Aumenta la persecución de cristianos en China

China ha conseguido fascinar al mundo en los pasados juegos olímpicos al ser el segundo país, después de Estados Unidos, en número de medallas. Tambié…

China ha conseguido fascinar al mundo en los pasados juegos olímpicos al ser el segundo país, después de Estados Unidos, en número de medallas. También despierta admiración y un cierto recelo su despegue económico, del que algunos analistas dicen que la puede situar en el 2020 como primera potencia económica mundial. Pero, detrás de esa positiva imagen que exporta a todo el mundo se esconde un aumento de las desigualdades y una política represora que se ensaña particularmente con la población cristiana. La Santa Sede denuncia en un enérgico comunicado de prensa la muerte en prisión de un obispo chino de 76 años que estaba detenido desde finales de los 90. Al mismo tiempo, el Vaticano exige la liberación de obispos y sacerdotes arrestados en la República Popular China, algunos de los cuales mueren entre rejas sin que se sepa nada de ellos, tal como informa la agencia ZENIT.“La Santa Sede no tiene noticia de los motivos de estas medidas represivas. Si las nuevas noticias que han llegado son verdaderas, nos encontraríamos, una vez más, ante una grave violación de la libertad de religión, que es un derecho fundamental del hombre”, dice el comunicado emitido desde el Vaticano.

Goteo de detenciones

El director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, ha revelado que “a finales de agosto falleció en la cárcel monseñor Giovanni Gao Kexian, obispo de Yantai (provincia de Shandong), a los 76 años. El cuerpo del prelado fue entregado por la policía a sus familiares. Monseñor Gao estaba encarcelado desde finales de los años 90 y no se tenían noticias de él desde hace tiempo”. También denuncia otros casos de arrestos, como el que se produjo en la primera semana de agosto, cuando “el sacerdote Pablo Huo Junlong, vicario general de la diócesis de Baoding, en la provincia de Hebei, fue detenido por la policía junto a otros siete sacerdotes y dos seminaristas”. La lista continúa con el caso de los sacerdotes Pablo An Jianzhao y Juan Bautista Zhang Zhenquan, que “han sido condenados a un período de reeducación a través de trabajos forzados. Los demás, estarían todavía detenidos en Quyang (Baoding), a excepción de tres que no pertenecen a esta diócesis”. Según los datos de que dispone la Santa Sede, “los miembros del clero de la diócesis de Baoding, detenidos o privados de libertad, son 23”. Entre ellos se encuentran el obispo, monseñor Santiago Su Zhimin, desaparecido en septiembre de 1997 y su auxiliar, monseñor Francisco An Shuxin, del que no se tienen noticias desde marzo de 1996. Otros arresto denunciados son el del administrador diocesano de la archidiócesis de Fuzhou, junto con dos sacerdotes y un seminarista. Finalmente, el Vaticano hace una llamada a que se respeten los derechos fundamentales del hombre en China.

Campaña planificada

China parece dispuesta a restringir la expansión del cristianismo en el país. De hecho, con una planificada campaña, las autoridades chinas están utilizando para lanzar sus ataques contra las iglesias cristianas unas tácticas similares a las empleadas para aplastar el movimiento espiritual Falun Gong, según informa el WALL STREET JOURNAL. “La extensión del cristianismo preocupa verdaderamente al gobierno, por lo que se ha convertido en un objetivo”, declaraba al prestigioso diario Kang Xiaoguang, de la Academia de Ciencias China. El Gobierno chino utiliza el término “cultos” para reprimir cualquier movimiento que no haya recibido el permiso oficial para funcionar. El punto de mira está especialmente dirigido hacia los grupos católicos, los evangélicos y los protestantes, que se han expandido rápidamente. Dos organizaciones encargadas de recoger documentación sobre la persecución religiosa en China, el Center for Religious Freedom y Compass Direct, han elaborado unalista de actuaciones concretas que ilustra esa política de represión.

Reprimir al mensajero

Los periodistas críticos con el sistema también están en el punto de mira de las autoridades chinas. En la localidad de Fuyang, provincia de Anhui, se ha juzgado por difamación a un matrimonio de periodistas chinos por un best seller sobre los abusos a los campesinos en China. El libro Informe sobre los campesinos chinos, pese a estar prohibido, ha vendido ya más de seis millones de ejemplares. Chen Guidi y Wu Chuntao realizaron un trabajo de campo durante los años noventa en mencionada provincia de Anhui, paradigma del mundo agrario chino, en el que denunciaban los abusos e injusticias que padecen millones de campesinos en la actual China del despegue económico. Según este informe, la política de bajos precios de los cereales, la expropiación con indemnizaciones injustas y el control de la emigración son las tres excusas del Estado para explotar al campesinado.

El país más poblado de la Tierra, con casi 1.300 millones de habitantes, se ha convertido, pues, en uno de los que más riqueza genera, con unas profundas transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales; pero también con unas desconcertantes contradicciones, como las tremendas desigualdades sociales, las crisis de recursos y el deterioro del medio ambiente, además de una política represiva sobre los disidentes y una sistemática persecución contra la población cristiana en el país.

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