Australia, el Brexit y la desconfianza hacia el demos

turbullLeo que el gobierno australiano ha propuesto un referéndum sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo (y de esta manera contentar a las distintas posturas, contradictorias, que alberga en su seno el partido en el gobierno). Las encuestas indican que alrededor del 70% de los australianos son favorables a la redefinición del matrimonio, por lo que parece que la cuestión no debería provocar especiales tensiones… y sin embargo no cesan de aparecer pronunciamientos en contra del referéndum. Quienes se oponen son los grupos homosexualistas y quienes les apoyan, y sus argumentos son básicamente de tres tipos:

  1. En palabras del juez del Tribunal Supremo, Michael Kirby, “estos temas complejos y delicados no pueden decidirse en el calor de la división pública y las campañas emocionales“.
  2. Un referéndum establecería un precedente que podría utilizarse en otras cuestiones controvertidas.
  3. No hay que darles la oportunidad a los que se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo de exponer sus ideas desde la mayor plataforma que existe en el país.

Más allá de lo que revela el que quienes no hace tanto, cuando sus posturas eran minoritarias, exigían un debate público, ahora quieran impedir el debate a toda costa, me ha llamado la atención la desconfianza hacia el demos y la preferencia explícita por la oligarquía a la hora de tomar decisiones.

Soy consciente de las limitaciones de un referéndum, de lo difícil que es que los votantes se formen un juicio claro sobre asuntos complejos y de consecuencias graves, de todas las dinámicas que los pueden distorsionar y de la quiebra y división que genera cuando los resultados no son abrumadores en un sentido. De hecho, nunca me he hecho ilusiones sobre las votaciones de ningún tipo y estoy convencido de que el acierto y la verdad no dependen del número de votos que se obtengan. Estoy seguro de que, demasiado a menudo, los votantes se equivocan. Pero lo que resulta curioso es que, cuando hacía estos comentarios hace no tanto, era tildado de carca, reaccionario y no sé cuántas cosas más. Y ahora, ¡son los mismos argumentos que utilizan los demócratas de toda la vida! (sólo que ellos los usan cuando les conviene, es decir, cuando van en contra de sus postulados).

Ya ocurrió con el Brexit: de pronto era una vergüenza que el voto de todo el mundo valiese lo mismo, que gente poco informada (o pero, ¡los viejos!) pudiese decidir sobre el futuro de todos.

Bueno, ayer era un peligroso reaccionario, hoy resulta que pienso lo mismo que los más prestigiosos estadistas; agradecería que me avisaran del próximo cambio para saber si estoy en contra del progreso o, si por el contrario, continúo a la vanguardia de la historia.

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