Balance de política exterior: la Doctrina Obama en 5 puntos

Un presidente con un perfil poco convencional en política exterior ha tenido que afrontar el mayor periodo de inestabilidad internacional en décadas. El resultado es un legado contradictorio. Desde Europa hasta Asia-Pacífico, ¿Cuáles han sido las decisiones clave de Obama, y por qué las ha tomado?

Obama

Final definitivo de la partida, momento de hacer balance. Justo hoy se acababan los ocho años de “la Era Obama”. Ocho años que dejan impresiones contradictorias y muchas dudas planeando sobre un escenario internacional cada vez más inestable.

¿Cómo tiene que ser recordada la Era Obama en el campo de la política exterior? A continuación, se ofrecen cinco reflexiones que, en su conjunto, buscan ser un esbozo del balance del ya expresidente.

1. Un presidente “no convencional” en materia de relaciones internacionales

Lo afirma el legendario Henry Kissinger en una entrevista en The Atlantic. Según Kissinger, Obama habría contradicho los principios básicos de la política exterior norteamericana, arraigados en el intervencionismo liberal. Esto es, en la promoción y defensa activa en todo el mundo, de los derechos civiles y políticos tal y cómo se entienden en Occidente. Obama los habría defendido de forma incompleta y a menudo contradictoria. Kissinger advierte: “hay que vigilar que la ‘Doctrina Obama’ no se convierta en una política exterior esencialmente reactiva y pasiva”.

Según el antiguo secretario de estado y consejero de seguridad nacional, Obama es un admirador del realismo político del presidente George H. W. Bush (padre). Pero el ya expresidente parece no haber entendido o no haber sido capaz de aplicar los principios del realismo, que fundamentalmente aboga por el pragmatismo y un intervencionismo limitado a la defensa de los intereses más centrales del estado. Obama mismo reconoció no haber seguido “el manual del Pentágono” para intervenciones militares, por considerarlo militarista en exceso.

2. ¿Un Nobel de la Paz o un premio al mejor orador?

Obama recibió el galardón al 2009, menos de dos años después de haber sido nombrado presidente. En aquel momento, carecía de legado. De hecho, leyendo las razones que dirigieron al jurado de los Nobel a otorgar a Obama el premio, parece que Obama fue escogido tan solo por haber roto definitivamente con la política unilateralista del primer mandato de Bush (hijo). Así, Obama habría “devuelto la diplomacia multilateral a una posición central” y dirigido “esfuerzos extraordinarios” para hacer posible “un mundo sin armas nucleares”. Además, “muy pocas personas han conseguido captar la atención del mundo como lo ha hecho Obama y dar a tanta gente esperanzas por un futuro mejor”. En definitiva, Obama ganó el galardón por sus palabras más que por sus acciones.

En aquel todavía temprano momento, el jurado se dejó llevar por la retórica y el sentimentalismo que había impregnado la campaña de Obama. En realidad, los discursos del presidente escondían un pensamiento político mitad pragmático y mitad pasivo, como pronto se demostró por ejemplo con el programa de ataques selectivos empleando drones.

No obstante, es justo mencionar que Obama también ha tenido iniciativas acertadas en línea con su discurso multilateralista, como por ejemplo el vasto programa de reequilibrio (“Rebalance”) de recursos militares y esfuerzos diplomáticos hacia Asia-Pacífico, la región que promete acontecer el centro del mundo en el siglo XXI.

3. Siria: la línea roja que al final no lo fue

Una de las decisiones más polémicas de Obama fue la decisión de no aplicar la línea roja que él mismo había trazado por el régimen sirio de Bashar Al-Assad. Recordémoslo: Obama había asegurado que, si se demostraba que Damasco utilizaba armas químicas contra población civil, estaría cruzando una “línea roja”. No obstante, después de considerar una intervención militar durante el verano de 2013, finalmente, Obama se retractó. Más tarde, el presidente aseguró en una entrevista con Jeffrey Goldberg estar “muy orgulloso” de su decisión final. En aquel momento, él afirma haberse sobrepuesto al “manual de intervenciones militares del Pentágono”. Kissinger bendice la decisión de Obama, y recuerda que la fuerza militar solo se puede utilizar cuando de ella se derive alguna ganancia concreta y valiosa de cara a los intereses nacionales. Parece incierto que hubiera ninguna en el caso de Siria, ni siquiera para los pobres civiles víctimas de los ataques.

