Aumentan las depresiones en España: 8 causas para una epidemia del siglo XXI

Según los expertos, el número de depresiones en España está aumentando de forma alarmante y esta enfermedad está incidiendo especialmente en el colect…

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Según los expertos, el número de depresiones en España está aumentando de forma alarmante y esta enfermedad está incidiendo especialmente en el colectivo de niños y adolescentes. El doctor Paulino Castells, profesor de psicología en la Universidad Abat Oliba CEU, analiza el fenómeno en un artículo publicado en el número 8 de la revista del mismo centro y llega a la conclusión, entre otras, de que, tal como asegura su colega Luis Rojas, responsable de la salud mental de los neoyorquinos, “los jóvenes de hoy están creciendo con más riqueza, más derechos, más libertad, más conocimiento y más posibilidades de realizarse, pero también con más pesimismo, más desmoralización y más hastío”.

Causas para una epidemia del siglo XXI

Según Castells, entre las causas que originan la proliferación de esta nueva epidemia del siglo XXI, una combinación de factores psicosociales, cabe mencionar las siguientes:

– La creciente glorificación del individualismo duro que fomenta la competitividad.

– El estado de continua frustración que ocasiona el desequilibrio entre aspiraciones y oportunidades.

– El sentimiento de fracaso que produce la persecución obsesiva e inútil de ideales inalcanzables que promueve la sociedad, como la perfección física en la mujer o el enriquecimiento económico en el hombre.

– El estilo de vida falto de sentido religioso.

– La transformación del modelo de familia.

– La doble carga del trabajo y del hogar que soportan las mujeres.

– El creciente número de rupturas matrimoniales.

– El fácil acceso a las drogas y la gran tolerancia del consumo de alcohol entre los jóvenes.

El experto psicólogo considera que a buen seguro habrá más causas que conduzcan a la depresión, pero de lo que no le cabe ninguna duda es de que hoy en día hay más depresivos que nunca. De hecho, se calcula que una de cada cinco personas sufrirá depresión en algún momento de su vida. Y, según la Organización Mundial de la Salud, del 3 al 5 por ciento de la población mundial presenta cuadros depresivos.

Niños deprimidos

A pesar de que los niños, salvo casos extremos, no deberían acceder a este tipo de patologías, “ahora sabemos que hay muchos niños sumidos en la depresión, pero, a menudo, es difícil diagnosticarla… porque aparece enmascarada, camuflada bajo síntomas aparentemente banales (inapetencia, irritabilidad, insomnio, enuresis, etc.)”, afirma el autor del artículo. Se puede asegurar que “entre el 2 y el 3 por ciento de todos los niños con un comportamiento alterado presentan depresiones de grado medio a severo, y otro 6 a 8 por ciento, de carácter leve”, sentencia Castells.

La depresión en los niños es una posible respuesta ante el sufrimiento, “pero no se debe confundir con éste, ni tampoco es la única respuesta posible del niño (antes puede probar con las actitudes de rechazo, cólera o rabia)… En el núcleo de toda depresión existe, siempre, un sentimiento de pérdida interna. De algo querido que se nos ha ido o hemos perdido”.

Adolescencia y depresión

Por lo que respecta a los adolescentes, el comportamiento depresivo de éstos se aproxima más al de los adultos: dolores de cabeza y de espalda, insomnios, mutismo, tics, obesidad y, también, el adelgazamiento (anorexia o bulimia). “Las adolescentes depresivas son con frecuencia tristes, inhibidas a sus relaciones sociales, obedientes en casa, discretas y tranquilas; mientras que los chicos son rebeldes, irritables, temerosos a la hora de establecer contactos y agresivos en su relación social”, asegura Castells.

Según el profesor de psicología, lo más peligroso es “cuando un niño o un adolescente tocan fondo en la depresión”. Suelen tener pocos recursos para salir adelante por sus propios medios, a diferencia de los adultos, y en el caso de los niños la necesidad de ayuda es urgente. Tal como hemos podido comprobar en algún caso reciente, los menores también se suicidan. Y este hecho, sin duda, “cuestiona el buen funcionamiento de la sociedad en pleno”. Castells acaba su artículo asegurando que “un adolescente tiene ahora el doble de posibilidades de sufrir una depresión de las que tenían sus padres y el triple de las que tenían sus abuelos”.

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