Caritas in veritate (IX)

La riqueza de un pueblo es el trabajo de sus hombres y mujeres. Existen países ricos con pésimo clima, pocos productos naturales, cat&a…

La riqueza de un pueblo es el trabajo de sus hombres y mujeres. Existen países ricos con pésimo clima, pocos productos naturales, catástrofes abundantes, pero trabajan, se esfuerzan y se han desarrollado. Por el contrario existen pueblos que parecen paraísos, pero son pobres. Sus gentes tienen problemas graves.

Benedicto XVI resumiendo la Populorum progressio cita tres causas del subdesarrollo: a) la primera en la voluntad egoísta, b) la segunda en el pensamiento confuso, c) la tercera y más grave es la falta de fraternidad. Es decir en la falta de caridad asimilada en la vida. Así lo expresa la encíclica Caritas in veritate: “Ante todo, en la voluntad, que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad. Después, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente el deseo. Por eso, para alcanzar el desarrollo hacen falta «pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, el cual permita al hombre moderno hallarse a sí mismo». Pero eso no es todo. El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos»”(CV 19).

Un ejemplo de este diagnóstico lo vemos en la corrupción que corroe pueblos pobres que tienen todos los recursos para ser ricos, pero no lo son. ¿Cómo se va a hacer negocio con tramposos o cuando las leyes no garantizan los contratos? Si el número de perezosos, infieles a la familia, borrachos o ladrones es muy grande la decadencia llegará aunque abunde el petróleo, las minas o el buen clima. Hombres débiles y poco éticos frenan el desarrollo.

Lo mismo ocurre cuando las ideas son muy equivocadas. Es el caso de China o Rusia dominadas por la ideología comunista; aplican esas ideas y la ruina material les lleva a la decadencia. Dan libertad y buenas leyes y empiezan a mejorar.

La falta de fraternidad es, evidentemente, la peor causa del subdesarrollo. En toda sociedad hay débiles y enfermos. También existen azares de la fortuna. La familia humana ha sido siempre la solucionadora de esos problemas; cuida a hijos y hermanos, e incluso otros parientes, con generosidad y sin queja. Los estados suplen muchas de las insuficiencias, pero no con tanto empeño, más bien burocráticamente.

Además, hoy existe un problema nuevo; la globalización de los problemas. ¿Se podrán solucionar las trabas comerciales para un comercio justo? ¿Será posible establecer políticas laborales superando que algunos países traten a los trabajadores como esclavos? Las reuniones se suceden y los problemas siguen. Todos somos conscientes de que el avance técnico ha permitido abundancia de alimento en el mundo y facilidad de transportes, pero multitudes mueren de hambre. ¿Qué pasa? No hay voluntad de enfrentarse a los problemas esenciales, no se les ve como hermanos, ése es el problema.

Si se quiere ir al fondo del tema se debe escuchar lo que dice el Papa: “esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Ésta nace de una vocación trascendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna.

Pablo VI, presentando los diversos niveles del proceso de desarrollo del hombre, puso en lo más alto, después de haber mencionado la fe, «la unidad de la caridad de Cristo, que nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres»”(CV 19).

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