Bush y su política exterior: Algo se mueve en Oriente Medio

La política exterior del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no ha estado exenta de críticas, sobre todo procedentes de algunos países europ…

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La política exterior del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no ha estado exenta de críticas, sobre todo procedentes de algunos países europeos (especialmente Francia y Alemania) y del mundo árabe. Si embargo, coincidiendo con el inicio de su segundo mandato, el inquilino de la Casa Blanca ve cómo su visión del mundo, precisamente la que le ha hecho tan impopular fuera de sus fronteras por su dimensión belicista, está dando frutos en el complejo escenario de Oriente Medio, tanto en forma de aperturas democráticas, aunque sean leves, como en forma de gestos de distensión. Como ejemplos del primer caso, tenemos el panorama de Arabia Saudí, que acaba de celebrar elecciones, y el nuevo horizonte político de Egipto, donde habrá pluralidad de candidatos en las próximas elecciones presidenciales, lo que se une a las recientes elecciones de Irak, que para muchos analistas han marcado un “antes” y un “después” a pesar de la persistente violencia.

 

Con este contexto internacional, cada vez son más los que ven en Washington el origen de todos los cambios, y es Estados Unidos directamente, no tanto la invasión y cambio de régimen en Irak. En el conflicto entre Israel y Palestina, la situación era impensable hace sólo medio año. Y aquí sí que es la muerte de Yasser Arafat y su sustitución por Abu Mazen, elegido (por cierto) democráticamente, lo que ha hecho recapacitar al primer ministro hebreo, Ariel Sharon; mucho más que la caída de Sadam Hussein. En cuanto a Arabia Saudí, las primeras elecciones en 40 años suponen un paso importante, a pesar de las enormes limitaciones impuestas, especialmente la discriminación de la mujer para votar. Pero esta aparente apertura tiene más que ver con la ubicación del país en el llamado “eje del mal” de Estados Unidos tras el 11 de septiembre de 2001 que no con el avispero iraquí.

 

En Egipto, el presidente Hosni Mubarak, en el poder desde 1981 tras el asesinato de Anuar El Sadat, el gran artífice de los acuerdos de paz con Israel, acaba de anunciar una reforma constitucional que permitirá la participación de más de un candidato en las elecciones presidenciales. Este cambio es, además, tan sorprendente como repentino si se tiene en cuenta que el propio Mubarak había calificado de innecesaria cualquier reforma hace poco más de un mes. Aquí tampoco parece que Sadam Hussein y su caída hayan tenido nada que ver.

 

Líbano y Siria

 

Y, por supuesto, no se puede obviar una referencia al Líbano, país conmocionado tras el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri. Las posteriores protestas contra Siria, potencia invasora de su vecino, y el reciente anuncio de repliegue por parte de Damasco representan un signo de distensión también poco previsible hace sólo unas semanas. Ahí está, por otro lado, la dimisión del Gobierno. Washington ve en este hecho “una ocasión para que los libaneses se doten de un nuevo ejecutivo que represente mejor la diversidad del país”. También asegura que puede ser una oportunidad para que “se organicen elecciones libres y equitativas”.

Por su parte, fuentes gubernamentales de Siria se limitan a decir que lo sucedido estos días constituye “un asunto interno” del Líbano, donde la renuncia, aunque podía parecer esperada, ha provocado sorpresa en muchos sectores sociales y políticos. Entre este panorama, cada vez son más claras las voces internacionales que reclaman el cumplimiento de la resolución 1559, aprobada por las Naciones Unidas el pasado 2 de septiembre, un texto que reclama respeto por la soberanía del Líbano y exige la retirada de las tropas extranjeras, incluidas las de Siria, principal país ocupante desde 1976.

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