Ayuno y abstinencia: borrados de Cuaresma

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre

El Miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstiencia

Por motivos de gestiones, viajes o reuniones he tenido que asistir a la misa diaria en la última semana a diversas iglesias y en horarios distintos. En todas ellas se hizo mención a que el Miércoles de Ceniza se impondría la ceniza en las diversas eucaristías. Todo normal, excepto algo relevante: ni en una sola de las que asistí se hizo referencia a que la Iglesia ha prescrito que el Miércoles de Ceniza es día de ayuno y abstinencia. Ni, por supuesto, explicación de las prescripciones de la Iglesia en este sentido a lo largo de toda la Cuaresma. Ni tampoco a que esta debe ser un período en el que es bueno que cada uno incluya alguna o varias privaciones o mortificaciones, aunque sean pequeñas.

Creo no andar errado, pero ni el Papa Francisco ni los anteriores han derogado aquellas normas. Que como precepto son una exigencia muy pequeña, pero que implican una aceptación de lo mandado por la Iglesia. Más que un esfuerzo físico son un arañazo al orgullo, al “yo hago lo que quiero, me dicto mis propias normas”.

Los sacrificios para Cuaresma pueden y deben ser otros muchos, ciertamente. Algunos especialmente positivos, como los dirigidos a prestar servicios, ayudas, comprensión o compasión hacia los demás.  Pero una cosa no quita la otra, y las normas de ayuno y abstinencia son un buen recordatorio. Un Cristianismo del que se quiere desterrar toda negación de sí mismo tendrá poco sentido.

La dureza del ayuno y abstinencia de carne

Es muy cierto que en esta sociedad del deseo, sociedad consumista, hedonista, resulta especialmente difícil aceptar el sacrificio voluntario por motivos espirituales y siguiendo normas dictadas por “otros”. En este caso por la Iglesia. Millones de personas están dispuestas a hacer enormes esfuerzos por una dieta para adelgazar, o en el gimnasio para “estar en forma”, o incluso someterse a severas intervenciones quirúrgicas con finalidad puramente estética, pero un esfuerzo porque “me lo mandan”, ¡ni hablar! Si alguna vez comentamos con otras personas que nosotros cumplimos tales normas de la Iglesia se nos quedan mirando estupefactos en el primer momento y adoptando un tono sarcástico o despectivo después, como considerándonos fanáticos o sin personalidad. O, como mínimo, anticuados.

Aunque parezca lo contrario, especialmente duro puede ser reconocer la práctica de la abstinencia de carne. El ayuno aún puede ser aceptado como un cierto sacrificio, pero ante la abstinencia de carne la respuesta es “¡qué bobada! Y, además, no comes carne pero te puedes comer una mariscada. ¡Vaya sacrificio!”.

Practicar la abstinencia de carne en la familia, o en un ámbito solitario sin duda es muy fácil. Casi ni siquiera puede considerarse un esfuerzo. Pero como experiencia personal puedo asegurar que a lo largo de años de mi vida la abstinencia de carne me resultó a menudo muy dura. No por dejar de comer carne en aquel día, sino al tener que explicarlo muchas veces y darme cuenta de la burla o la perplejidad en el interlocutor. El “perder puntos” en su opinión sobre mí.

Durante muchos años de mi profesión de periodista una gran parte de los almuerzos, y en menor proporción de cenas, las compartí con otras personas. También en período de Cuaresma. Muchísimas veces hubo que decir “no” a un determinado menú o plato. Los restantes comensales preguntaban el porqué, dado que otras veces me habían visto comer carne. Tras la explicación, no entendían que una persona a la que consideraban racional y de cierta formación se plegara a una norma “tan absurda, como es el ayuno y abstiencia”.

Pero, gracias a Dios, vale la pena obedecer a la Iglesia aunque no sea popular hacerlo, incluso quedar como un monigote si es por amor a Dios.

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One comment

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    Excelente artículo del Sr. Arasa, se ve que es un hombre de mundo, comidas de trabajo, restaurantes, colegas, compañeros, personas que te admiran y después de manifestarte en algún tema importante de la vida te bajan de su nivel, etc. ¡Que le vamos hacer!
    Puedo asegurar que muchas personas te recordarán como un tío con criterio, aunque no lo digan en público. Los respetos humanos (verguenza) son muy poderosos.

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