Cámbialo todo con un gesto

Un estudio realizado en Trieste, Italia, muestra que una sonrisa, una mueca de enfado o un rostro amable, condicionan las acciones que se desarrollan …

Un estudio realizado en Trieste, Italia, muestra que una sonrisa, una mueca de enfado o un rostro amable, condicionan las acciones que se desarrollan a nuestro alrededor, aunque no tengan nada que ver.

Eso han demostrado Elisabetta Ambron y Francesco Foroni, de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados (SISSA) en Trieste, en el estudio publicado en la revista Psychonomic Bulletin and Review. Estos estímulos afectan no sólo a nuestro estado de ánimo, también a nuestro movimiento y acción.

Se nota a diario y podríamos hacer la prueba, por ejemplo, “sonriendo en el autobús, a ver qué pasa”. Claro que se nota mucho más, este estudio de los gestos, si vas por ahí poniéndole mala cara a la gente o con gesto severo. La aparición en nuestro campo de visión de un rostro cargado de emociones condiciona no solo nuestra respuesta, también cualquier cosa que estemos haciendo, aunque no tenga nada que ver.

En Trieste llevaron a cabo un experimento muy sencillo en el que un grupo de voluntarios tenían que trazar una línea recta con un bolígrafo a la vez que se les aparecía un rostro con distintas expresiones. Cuánto más fuerte era la expresividad de la cara, más se desviaban los sujetos de la trayectoria que tenían que trazar. Interesante, ¿verdad?

Afirma Elisabetta Ambron: “Nuestro estudio es el primero en investigar el efecto que producen en los demás los estímulos externos como las expresiones de las caras”. Y van más lejos en lo relativo a la importancia de los gestos y aseguran que algo tan cotidiano como conducir un coche puede estar condicionado por las expresiones de su alrededor y esto es algo que los organismos responsables de diseñar el tráfico deberían tener en cuenta.

He recopilado parte de estos datos a través de Miguel Margineda y de la web “Investigación y Ciencia”; a ellos agradezco la exposición de un tema de tanto interés para conseguir una sociedad más amable y más humana.

Con lo anteriormente expuesto, lo que se puede dejar claro es que un gesto, un simple gesto, puede hacer que la vida de los demás discurra por derroteros muy distintos. Por eso es importante que valoremos lo decisiva que puede ser para los demás nuestra actitud y nuestra forma de proceder. Una sonrisa nuestra en un momento determinado puede hacer un inmenso bien a una, a varias o a muchas personas.

En el trabajo, donde quizá pasamos la gran parte del día, ¿procuramos ser cordiales, procuramos ser amables, procuramos sonreír, aunque quizás en determinadas circunstancias estemos pasando una situación adversa?

Cuando vamos por la calle, ¿procuramos ser atentos y agradables con las personas que nos cruzamos, saludamos cuando es necesario, cedemos el paso, llevamos una actitud positiva ante el posible encuentro con otras personas?

En el hogar, ¿estamos habitualmente con cara de circunstancias, amargamos si podemos la vida de los demás o suavizamos las contrariedades sabiendo como hemos dicho la importancia y la trascendencia de los gestos?

Que no sea real en nuestra vida lo que dicen de muchas personas: “que son súper amables y alegres con los amigos y habitualmente antipáticos y groseros con la esposa o con los hijos”.

Referente por lo tanto a este tema de los gestos, quizás haya que buscar el procedimiento para que especialmente los profesionales relacionados con la medicina, la educación y el trato con ancianos y niños, tengan la delicadeza suficiente para cuidar adecuadamente los gestos con estas personas, puesto que ellas son más vulnerables y más sensibles: por la edad, por sus circunstancias o por su enfermedad.

En concreto, la medicina y la educación mejorarían mucho si los profesionales de las mismas viviesen su profesión con auténtica vocación y no lo hicieran sólo como un medio para conseguir sus honorarios.

Hoy los gestos y las actitudes no son, muchas veces, las apropiadas porque hay muchas personas que viven egoístamente, encerrados en sí mismos, en su poder y en su bienestar personal y se olvidan de los demás, sean estos quien sean.

Muchas personas ven en los demás solamente escalones para ellos subir y tener más y más y más, trabajando menos y menos si eso fuera posible y además con menos interés.

Uno de los grandes santos de la alegría, de los gestos cordiales, de la simpatía y de la amabilidad, San Josemaría, nos dice en Forja 590: “No alcanzaremos jamás la auténtica alegría sobrenatural y humana, el verdadero buen humor, si no imitamos de verdad a Jesús; si no somos, como Él, humildes”.

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