Bondad, amor, solidaridad y cariño

Hoy y siempre, todo se ha de construir sobre una base sólida, e incluso y aún más las creencias, que hay que cimentarlas sobre pi…

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Hoy y siempre, todo se ha de construir sobre una base sólida, e incluso y aún más las creencias, que hay que cimentarlas sobre pilares bien robustos y firmes. En este tiempo, por ejemplo, se da la paradoja de cristianos que frecuentan los sacramentos, pero: que no son respetuosos, que no son tolerantes y que además desprecian a los demás y son egoístas. En estos casos lamentables ciertamente falla lo elemental: “no se pueden vivir las virtudes cristianas si no se viven las virtudes humanas”. Es como construir la casa poniendo primero la antena parabólica. Los cristianos, a veces, damos un triste espectáculo cuando no ahondamos en las raíces de nuestra fe y vamos dando tumbos, haciendo prácticas cristianas pero olvidándonos del amor que es el fin de nuestra vida. Los mandamientos de la doctrina cristiana nos dicen que todo se reduce a: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Por lo tanto está claro que es fundamental que nos ejercitemos en el ! amor, que vivamos del amor y por el amor y para el amor. Que veamos en todo lo que hacemos una posibilidad de vivir en el amor. Por ejemplo tenemos que ser siempre: comprensivos, tolerantes, cariñosos, delicados, respetuosos, justos … y todo esto está ligado para poder vivir unidos y: por, y para los demás. También tenemos que ser ejemplares en nuestro trabajo para que a través de él podamos servir a los demás, nuestro trabajo nunca puede ser una chapuza. Siempre es prioritario y muy importante ser generosos con nuestro tiempo, para participar en la medida de nuestras posibilidades en actividades solidarias: “Hay mucho por hacer”; además tenemos que tener en cuenta que el tiempo es un tesoro que Dios nos ha dado para que lo aprovechemos, por lo tanto quiere decir que si lo perdemos o lo malgastamos Dios lógicamente estará descontento con nosotros. Tenemos cada día, y en cada detalle, que aprender a dar generosamente y que aprender a no ser avariciosos y no poseer tesoros personales que no estén puestos generosamente al servicio y a disposición de todos. Si queremos podemos ser “pobres de espíritu”, señores de la creación, y así, con la aportación de todos, saldremos toda la humanidad adelante y podremos acabar prontamente con el hambre y la pobreza. No podemos tampoco considerarnos más que los demás, el orgullo tenemos que dejarlo fuera de nuestra vida y coger el testigo de la sencillez y de la naturalidad. No podemos considerarnos superiores, ni buscar el poder para estar por encima. Esto al final no produce nada más que tristeza. La mansedumbre de Jesús nos puede servir para caminar siempre por los senderos del bien. Ser honrados y ser leales siempre a los principios trascendentes que han de regir nuestra vida también forma parte de nuestro ser auténticos. También la perseverancia forma parte esencial del ejercicio continuo de la virtud. Jesús dice: “con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas” hemos de luchar para conseguir estar siempre alerta. Y todo esto es muy importante porque: los demás quieren estar con nosotros; los demás nos esperan; los demás nos necesitan; los demás nos buscan, para junto a nosotros encontrar quizás un atisbo de felicidad con la cual poder salir adelante por el camino a veces difícil y arduo de la vida.

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