Cameron propone acabar con la histórica discriminación de los católicos en el Reino Unido

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La discriminación de los católicos en el Reino Unido por parte de los protestantes podría estar caminando hacia una relajación del anticatolicismo que existe en el imperio británico. Los protestantes no solamente son la religión más numerosas en las islas, sino que también está muy imbricada en la política de la democracia más antigua del mundo.

El principio del fin de esa discriminación histórica podría llegar de la mano del primer ministro británico David Cameron que recientemente ha sugerido abolir la ley que impide a los católicos o casados con católicos ser monarcas de Gran Bretaña.

Esta iniciativa toparía con dos argumentos en contra difícilmente salvables. Uno es que el rey británico también es Jefe de Estado de 16 países de la Commonwealth (por ejemplo, Nueva Zelanda es una monarquía parlamentaria cuya reina es Isabel). Así que al menos otros 15 países también deberían estar de acuerdo con la modificación, según explica Juanjo Romero en su blog de InfoCatólica. La segunda razón que se señala es que el monarca es cabeza de la Iglesia de Inglaterra y no tendría mucho sentido que fuese un católico.

Desde el año 1701 está vigente el ‘Act of Settlement’: “[…] También se estableció que todas y cada una de estas personas que en ese momento o en lo sucesivo se reconciliaran o comulgaran con la Sede o Iglesia de Roma o profesaran la religión papista, o contrajeran matrimonio con un papista, serían excluidos, y por lo mismo quedarían incapacitados a perpetuidad para heredar, poseer o gozar de la Corona y el gobierno de este reino y los de Irlanda y sus posesiones, o de cualquier parte de ellos, o para tener, usar o ejercer cualquier poder, autoridad o jurisdicción reales dentro de los mismos; y que, en estos casos, los súbditos de dichos reinos se hallan y se hallarán relevados de su deber de obediencia; y que la citada Corona y gobierno real recaerán en la persona o personas protestantes que los hubieran heredado en caso de muerte natural de las personas que se hayan reconciliado, comulgado, profesado o contraído matrimonio en la forma que ha antedicha”.

Lo cierto es que Cameron y su gobierno de coalición con esta afirmación realizada en una entrevista a un diario inglés, asume con su intento de revocación que existe una discriminación palpable a los católicos. De todas formas, ya el ex premier Gordon Brown lo propuso en 2008 con ninguna incidencia.

El premier británico añadía en su entrevista que su iniciativa también modificaría igualmente la preeminencia de los varones para acceder al trono en un intento por modernizar una de las monarquías más antiguas de la ya de por sí Vieja Europa. Una forma de hacer más amigable, accesible y ‘democrática’ la monarquía británico en los tiempos que corren. Así Cameron cambiaría las disposiciones discriminatorias de la mujer en el acceso al trono; algo que sucede igualmente en España, donde la mujer sólo puede heredar la corona si no hay otro hermano varón.

La cristianofobia británica

En el Reino Unido son numerosos los católicos que han acabado teniendo problemas por su condición. Después de asuntos como el de la dependiente copta de la compañía British Airways, Nadia Eweida, del psicoterapeuta y consejero matrimonial Gary MacFarlane, de la pareja de hoteleros cristianos Peter y Hazelmary Bull, o de la pareja cristiana de origen jamaicano Eunice e Owen Johns (por nombrar algunos), los medios de comunicación ingleses han informado de un nuevo ejemplo de cristianofobia.

Se trata de el episodio sucedido a raíz de que una de las constructoras más grandes de Gran Bretaña, la Wakefield and District Housing, haya abierto un expediente disciplinario contra uno de sus dependientes –Colin Atkinson–, porque se niega a quitar una discreta y sencilla cruz hecha con hojas de palma, del parabrisas de la furgoneta de la empresa.

Atkinson, que fue contratado en 1996 como electricista de la la Wakefield and District Housing (WDH), con sede en Castleford, al sureste de Leeds, en Yorkshire occidental, que también recibe dinero público, está a punto de ser despedido por un “grave error profesional”, a pesar de tener un historial de servicios impecable.

“Los últimos meses han sido increíbles, una pesadilla”, dijo Atkinson: “He trabajado en las minas de carbón y presté servicio en el ejército en Irlanda del Norte y nunca he soportado tanto estrés como ahora. El trato a los cristianos en este país se está convirtiendo en diabólico. Es lo políticamente correcto llevado hasta el extremo”.

Atkinson, de 64 años, frecuenta la Pentecostal Destiny Church en Wakefield. Pero el hombre no pretende huir. “Nunca me he sentido tan motivado antes. Estoy decidido a luchar por mis derechos. Si me despiden, que así sea. Pero lucharé por mi fe”, dijo al Mail on Sunday. “(Nosotros) los cristianos –sostiene– estamos llamados a vivir públicamente nuestra fe”.

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