Caritas in veritate (III)

Las palabras se desgastan con el tiempo y con el uso. El término caridad es uno de los que ha sufrido un vaciamiento de contenido que conviene …

Las palabras se desgastan con el tiempo y con el uso. El término caridad es uno de los que ha sufrido un vaciamiento de contenido que conviene recuperar. Benedicto XVI señala que “la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la iglesia” (CV 2) pues es la sustancia de las relaciones personales con Dios y con el prójimo (amistades, familias, pequeños grupos-; pero también en las macro-relaciones sociales, económicas y políticas. El contraste con los tres maestros de la sospecha es verdaderamente notable.

Para Marx el individuo no cuenta frente a la dialéctica de la historia y la materia y se le usa o se le mata con total frialdad. La miseria económica no tardó en llegar en los países que siguieron y siguen su derrotero. Nietzsche sostiene que no es posible el amor pues equivale a la voluntad de poder del débil que domina al poderoso; la consecuencia es la crueldad de la voluntad de poder, como bien mostraron los nazis. Freud niega el amor sexual reduciéndolo a erotismo y miedo a la muerte y neurotizó a una época. Es necesario recuperar la caridad social con una idea menos parcial de la persona.
Veamos la caridad base de los negocios. Sin mínimo de lealtad, de cumplir los compromisos, de sinceridad, no es posible negociar nada. Sin esa confianza en la persona no es posible tener relaciones económicas. La confianza se ata con contratos, jueces, policías, instituciones y demás para que los tramposos no abusen, pero la justicia no se reduce a eso. “Sólo la noción del acto personal de ser puede fundar una verdadera justicia[1]. Esta idea, que podía parecer algo teórica, se ha visto tristemente confirmada con la crueldad de los sistemas del siglo XX (barbaries nazi y comunista), unida a otras injusticias semiocultas como el desprecio del débil, del más inocente que es el no nacido, de los ancianos y los discapacitados, con equilibrios técnicos inhumanos. El colectivismo y el individualismo son dos formas emparentadas en negar la persona.
Veamos el origen de la justicia en el acto de ser de cada hombre siguiendo a Cardona: “El derecho presupone la propiedad que es anterior a la justicia[2]. Por propiedad no se entiende el derecho sobre unos bienes materiales,si no lo que se tiene como más propio, y eso es el acto de ser, el ser persona: ser inteligente, capaz de derechos, libre, etc. “Este acto tiene que ser un acto gratuito, un acto liberal, un acto de amor”[3]. Nadie puede exigir que le den la vida, ni una determinada capacidad, ni nada injusto etc. La raíz es dada por el Creador, es un don gratuito, no exigido, pero una vez recibido es inalienable, pues “su acto de ser es dado, nuevo, irreductible[4]
Con la visión metafísica y teológica de la persona adquiere nueva luz la clásica definición de justicia: “ad alium suum reddere” (dar a cada uno lo suyo)[5], comenzando por dar pues que es amor un acto amoroso. El derecho existe para evitar los abusos. El ‘otro’ no es un opuesto, ni un extraño,si no ‘otro yo’; incluso en los casos de enemistad debe imperar el perdón con justicia, y no la venganza. “Es la función de la justicia: establecer el orden del amor en las relaciones entre el hombre y Dios y entre los hombres”[6]. San Josemaría lo expresa con una gran claridad: “Justicia es dar a cada uno lo suyo; pero yo añadiría que esto no basta. Por mucho que cada uno merezca, hay que darle más, porque cada alma es una obra maestra de Dios. La mejor caridad está en excederse generosamente en la justicia; caridad que suele pasar inadvertida, pero que es fecunda en el Cielo y en la tierra. Es una equivocación pensar que las expresiones término medio o justo medio, como algo característico de las virtudes morales, significan mediocridad: algo así como la mitad de lo que es posible realizar. Ese medio entre el exceso y el defecto es una cumbre, un punto álgido: lo mejor que la prudencia indica.
Por otra parte, para las virtudes teologales no se admiten equilibrios: no se puede creer, esperar o amar demasiado. Y ese amor sin límites a Dios revierte sobre quienes nos rodean, en abundancia de generosidad, de comprensión, de caridad”[7].Ya el derecho clásico dice que summum ius, summa iniuria, es decir que la rigidez de lo estrictamente justo puede ser una clara injusticia, pero si da de entrada no se entiende que la justicia es inseparable de la caridad las injurias crecerán. Con una perspectiva mejor fundada “aún el acto más íntimo y privado compromete el bien común”[8]. Bien común es más que utilidad general, es más que lo legal, es parte del bien de justicia muy unida a la caridad.


[1] Cardona Metafísica del bien y del mal Ed Eunsa 1987. p.219
[2] ibid. p. 219
[3] ibid. p.219
[4] ibid. p. 219
[5] Santo Tomás S.Th. II-II,q. 47, a.9
[6] Cardona, Metafísica del bien y del mal,Ed Eunsa 1987. p. 213
[7] San Josemaría Escrivá. Amigos de Dios. Ed Rialp. N 83
[8] Cardona Metafísica del bien y del mal, Ed Eunsa 1987. p. 216
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