Buttiglione, Borrell y la imposición moral de la izquierda

  El ex ministro italiano Rocco Buttiglione, propuesto como comisario europeo de justicia libertad y seguridad, se ha encontrado con el rechazo de soc…

 

El ex ministro italiano Rocco Buttiglione, propuesto como comisario europeo de justicia libertad y seguridad, se ha encontrado con el rechazo de socialistas, liberales, verdes e Izquierda Unida, por haber manifestado con claridad cuáles eran sus criterios morales al considerar pecado la homosexualidad y defender el matrimonio ligado a la dualidad hombre-mujer.

 

En sus declaraciones Buttiglione dejó claro, utilizando los sólidos argumentos que Kant proporciona a este filósofo de profesión, la circunstancia de que sus criterios morales no van a dificultar el ejercicio de sus funciones, pero que obviamente no esconderá lo que su conciencia piensa.

 

La concepción liberal de la democracia, de la que participan también los socialdemócratas, es esencialmente instrumental, no existe “el bien”, “la verdad”, cada uno tiene la suya y la democracia lo que debe hacer es conciliar las distintas posiciones. Según este enfoque, no existe una moral común compartida por todos.

 

Si un futuro comisario hubiera manifestado que consideraba que la multiplicidad de relaciones sexuales era una práctica positiva para el equilibrio personal y el Partido Popular europeo o cualquier otro le hubiera rechazado por este motivo como futuro comisario, la izquierda y los liberales hubieran clamado al cielo señalando que se estaban inmiscuyendo en la moral personal del sujeto. Lo que sucede ahora con Buttiglione es exactamente lo mismo, la diferencia es que ahora es la izquierda que se convierte en juez moral.

 

¿En nombre de quién o quienes puede poner la suya cuando rechaza que exista una sola moral? Al socialista Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, prototipo de jacobino a pesar de su condición de español, le ha faltado tiempo para meter baza en el asunto criticando a Buttiglione, desvirtuando así la neutralidad que se le presupone por su cargo.

 

En este sentido, Giuseppe Gargani, presidente de la comisión jurídica del parlamento ya le ha llamado al orden por extralimitarse en sus funciones y hablar antes de que la correspondiente comisión parlamentaria haya emitido su criterio. Borrell debería aprender que como presidente de una institución su opinión pública no puede ser otra que la que represente formalmente a la institución que él representa.

 

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