Caritas in veritate (V)

1967 y lo que se ha llamado el mayo francés de 1968 son fechas clave para entender nuestro tiempo. Dos corrientes contrapuestas luchan por la c…

1967 y lo que se ha llamado el mayo francés de 1968 son fechas clave para entender nuestro tiempo. Dos corrientes contrapuestas luchan por la conciencia de nuestro tiempo. De un lado finaliza en 1965 el Concilio Vaticano II con un fuerte impulso de esperanza y renovación en la Iglesia católica, abierta a todos los cristianos y los hombres de buena voluntad. De otro surge el movimiento juvenil fruto de las doctrinas freudomarxistas opuesto al sistema social surgido después de la II Guerra mundial. A este movimiento no le basta la Declaración de los Derechos humanos de 1948 ni la unión de las naciones en la Organización de Naciones Unidas, la insatisfacción es notoria a pesar de la tensa paz de la guerra fría. Las promesas de la liberación marxista y maoísta junto al desenfreno sexual hacen mella en una buena parte de los jóvenes de Occidente que en pocos años serán los dirigentes de esos países. En 1967 publica Pablo VI la importante encíclica social Populorum progresio y poco después la Humanae vitae que son como un clamor por la verdad en la esperanza. Hoy, pasados cuarenta años de estos hechos, es posible juzgar ambos movimientos paralelos que se juntan escasamente.

Vale la pena considerar la reflexión que hace Benedicto XVI sobre estas fechas. “Al publicar en 1967 la Encíclica Populorum progressio, mi venerado predecesor Pablo VI ha iluminado el gran tema del desarrollo de los pueblos con el esplendor de la verdad y la luz suave de la caridad de Cristo. Ha afirmado que el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo y nos ha dejado la consigna de caminar por la vía del desarrollo con todo nuestro corazón y con toda nuestra inteligencia, es decir, con el ardor de la caridad y la sabiduría de la verdad” (CV 8). Esta afirmación ha sido poco seguida en Occidente y los frutos están a la vista en la desorientación en los aspectos básicos de la cuestión social. Detengámonos en ella.

Ambos Papas afirman con contundencia que “el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo”. ¿Por qué dicen esto que parece dirigido solamente a los cristianos? Primero porque es parte esencial del mensaje a todo hombre y luego porque sin la ayuda gratuita de Dios el hombre no puede alcanzar la liberación de las cadenas que le hacen esclavo. Los hechos de nuestro tiempo confirman esta afirmación, cuando muchos se preguntan ¿qué ha pasado?, ¿cómo podemos salir de estas contradicciones que llevan al pesimismo y pueden ser mucho más graves?

Cuando San Pablo explica el cristianismo a los judíos de Roma señala que el mundo pagano está lleno de pecados, y que aunque los judíos tenían el conocimiento de la Ley moral no podían cumplirla en su integridad porque les faltaba algo, y ese algo es el que Cristo viene a traer: la gracia divina. Veamos sus palabras “Porque la ley del Espíritu de la vida que está en Cristo Jesús te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que era imposible para la Ley, al estar debilitada a causa de la carne, [lo hizo] Dios enviando a su propio Hijo” (Rom 8,2-3). Traduciendo estas palabras a nuestro contexto cultural se puede decir: vuestra razón esta atrapada por una sombra que os lleva a errores y faltas. No podéis alcanzar la justicia sólo con vuestras éticas racionales pues os falta algo, y ese algo os lo da Cristo que es Dios y Hombre verdadero, que murió por amor en una Cruz y resucitó venciendo a la muerte y la injusticia. Sin Él volverán insistentes las crisis originadas en pecados y errores de los hombres. Sin Cristo no hay solución total a los problemas, se puede aceptar o no, pero la realidad es persistente y las soluciones que se van dando desde los Estados a la crisis actual parecen fuentes de mayores crisis futuras. Lo que es válido para el individuo también lo es para la sociedad: es necesario rezar además de usar la razón.

Como dice San Pablo “Asimismo también el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza: pues no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, porque intercede según Dios en favor de los santos” (Rom 8, 26-27). Benedicto XVI explica así esta verdad.La verdad originaria del amor de Dios, que se nos ha dado gratuitamente, es lo que abre nuestra vida al don y hace posible esperar en un «desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres», en el tránsito «de condiciones menos humanas a condiciones más humanas», que se obtiene venciendo las dificultades que inevitablemente se encuentran a lo largo del camino” (CV 8), es decir, la gracia de Cristo no sólo salva a las almas sino también a las sociedades y a la humanidad de sus grandes problemas.

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