Campaña para introducir el concepto de “adolescente maduro”

Introducir en la sociedad el concepto de “adolescente maduro” es el objetivo de algunas iniciativas conocidas recientemente tanto en el ámbito polític…

Introducir en la sociedad el concepto de “adolescente maduro” es el objetivo de algunas iniciativas conocidas recientemente tanto en el ámbito político como social o profesional. Unas semanas después de la decisión del Gobierno catalán de suministrar gratuitamente la píldora del día después a todo el que la pida, incluidos los adolescentes, y de las recomendaciones públicas que hizo el Ministerio de Sanidad español en el mismo sentido, se acaba de hacer público que el Colegio de Médicos de Cataluña ha incluido, en el artículo 33 de su nuevo código ético aprobado el sábado 20 de noviembre, una frase que dice así: “El médico, en caso de tratar a un paciente menor de edad y cuando la considere con las suficientes condiciones de madurez, deberá respetar la confidencialidad ante los padres o tutores y hacer prevalecer la voluntad del menor”.

“Las menores que quieran abortar lo podrán hacer, aunque sea en contra de la opinión de los padres”. Éste fue uno de los comentarios del presidente del Comité Deontológico de la entidad médica, Joan Monés, en declaraciones a la agencia EUROPA PRESS. Defendió, entre otras cosas, que se respete la voluntad del menor aunque vaya contra el criterio de sus padres. Aunque aclaró que el médico deberá “cumplir estrictamente con los supuestos legales que contempla la interrupción voluntaria del embarazo”, también dijo que el profesional tiene que “valorar la madurez del menor”. ¿Cómo se valora esa madurez cuando hablamos de adolescentes? ¿Quién lo determina? ¿Es que los adultos son, por definición, poco maduros hasta el punto de someterse al criterio de niños o niñas que tienen, por ejemplo, entre 13 y 14 años? El doctor Monés asegura que debe “prevalecer la opinión de la adolescente”, excepto en casos de discapacidad o limitación. Existe, pues, una continuada laminación de la responsabilidad de los padres, que en realidad son a quienes corresponde legítimamente el derecho y el deber de educar a sus hijos.

La nueva disposición del Código Deontológico sobre los menores fue aprobada con el 72 por ciento de votos a favor, el 19 en contra y un 9 por ciento de abstenciones. El apoyo, sin embargo, fue menor que en otros puntos. Algo parecido ocurrió con otro artículo que, sin referirse directamente al tema, apoya la investigación con embriones congelados (dijeron “sí” un 73 por ciento de los 332 representantes reunidos). En el artículo 67, se señala que el médico “no participará ni directa ni indirectamente en ningún proceso de clonación humana con finalidades reproductivas” y que “no se pueden crear nuevos embriones con finalidades de experimentación”.

Con estas reformas, que completan un documento de 123 normas, el colectivo médico catalán apoya las decisiones de los adolescentes como si fuesen personas maduras, incluso por encima de lo que piensen sus padres. Es el mismo criterio que se sigue, por ejemplo, cuando la Generalitat de Cataluña anuncia que tiene previsto poner máquinas de preservativos en las escuelas de Secundaria (ESO) y Bachillerato, donde hay personas de 12 años e incluso algunas de 11, o cuando el Gobierno español reduce a un simple reparto de condones su campaña con motivo del Día Mundial de Lucha contra el SIDA. Se da por supuesto, en definitiva, que el adolescente ya puede decidir por sí mismo, como sucede en la edad que sirve, en el Código Penal, como barrera para la tipificación de los delitos de abuso de menores (la pederastia): los 13 años. Es la más baja de Europa.

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