Atención al feminismo de género

Hace poco diversos colectivos feministas planteaban estudios universitarios con especialistas en la perspectiva de género. Dicho así puede parecer una…

Hace poco diversos colectivos feministas planteaban estudios universitarios con especialistas en la perspectiva de género. Dicho así puede parecer una cuestión de oficio como tantas plantea el feminismo. Pero es bastante más, revela la progresiva ocupación de la sociedad española por parte de una ideología totalizante.

Cuando se aprobó la Ley Integral contra la Violencia de Género, algunos académicos criticaron lo que consideraban un uso inadecuado del idioma, porque “género” tiene una aplicación en el ámbito de la gramática, pero es incorrecto para designar a hombres y mujeres, que se caracterizan precisamente en razón de su sexo.

La humanidad no se divide en géneros sino en sexos. En realidad tal error no existía. El título de la ley era deliberado porque constituía la expresión de una concepción ideológica, cerrada y sistemática. Para que nos entendamos es el equivalente a si utilizáramos en lugar de género el término marxista.

El feminismo de género es solo una respuesta a las desigualdades que todavía sufre la mujer, de la misma manera que el marxismo fue una respuesta a las desigualdades sociales pero, como entonces, se incurre en el totalitarismo cuando se quiere reducir toda la explicación y la lógica de la respuesta a una única ideología y ésta se transforma en oficial, se llame marxismo o se llame perspectiva de género.

Esta ideología, que es un vector fundamental en la crisis de instituciones básicas como el matrimonio y la familia, sostiene que el sexo determinado por la naturaleza es una condición secundaria y que lo importante es la categoría cultural, el género, que resulta, como todo hecho, cultural, voluntario, opcional.

La feminista radical, Inés Alberdi lo define con precisión: “se utiliza el concepto de género para identificar las diferencias sociales y culturales que se producen entre hombres y mujeres, distinguiéndolo así, de concepto de sexo, que referimos a las diferencias biológicas. Estos dos conceptos nos ayudaran a entender que la mayoría de las características que configuran aquello que es específicamente femenino y aquello específicamente masculino, son construcciones culturales, un producto de la sociedad no necesariamente derivado de la naturaleza”.

Este tipo de feminismo, que no es ni mucho menos el único se ha apoderado de la política española y posee el riesgo que entraña toda ideología totalitaria. Se trata de una construcción postmarxista de carácter mimético que aplica categorías semejantes a la del marxismo más esquemático, que construye una dialéctica de enfrentamiento entre hombres y mujeres inspirada en la lógica de la lucha de clases, y que considera al matrimonio y a las familias estables, en las que existe una cierta diferenciación de roles, como el enemigo a batir. En este sentido, la paternidad y la maternidad con sus roles intrínsecos son considerados como nocivos.

Buena parte de las leyes españolas, además de la ya anunciada, nacen de esta inspiración ideológica, la Ley del matrimonio homosexual, aspectos concretos de la Ley de Fecundación Asistida y buena parte del tratamiento que se dará a la Ley de Igualdad. También el futuro instrumento de adoctrinamiento de nuestros escolares, la Educación Cívica, desarrollará esta doctrina, mientras que, como se apunta al principio, quiere dotarse de solvencia al feminismo de género a través de otorgarle categoría universitaria.

El marxismo fue un problema porque dio lugar a una dictadura, pero al menos fue una aportación importante a la concepción del mundo porque se apoyaba en análisis profundos que partían de hechos reales. No todos, pero si parte de ellos.

El feminismo y su aspiración totalitaria es, en este sentido, peor, porque necesita prescindir de todo hecho para poder sustentarse, porque la realidad niega sus presupuestos, y por lo tanto, su vocación manipuladora tiende a ser mayor.Para conseguirlo se apoya en los instrumentos formales del Estado Democrático y la ignorancia o indiferencia de muchos de nuestros políticos que la “perspectiva de género” les parece un concepto indeterminado que más o menos se refiere a los problemas de la mujer. Quizás éste, el de la ignorancia, sea el mayor peligro.

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