor que ha sido condenado por un delito que es sin duda grave en la figura judicial, porque situaba en la plena indefensión a los acusados. Recordémoslo: se dedicó a grabar a espuertas las conversaciones de los abogados defensores con sus defendidos en las interlocutorias que se producían dentro de la prisión. Se necesita una perspectiva especial de lo que es ser justo para actuar de esta manera puesto que le permite conocer las estrategias de la defensa, algo que resulta particularmente grave.

Un tercer tipo de hechos se basa en la calificación que merece la justicia en Suecia y Gran Bretaña. Nadie puede discutir que sus estándares, desde el punto de vista comparativo, son singularmente altos. Evidentemente, siempre se pueden cometer injusticias, pero si hay dos países donde esto resulte más improbable seguro que son estos dos.

Y, finalmente, el cuarto tipo de hecho: quién apoya a Assange y quién le persigue. Le apoyan personas que se han caracterizado por reprimir en sus países la libertad de expresión, que han castigado a los periodistas, que han obtenido condenas de instancias internacionales. Se trata de Ecuador y su presidente Correa, que tiene como máximo adalid al presidente Chávez de Venezuela. Su solo nombre lo indica todo. Es un totalitario bananero con boina roja.

Confrontar las razones morales de la justicia británica y sueca con las razones políticas de esta pareja caribeña, aunque Ecuador no esté bien bien en el Caribe, es algo que resulta ridículo, pero que por lo visto goza de una gran credibilidad. Solo faltaban las palabras de Assange en su intervención pública en las que se declara como garantía para la libertad de expresión mundial. Cito literalmente: “mientras Wikileaks esté bajo amenaza también lo estarán la libertad de expresión y la salud de todas nuestras sociedades”. En definitiva, un redentor.

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