Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

De la poesía de Carlos Pellicer (1897-1977) se ha dicho que es la vanguardia después del modernismo. De su catolicismo pudiera decirse que es otra vanguardia después del modernismo que condenó Pío X. A pesar de una larga y fecunda vida de escribir poemas, Carlos Pellicer fue un desastre a la hora de publicarla y hacerla circular. Como resultado, en plena gloria, ni uno solo de sus libros se había reeditado, no había ninguno en librerías y solamente un centenar de personas los tenía todos.

Pellicer nació en Tabasco, lugar de selva y ríos, al sur de la costa del Golfo de México. Mucho antes que Neruda, cantó los puertos y las playas de América, celebrando la novedad primigenia de la Creación. Tiene ojos para ver la hermosura de lo concreto, alegría de estar vivo y humildad para ser natural en la naturaleza, para aceptar los límites como formas gozosas. Ni los fracasos ni las decepciones son capaces de cerrarlo a la gracia. Su obra es ante todo homenaje: fresco, desgarrado, reconciliado homenaje a la alegría.

Frescura, desgarramiento y reconciliación señalan tres etapas en su poesía. En la primera etapa se encuentran los libros que escribió antes de los treinta años. Estos libros son una explosión, un giro inusitado en la historia de la poesía mexicana. En una tradición que se iba alisando por erosión, son una voladura que abre nuevos cauces. Y esto, sin cálculo ni manifiestos: por expansión vital. Imágenes sorprendentes, ritrmo, frescura, agilidad, sentido del humor, ocurrencias, el mar, el sol, América, irrumpen por primera vez en la poesía mexicana.

La segunda etapa está en los libros publicados a los cuarenta años. A la explosión, sigue un repliegue. La voz se vuelve íntima. Después de algunos años en silencio, habla “la silenciosa música de callar un sentimiento”. En vez de la imaginación y la inventiva, predomina el corazón. Desaparecen los discursos. El soneto adquiere una importancia especial. La naturaleza no se desdibuja, pero destaca el paisaje humano.

El último Pellicer empieza a publicar a los cincuenta años. Tiene la voz de un joven poeta que recobra su alegría, pero ya no puede olvidar el silencio. El soneto se vuelve religioso y brota con abundancia. El repliegue se vuelve recogimiento para cantar la Navidad: la perpetua renovación.

Diversos estudios sobre Pellicer han ido acumulando observaciones y puntos de vista dignos de recordarse. Longevidad poética. Perpetua juventud. El más americano de los poetas mexicanos. El de obra más vasta y variada. Poesía de grandes monumentos y delicadas miniaturas. El primer poeta mexicano realmente moderno. Capacidad de juego y entusiasmo. Libre trato de tú con la poesía, gusto por lo sensual de la palabra. Un Huidobro mexicano.

En vida, Pellicer llegó a ser un nombre importante, pero sólo un nombre, para algunas decenas de miles de mexicanos. Fue un poeta leído en antologías o revistas por algunos miles  de lectores de habla española; el autor de unos libros de bibliófilo para algunos cientos de coleccionistas; el creador de una obra conocida a fondo, para algunas docenas de conocedores.

Afortunadamente, esto cambió. Ahora esta poesía de un católico moderno puede encontrarse publicada por el Fondo de Cultura Económica de México. Críticos como Gabriel Zaid, de quien tomo el contenido de este artículo, la dan a conocer.

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