Calella “descarta totalmente” repetir el turismo de borrachera; ¿por qué Salou consiente el ‘Saloufest’?

Después del Saloufest, el turismo de borrachera y sexo fácil por un puñado de euros, ¿llega un nuevo ‘Calellafest’? Pues t…

Después del Saloufest, el turismo de borrachera y sexo fácil por un puñado de euros, ¿llega un nuevo ‘Calellafest’? Pues todo apunta a que no se repetirá en los próximos años la celebración del Springbreak, la oferta turística que ha tenido durante cuatro días alborotada la población de Calella, en la comarca del Maresme (Cataluña), con 900 jóvenes franceses de fiesta permanente y consumiendo alcohol sin límites.

Y es que este fin de semana el turismo de borrachera se instaló en Calella gracias a la propuesta de un operador turístico que ha intentado imitar el fenómeno que año tras año se repite en Salou a pesar de las protestas de los vecinos que apuestan por el turismo familiar.

En ese sentido, el Ayuntamiento de Calella lo tiene claro y ha asegurado que el Springbreak no se repetirá. El teniente alcalde de Seguridad, Albert Torrent, ha "descartado totalmente" que el municipio vuelva a reunir "este tipo de oferta turística" porque "no encaja" con el turismo que quiere.

"Daños a la imagen" de Calella

El consistorio afirma que busca un "turismo totalmente diferente del que ofrece" el operador turístico que ha organizado el evento. A pesar de que "no ha habido ningún incidente" destacable, Calella no quiere volver a repetir la experiencia de cientos de jóvenes deambulando por sus calles y playas consumiendo alcohol a destajo.

El Ayuntamiento incluso ha calificado de "pequeña anécdota" la estancia de este puente del primero de mayo. También ha dicho que seguirán adelante con la denuncia contra agencia que organizó el tour por "daños a la imagen" de Calella.

"El Ayuntamiento no tiene ninguna intención de que se pueda repetir porque el tipo de oferta que hacen no encaja con la voluntad del Ayuntamiento, que quiere otro tipo de turismo", ha explicado Torrent.

Para el teniente alcalde de seguridad, la estancia de los 900 turistas no es relevante si se compara con las 800.000 pernoctaciones que tiene a lo largo del año este municipio del Maresme.

En cualquier caso, durante esos cuatro días el estruendo de la música era una constante en el Hotel Esplai de Calella, un estruendo que retumbaba en la piscina del establecimiento.

La oferta del Springbreak: "cuatro días de locura"

La cuestión es que, tras librarse de los alborotos del Calellafest en el 2010, esta población del Maresme ha vuelto a sufrir las consecuencias del denostado turismo de borrachera. Un modelo repudiado en la localidad, pero que se había resucitado con esa fiesta etílica de cuatro días denominada Springbreak, organizada por la agencia Playa y Fiesta.

El pack de la agencia incluía lo siguiente: traslado en autocar; tres noches de hotel en la modalidad de todo incluido; fiesta de espuma, música y gogós cada tarde en la piscina; unas horas de baile, después, en la sala de fiestas del hotel y, a partir de las once de la noche, entrada gratuita a dos discotecas con barra libre.

Todo incluido, por 270 euros. Este es el programa y el precio del Springbreak que, al menos, no ha escondido sus intenciones de desenfreno alcohólico bajo ningún paraguas de supuestas actividades deportivas, como hace Salou.

"Son cuatro días de locura", señalaban Mara y Sebastien, una pareja de la región de Aquitania que acudió a la celebración de primavera por primera vez (y por última, porque él ya ha llegado al tope máximo de edad permitido por los organizadores, 30 años), según informaba el viernes El Periódico de Cataluña.

Los dos jóvenes explicaban que en Francia estas fiestas están de moda desde hace tiempo y ellos llevaban años deseando participar en una de ellas. “De momento todo va bien y lo estamos pasando magníficamente, pero nos preocupa un poco la noche, porque la gente se pasa mucho bebiendo”, confesaban.

Por su parte, la propia alcaldesa de Calella, Montserrat Candini (CiU), ha advertido que no piensa “tolerar” ese tipo de turismo y que empleará todos los mecanismos que estén en su mano para evitarlo. Entre ellos, la ordenanza de civismo, que responsabiliza a los empresarios de los alborotos y desperfectos causados por sus clientes, y la posible interposición de una demanda civil contra los organizadores por los daños y perjuicios causados a la imagen de la localidad.

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