Bush recibe a los Reyes de España entre la tormenta por las acusaciones de Chávez y Moratinos

El presidente estadounidense, George W. Bush, recibió este miércoles a los Reyes de España, Juan Carlos y Sofía, en su rancho de Texas. Era un encuent…

El presidente estadounidense, George W. Bush, recibió este miércoles a los Reyes de España, Juan Carlos y Sofía, en su rancho de Texas. Era un encuentro muy esperado desde todos los ámbitos, pero especialmente desde el Gobierno español, que envió un mensaje al reelegido mandatario norteamericano a través del monarca. La entrevista estuvo marcada, en sus horas previas, por las dificultades que está encontrando José Luis Rodríguez Zapatero para reconducir sus malas relaciones con Estados Unidos, después de que Bush ni siquiera le haya respondido personalmente por teléfono cuando recibió la llamada de felicitación desde Madrid con motivo de su victoria electoral. La reunión del jefe del Estado con el presidente norteamericano fue distendida en las formas, aunque no se conocen detalles sobre posibles gestos de acercamiento por parte de Washington.

Pero la visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía a Texas ha coincidido con otro episodio de ruptura de la necesaria línea de continuidad que normalmente existe en la política exterior de los países civilizados a pesar de las alternancias Gobierno. Las graves acusaciones del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel-Ángel Moratinos, que dijo que el Gobierno de José María Aznar había apoyado el golpe de Estado de abril de 2002 en Venezuela, no sólo han provocado la reacción del Partido Popular y de muchos ciudadanos, sino que presentan numerosas contradicciones que añaden gravedad al asunto. Una de estas incoherencias es la condición de diplomático de Moratinos, un hombre que, por cierto, ocupaba el cargo de enviado especial de la Unión Europea para Oriente Medio cuando los golpistas intentaron derrocar a Hugo Chávez (concretamente lo fue entre 1996 y 2003).

La oposición ha pedido la dimisión del ministro de Asuntos Exteriores español, que finalmente comparecerá en el Congreso de los Diputados el próximo miércoles, 1 de diciembre, según se anunció este mismo miércoles. Pero no se ha producido, ni desde el ejecutivo ni desde el Partido Socialista (PSOE), ni el más leve atisbo de rectificación. El diputado socialista Diego López Garrido echó más leña al fuego el martes al decir que “está acreditado que Aznar apoyó a los golpistas en Venezuela”. Por su parte, Zapatero se limitó a decir que “el espacio parlamentario es el adecuado para que el ministro Moratinos se explique. Creo que, además, lo hará bien”. Y mientras tanto, el protagonista del affaire se abstuvo de hacer declaraciones durante la jornada del miércoles, a pesar de que hubo ocasión para ello en algún momento de la visita del presidente venezolano.

Otra contradicción está en los mismos hechos de abril de 2002, cuando Chávez pidió ayuda al Gobierno de Cuba, que a su vez se dirigió a Aznar y éste tuvo, ciertamente, una conversación con el responsable de los golpistas, pero con la una petición: que se garantizase la democracia en el país sudamericano. Varios medios de comunicación han reproducido, en las últimas horas, unos comentarios del ex presidente español Felipe González realizados en aquel contexto de hace dos años: “Chávez es un golpista”, “con los votos o con las botas, quiere mantenerse en el poder” y “quería un autogolpe, modelo Fujimori” (en referencia a lo que pasó hace más de una década en Perú). Éstas son tres de las frases pronunciadas por el “ilustre” socialista. Por otro lado, es bastante significativo que el diario EL PAÍS, que no es sospechoso de ir contra Zapatero y Moratinos, dedica uno de sus editoriales de este miércoles a las acusaciones contra Aznar, algo que no hacen, por ejemplo, otros rotativos como LA VANGUARDIA o EL PERIÓDICO.

¿Dónde está la diplomacia?

Lo que dijo Moratinos el lunes (por cierto, en un programa de la cadena pública TELEVISIÓN ESPAÑOLA) no es normal porque rompe con todas las normas básicas de los estados democráticos occidentales. Por un lado, estropea la corrección diplomática de la estancia de Hugo Chávez estos días en España, una corrección que no debe ser sólo con el Gobierno sino con todas las fuerzas políticas y, por tanto, con toda la sociedad española. Sin embargo, las acusaciones (además refrendadas y ratificadas horas después por el propio mandatario venezolano) han provocado el enfado de la oposición del PP, avalada por 9,7 millones de votantes. Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, pidió una rectificación urgente. ¿Dónde está la diplomacia y, sobre todo, la ética política del actual ministro de Asuntos Exteriores?

Ciertamente Hugo Chávez fue elegido democráticamente en 1998 y ganó el referéndum revocatorio celebrado el pasado 15 de agosto. Por tanto, es indudable su legitimidad democrática. Pero ello no quiere decir que no haya mostrado actitudes dictatoriales durante estos últimos 6 años. Además, la inestabilidad que ha vivido en algunos momentos su país en este tiempo no es culpa ni de Aznar ni de ningún miembro de los últimos gobiernos españoles. Por cierto, no hay que olvidar que Chávez dio un golpe de Estado en Venezuela en 1992, acción que provocó varios centenares de muertos. Pero volviendo al presente, las deseables buenas relaciones con Venezuela no pasan necesariamente por declaraciones de los actuales ministros contra sus predecesores.

En cualquier caso, estamos ante un nuevo despropósito de la política exterior española. Mientras Zapatero sigue sin hablarse con Bush por la retirada precipitada de las tropas españolas de Irak y por el cambio radical de rumbo, el jefe de la Diplomacia española provoca, con su grave descalificación a Aznar, un nuevo problema. A diferencia de las dos primeras décadas de la actual democracia, España está ahora muy lejos del consenso mínimo en política exterior.

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