Pero en este caso, ¿por qué Obama había entonces trazado, meses antes, la mal ganada línea roja? Según Kissinger, el problema recae en parte en que la línea roja se malinterpretó. En realidad, no era nada más que un símbolo. Pero, en este caso, se trataría de un error de comunicación fatal.

4. Oriente Medio se escapa definitivamente de las manos de Washington

Los Estados Unidos han sido los garantes de la siempre débil estabilidad de Oriente Medio, a través sobre todo de proteger a Arabia Saudí. No obstante, desde la Guerra del Golfo de 1991 que los Estados Unidos dirigieron contra Irak, la región se ha convertido progresivamente en el principal dolor de cabeza del Departamento de Estado de Washington. Y esto es debido, en buena medida, al mismo papel que los Estados Unidos han jugado. Solo hay que pensar en las funestas consecuencias de la invasión de Irak del 2003 (que, en último término, marca el final de una historia iniciada con la guerra de 1991).

Según Goldberg, el “caos de Libia” que siguió al asesinato de Gaddafi convenció definitivamente a Obama de que Oriente Medio lo mejor era no involucrarse. Obama piensa que la región es del todo ingobernable puesto que sus “únicos principios organizativos son los sectarios”.

No obstante, Obama, como presidente de los Estados Unidos y heredero de Bush (ahora, padre e hijo), tiene una responsabilidad especial hacia la región. Una responsabilidad que no tendría que haber eludido esgrimiendo dificultades insuperables. Como dijo un politólogo francés, lo peor que se puede hacer en Oriente Medio es dejar pudrir los problemas. Precisamente lo que Obama hace con el Estado Islámico y la Guerra Civil en Siria. La despreocupación de Washington ha exasperado a Arabia Saudí y movilizado a Irán, los dos principales actores regionales, que atraviesan actualmente su propia guerra fría.

5. Europa: ¿marginada por Washington o automarginada?

Obama admitió estar decepcionado con los países europeos después de que estos demostraran tan poco interés en “salvar” a Libia después de la caída de Gaddafi. Obama hizo en una ocasión una alusión velada a las potencias del Viejo Continente como “free riders”. Es decir, como actores que esperan disfrutar de los beneficios de una acción sin participar en los costes que la misma conlleva.

A menudo, se levantan voces en Europa criticando el hecho de que nuestra política exterior no hace sino un seguimiento sumiso de la de los Estados Unidos. Muchas veces, pero, nos las buscamos nosotros mismos. Libia o incluso Ucrania son claros ejemplos. Ucrania y el Euromaidan eran un problema esencialmente europeo, pero debido a la tradicional despreocupación política de Bruselas, Washington aconteció de nuevo el actor preponderante en la crisis del 2014.

Ciertamente, no va en favor de los intereses de Europa buscar la confrontación con Rusia, que es un socio necesario guste o no. Pero se nos tendría que caer la cara de vergüenza al ver como Bruselas –y Paris, Londres y Berlín- se tapaban ojos y orejas ante las preocupaciones de tantos ucranianos que enarbolaban banderas europeas. En vez de trabajar juntamente con Kiev y Moscú para buscar un punto mediano, en los críticos meses previos a la invasión rusa de Crimea –que fue improvisada- Europa no hizo nada. Mientras tanto, Obama aumentaba, presionado por los liberales intervencionistas del establishment político norteamericano, el tono de voz hacia Yanukovych y Putin

*     *     *

Obama ha sido un presidente que ha tenido que afrontar un periodo especialmente complicado en materia de política exterior. No obstante, esto no puede servir para excusar al líder de la primera potencia mundial, que es necesariamente quién tiene más responsabilidades respeto al orden internacional. Obama las ha en parte eludido y en parte dirigido aplicando su pragmatismo. A veces se ha dejado llevar por el liberalismo intervencionista y otras, lo ha cuestionado. Pero, en cualquier caso, su política no ha estado a la altura de los retos que su tiempo le ha planteado.

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