Bonsái‘, de Alejandro Zambra

Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) es uno de los mejores escritores jóvenes en lengua española. De tendencias más bien poéticas (ha publicado …

Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975) es uno de los mejores escritores jóvenes en lengua española. De tendencias más bien poéticas (ha publicado dos compendios de poesía en Chile), ésta es su primera novela, que casi es un cuento más bien largo.
Los protagonistas son Julio y Emilia, amantes, pero no de una forma convencional. En realidad son un par de tarados (por más que Zambra no los describa así, o al menos no lo haga claramente) que substituyen la realidad por la ficción e introducen la literatura como tercer elemento obsceno en una relación sexual que, de forma natural, sólo tiene espacio para dos. Así, necesitan libros para acostarse y mantener una relación lo más parecida posible a lo normal, pero dentro de su anormalidad. Viven en una abstracción, en un imaginario cotidiano producto de la enfermedad espiritual más extendida en la actualidad: el esteticismo.
De hecho, ése es el problema real de esta novela, ya que el esteticismo en que están insertos los protagonistas tiene todo el aspecto de ser una prolongación del esteticismo del propio autor, tendencia no formal (la narración es más clásica de lo que parece) sino de contenido.
 
Zambra ejerce de profesor de literatura en la Universidad Diego Portales, y parece que quiera comunicarnos lo vasto de sus lecturas mediante el método paralelo de dejar claro qué leen los protagonistas de la novela: por ejemplo, El libro de Monelle de Marcel Schwob y El pabellón de oro de Yukio Mishima, lecturas que Julio y Emilia escogen para los momentos inmediatamente anteriores a la cópula (y no me refiero a conjugar el verbo ‘ser’).
 
Tal mecanismo hace que Zambra peque de egocentrismo en una obra ya de por sí claustrofóbica, traspasando su propio ser a sus criaturas literarias.
Con todo, no es menos cierto que se trata de un buen comienzo literario para un escritor sorprendentemente maduro, teniendo en cuenta su juventud.
 
No se anda por las ramas (cosa de agradecer ante los peñazos estilísticos que otros escriben) gracias a su don para la descripción afinada.
 
Eso hace que no escatime palabras cuando nos explicita las relaciones sexuales de los personajes, aunque sin caer en la vulgaridad ni la pesadez.
 
 
Bonsái
Alejandro Zambra
Editorial Anagrama
94 páginas
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