Carta a un no creyente

Tienes dificultades para creer que Dios pueda hablar a los hombres. Pero, quién dio a los hombres la voz, ¿no podrá hablarles?, &…

Tienes dificultades para creer que Dios pueda hablar a los hombres. Pero, quién dio a los hombres la voz, ¿no podrá hablarles?, ¿quién podrá decretar su mudez?

Si crees que Dios está demasiado alto para hablar a seres imperfectos, ¿no piensas que nunca es más noble y elevado un gran hombre que cuando enamorado de una mujer de baja condición social, se abaja para casarse con ella? Y que, del mismo modo, Dios no queda rebajado sino enaltecido cuando desciende del solio de su infinita bienaventuranza para abajarse al nivel del pobre ser humano. Es mayor (siempre hablando humanamente) porque muestra un amor infinito que no teme rebajarse al dar la mano al hombre caído, al condescender al nivel del que nada es. Espiritualmente, digno es Dios de mayor alabanza por esta condescendencia sublime que por su propio poder infinito.

Pero, ¿quizá se trata de leyendas que nos narran que Dios habló a los hombres hace muchos siglos?

Mas también en nuestros días ha hablado y habla Dios a los hombres. De entre muchísimas manifestaciones divinas escojo, como ejemplo, la teofanía de Fátima, en donde tres niños contaban que la Virgen se les había aparecido.

Podríamos pensar “cosas de niños”, a no ser porque los niños preanunciaron que tal día concreto Dios haría un milagro para que la gente creyera. Y ese mismo día preciso, ante una multitud de 70.000 personas, que quedaron atónitas, se produjo un espectacular prodigio.

Lo recogió al día siguiente, o al cabo de dos días, un periódico portugués laicista, ‘O Seculo’, que tituló así en primera página (número del 15-10-1917): “Como o sol bailou ao meio dia em Fátima” (“Como el sol danzó a mediodía en Fátima”).

El sol podía ser mirado sin que deslumbrase, cambiaba de colores, giraba sobre sí mismo y en un momento dado pareció desprenderse del cielo y precipitarse sobre la multitud. Muchos cayeron de rodillas, pidiendo perdón, pensando que llegaban sus últimos momentos.

Sólo el Creador del Universo puede alterar el discurrir secular del sol. Es éste un sello divino de que lo que transmitían los niños procedía de Dios.

Pero, por si esto no fuera suficiente, se produjo un milagro aún mayor dentro del milagro: los niños fueron detenidos y conminados por el administrador del distrito, o de la provincia, a que revelaran el secreto que la Virgen, decían, les había confiado. Y fueron salvajemente amenazados con ser freídos vivos en una gran sartén en caso de que se negaran. Pues bien, aunque, como niños, pensaban que la amenaza era real, ninguno de ellos, que fueron interrogados por separado y creían que los anteriores ya habían muerto, reveló el secreto. Y es mayor milagro éste, que unos niños de corta edad se comportaran como héroes o mártires.

También es éste, y aún más, un sello de que contaban con una fuerza moral superior a la de su condición, que procedía, sin duda, de Dios, de quien viene toda fortaleza, y que autentificaba la verdad, la procedencia divina de toda esta aparición y mensajes.

Por si esto fuera poco, a los niños se les reveló, corría el año 1917, que Rusia esparciría sus errores por todo el mundo y promovería grandes persecuciones y guerras.

¿Cómo unos niños analfabetos podían saber nada del marxismo leninismo incipientemente triunfante en Rusia? ¿Y cómo previeron lo que años más tarde sucedió realmente?

Ligado a este tu escepticismo sobre que Dios pueda hablar a los hombres expones tu negativa a aceptar que Dios haya dado prescripciones que el hombre tendría que cumplir. En particular se deduce que no crees en los Mandamientos y citas sus prescripciones sobre el sexo como lo más ridículo que se te aparece.

Pero, comentemos otros mandamientos, aparte de los que regulan la vida sexual, como por ejemplo “No matarás”. Supongo que aceptarás que este mandamiento se inscribe en lo que podemos llamar ley natural. Y que se trata de una prescripción liberadora; en efecto, si nadie matara se acabarían los crímenes y las espantosas guerras y el mundo sería una balsa de aceite. El respetar la vida, por otra parte, es una virtud que dignifica al hombre.

De igual modo, la virtud de la castidad dignifica al hombre y mujer y le hace alcanzar un nivel moral y espiritual superior. Más que considerar la moral sexual como represión hay que verla como dignificación del ser humano, que superando sus instintos se eleva espiritualmente respetándose a sí mismo y a los demás. La castidad no sería sino someter el sexo a la razón y la razón al amor genuino. Y no alcanzo a comprender cómo se puede proporcionar a los niños un hogar en que estén seguros y donde reine el amor, sin practicar el “no adulterarás”. También me parece que es este mandamiento parte de la ley natural, que es exigente, pero como contrapartida da un nuevo nivel de dignidad y de realización al hombre y a la mujer.

Mucho más hay que comentar sobre tus opiniones, pero dejémoslo aquí.

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